miércoles, 28 de febrero de 2018
Roles de apoyo
Ayer estuve hablando con una buena amiga que está a tope. Como siempre. Algunos de nosotros vivimos para comer palomitas mientras el mundo arde, y otros no pueden evitar coger cubos y querer apagarlo. El caso es que mi amiga me estaba contando sus desafíos y yo, instintivamene, me dediqué a animarla y confiar en que le fuera bien. Y al despedirme, pensé "no puedo evitarlo. Es mi naturaleza."
Alguna gente existe para liderar. Son los que se ponen enfrente de la gente y les dicen lo que hay que hacer. Para ello hace falta visión, carácter, carisma y, sobre todo, una tremenda seguridad en uno mismo. Otros en cambio, nos sentimos más comodos situandonos a la derecha y un poquito por detrás del lider. Simplemente dejando que tome decisiones y apoyandole. Dandole información, consejo, apuntandole cosas que se le escapan. Y nos sentimos bien. Yo en particular soy muy feliz cuando consigo ayudar a alguien, cuando enseño, cuando comparto. No considero que mi labor sea subordinada; tengo mucha libertad en lo que hago. Siempre. Porque la libertad es fruto de la responsabilidad y la responsabilidad es el premio al talento. Como decía mi madre, si no hubiera albañiles los arquitectos no podrían construir nada. Hace falta equilibrar.
Me gusta creer que aporto. Me gusta pensar en equipos y en grupos, en sinergias, en actitudes. Me gusta creer en los multiplicadores.
domingo, 25 de febrero de 2018
Malos tiempos para los Imperios
Ayer me metí en una conversación con un amigo de un amigo que decía que él estaba en contra de todas las guerras y de la existencia de los ejércitos. Dejando de lado mi opinión personal sobre el tema, me resulta muy interesante el contraste con otras culturas con las que me he encontrado últimamente. El chico yanki que me preguntaba "pero a ver... ¿los catalanes están dispuestos a luchar por su país?" o el artículo sobre la música chechena, y como dentro de la cultura rusa hasta hace poco se le daba tanta importancia a la segunda guerra mundial (para ellos "La gran guerra patria"). Me resultaba interesante porque, a la vez, concuerda con ese debate que está teniendo lugar sobre si en EEUU se debería limitar el acceso a las armas.
Yo sé que aquí casi nunca hablo de política. Y es que realmente son temas muy peligrosos, donde todo lo que digas podrá ser usado en tu contra y donde nadie quiere argumentos, sino simplemente identificación (positiva o fuego). En ese tono de debate, voy a apuntar algo que le debería haber dicho ayer al amigo de mi amigo.
Todos los imperios del mundo han desaparecido cuando, como decía mi colega americano, la gente no estaba dispuesto a luchar por ellos. De hecho el único ejemplo de imperio sin desaparición violenta, exceptuando el bombardeo de la Duma, fue el soviético. Y es algo tan extraño, tan anormal en la historia, que no deja de fascinarme. Como escribió Steven Eriksson, incluso el liquen lucha con la roca para sobrevivir. Nietzsche argumentaba que la existencia se basa en el conflicto, de forma que aquel que se descartaba de la lucha en automático se descartaba de la vida. Me parece admirable y digno de encomio que nos hayamos alejando tanto de la trinchera que podamos pensar que "los ejércitos no son necesarios". Pero un poeta yanki (vuelvo a esta gente) escribió que para que puedan existir derechos, libertades, artes, sociedades... tiene que haber alguien que las proteja y defienda. Alguien que las garantice. Porque cuando no existe, cuando el Estado no posee el monopolio de la violencia, nos encontramos con estados fallidos. Quién habla de paises sin ejércitos debería mirar a Libia o a Somalia, donde efectivamente no existen ejércitos dignos de tal nombre. Y el que opiniones como la del amigo de mi amigo no sean algo marginal, sino ampliamente extendido, nos da una idea de lo, efectivamente, disociados que nos encontramos de la naturaleza del ser humano.
Son malos tiempos para los imperios. Los barbaros ya se asoman en el horizonte.
Como posdata, citaré una firma que leí en un foro y me llamó la atención. O lo que recuerdo de ella
"Dormía seguro, confiado, sabiendo que hombres violentos montaban guardia sobre las murallas"
sábado, 24 de febrero de 2018
Ser autentico
Ayer hablaba con una colega por internet que me hacía la siguiente pregunta. Ojo que es difícil.
"¿Es de verdad tan difícil ser buena persona?"
Primero, vamos a decir que "buena persona" es algo terrorífico. ¿Qué significa "bueno"? Gandhi decía que cuando nos preguntan por la bondad, cada persona tiene una respuesta distinta. Pero que sobre lo que es verdad y lo que no, la gente suele coincidir. Así que vamos a dejar de lado el concepto de bueno, que es una trampa mortal, y vamos a concentrarnos en ser autenticos.
