miércoles, 26 de febrero de 2020
Hay que ser un poco tocapelotas
Hoy estaba hablando de cuestiones geo políticas con un jefe y de repente me di cuenta de lo que hacía que no tenía un debate interesante en el trabajo. Quiero decir, en mi vida personal hay gente muy inteligente con la que tengo conversaciones maravillosas, pero en mi trabajo llevo meses y años en los que asiento con la cabeza y me callo. En cambio, hoy hemos discutido puntos de vista diferentes con un puntito de maldad y, al final, ninguno hemos hecho cambiar de opinión al otro pero ha sido divertido.
También hoy me he dado cuenta de que hacía casi un mes que no me reía en el trabajo. Y la verdad, teniendo en cuenta la de horas que echamos en sitios así, es importante estar a gusto.
Pero volviendo al tema de la polémica, quería resaltar un detalle curioso. Joe Hill decía que las redes sociales han servido para crear ghettos de opinión, donde la disidencia se castiga y la gente cada vez es más sumisa a las opiniones mayoritarias. Es cierto. A medida que se combinan la urgencia vital, el hedonismo y la pereza, cada vez es más difícil encontrar gente crítica, con la adecuada dosis de cinismo y desconfianza, dispuesta a cuestionarse las cosas y a plantear alternativas originales. Cada vez es más difícil tener un debate real, que salga de los tópicos recibidos por quince sitios distintos hasta asumirse como verdades absolutas. Cada vez es más difícil dar con gente que escuche.
Por eso, hay que insistir. Hay que disfrutar cuando se puede tener una conversación, hay que buscar opuestos. Hay que entenderse con gente que piense distinto de nosotros y establecer puentes de respeto, porque cada vez nos estamos radicalizando más y eso no ayuda a nadie. Hay que entender al otro, aunque no estemos de acuerdo con él y hay que hacer que él llegue a respetarnos, aunque pensemos diferentes. Hay que eliminar el aspecto personal y atacar la idea, no a la persona. Hay que avanzar para hacernos todos más inteligentes, no más emocionales.
Así que, como decía en el título, hay que molestar. Y hay que hacer que la gente piense, pensando nosotros mismos.
Aunque solo sea porque es divertido.
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