El siglo del post modernismo nos deja con uno de los más curiosos casos de conflicto ético en la historia de la humanidad.
¿Qué soy? ¿Qué quiero ser? ¿Como quiero que me perciba mi entorno?
Durante la mayor parte de la historia registrada, siempre ha habido movimientos mayoritarios a los que la gente se ha adscrito en mayor o menor medida. Como dijera Karl Marx, la historia se repite y la historia es una serie de conflictos entre los que dominan y los dominados. Sin embargo, el post modernismo nos ha permitido tal nivel de vida que ese conflicto yace enterrado. Aldous Huxley ha triunfado entre una parte de la sociedad y vivimos entregados al hedonismo y a la molicie.
Así pues, ¿donde está el conflicto?
En nuestra propia esencia. ¿Queremos ser padres o no? ¿Queremos estudiar o trabajar? ¿Qué queremos hacer con nuestras vidas? ¿Vivir en nuestra ciudad o en el extranjero?
Dirigidos desde muy pequeños, aconsejados, vivimos en el miedo a perder. Así que no decidimos. No nos comprometemos. No damos un paso adelante y decimos "sí, al 100% con esto". Y así estamos. Cuando tomamos una decisión lo hacemos acorralados, temerosos, frustrados. Y luego no sabemos lidiar con la frustración, así que el arrepentimiento enseguida surge. ¿Por qué haría esto en vez de esto otro?
Además hay un punto que se nos olvida. Antes de cada decisión deberíamos pensar mucho. Y no lo hacemos. No hacemos un análisis de riesgos, no miramos a medio ni a largo plazo. Así nos encontramos con padres que no están preparados, parejas desgajadas, trabajadores frustrados...
Siempre en la historia ha habido sueños que no se han podido cumplir. Pero nunca hasta ahora nos hemos encontrado con gente de veinticinco, treinta años, que no sabe a donde va ni a donde quiere ir.
Y luego nos sorprendemos de que el populismo arrase.
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