¿En qué consiste ser autenticos? En ser coherentes. La adolescente decía que la felicidad es cuando lo que haces, lo que dices y lo que piensas va en el mismo sentido. Eso también está sacado de Gandhi. Y reconozco que, aunque parece muy sencillo, es dificil de narices. Así que la respuesta a la pregunta es sí, efectivamente. Es muy difícil ser buena persona.
Porque implica hacer daño. Porque implica renunciar a cosas. Porque implica sacrificarse. Porque implica tomar decisiones desagradables. Ser autentico implica ser honesto y, como poco intentar, ser justo. Pero ser justo es ser cruel. Es decir a veces cosas que duele oir, es tomar decisiones que te pueden -y probablemente lo hagan- dejarte solo. Es mirar a la cara a alguien y hacerle llorar, porque es lo mejor para él o ella. Aunque luego le apoyes la cabeza en tu hombro, lo cojas de la mano y le expliques donde está la salida y como llegar.
Ser autentico consiste en respetarte a ti mismo. En exigirte más de lo que le exiges a los demás. Consiste en no rendirte, a la vez que asumes que el fracaso es una posibilidad y es muy real. Consiste en ser realista. ¿Sigo? ¿A que mete miedo?
Así que no seamos tan exigentes. Relajemonos. Me encanta esa frase de Perez-Reverte que dice "no siempre Iberia parió leones". Hay que asumir que no todo el mundo puede mantener el nivel y que, precisamente por eso, el nivel es caro. Es dificil. Y eso está bien, porque separa la paja del grano.
Eso sí, hay que ser coherente. Como he dicho antes, hay que exigirse a uno mismo más que a los demás. No es legitimo llegar siempre tarde y enfadarse porque tus amigos no son puntuales. Porque si no damos coherencia, no podemos pedirla. Y hay que asumir que a cada uno se le puede pedir hasta el límite de sus posibilidades. ¿Parece difícil? Lo es. Pero precisamente por eso merece la pena.
martes, 20 de febrero de 2018
El problema es que creemos que tenemos tiempo
Ya el otro día hablaba sobre eso con un amigo. Es mentira. Todo mentira. Estamos de paso y, cada minuto que tenemos, es prestado. ¿Por qué enfadarte y guardar rencor? Mañana se te va. ¿Para qué guardarte algo? Te quedas con él. No te reserves. No esperes. Tampoco explotes ni dejes de pensar en el mañana. Va a venir, o quizás no. Ten ambas posibilidades cubiertas.
Me hace mucha gracia la gente que dice "¿Qué harías si fuera tu último día de vida?". Ah. ¿Tu sabes que no lo va a ser? Y sin embargo... y sin embargo seguimos guardandonos cosas. Enfadandonos. Apuntando en el "debe" de la vida.
Mejor fluir. Dar y recibir. Cuidar de quién te cuida y cuidarte a ti mismo. Proyectar y compartir. Porque el día que te piquen el billete, no va a haber avisos. No va a haber preventiva. Y seguramente no haya ni siquiera tiempo para despedirte así que... despidete hoy. Vive hoy.
Y de nada.
jueves, 1 de febrero de 2018
Estoicismo como estilo
Hoy me he bajado del autobus y casi me he chocado con una familia. Joven. Él y ella unos treinta y pocos, una niña de unos cinco en una bicicleta para niños. La madre le gritaba, estridente, que porqué había hecho eso. Una vez. Otra vez. Mientras el padre parecía querer proteger a la niña de la reacción de la madre.
Y yo pensaba... ¿realmente se consigue algo con eso? Esos gritos, esas estridencias... mi abuelo en la vida necesitó gritarme. Nunca. La única vez que levantó la voz, un amigo mío salió corriendo. No le hacía falta. Cuando consigues un estado de serenidad, de firmeza... eso se proyecta. En cambio los gritos de esa mujer, probablemente, no estaban llegando a la niña. Solo la ponían nerviosa, como nos sucede a nosotros con el llanto de un bebé. No entendemos lo que quiere decir, pero a un nivel primario, animal, afecta a una parte de nuestro cerebro que reacciona.
No se puede educar desde el ruido. Hoy le decía a una amiga que, para poder enseñar, hace falta amar. Si hacemos las cosas "por miedo a que nos riñan" nunca podremos enseñarlas, porque no creemos realmente en ellas. El liderazgo se construye desde el respeto y el amor, desde la ambición y las ganas. Cuando uno quiere hacerlo bien, porque realmente le gusta... entonces está preparado para enseñar. Para dirigir y ser ejemplo. Para hacer preguntas y querer mejorar, uno necesita verle el sentido, verle la meta.
Si alguien lee esto y piensa "tu no sabes lo cargante que pueden ser los niños", le diría que mejor me preguntara sobre mi experiencia. He sido profesor de primaria. Y mi historia personal llega a extremos muy curiosos eso. Y aunque perdemos los nervios con facilidad por muchísimos motivos (muchos de ellos legítimos, como el cansancio o el hambre), eso no nos puede servir de excusa para justificar conductas injustificables. Si queremos ser un modelo, tenemos que exigirnos a nosotros mismos antes que a nadie. Y la disciplina comienza por uno mismo.
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