Hace mucho tiempo tuve que hacer una presentación sobre un texto que decía "La diferencia entre el compañerismo y la amistad es que este no exige reciprocidad".
Curioso. Y hoy estaba pensando en ese concepto de reciprocidad, al recibir una acusación de "no haber estado allí". Y la verdad es que es cierto... pero que determinadas amistades exigen de ti algo que no dan. Por tanto, no puede haber reciprocidad. Y que algunas amistades, son la crónica de una muerte anunciada. ¿Es triste? No. Es como el cuento del escorpión y la rana. El escorpión no puede dejar de ser el mismo. (Para los que no lo conozcan, es un cuento en el que un escorpión y una rana quieren cruzar un río. El escorpión le propone a la rana que le lleve en su espalda, pero la rana no se fía. Así que el escorpión le promete que no le picará. Cuando van a mitad de camino, le pica. La rana le pregunta porqué, si van a morir ambos y el escorpión contesta que él no puede dejar de ser un escorpión aunque quiera).
Y claro, es obvio como va a acabar la historia antes de que empiece.
Repito. ¿Es triste? Un poco sí. Porque es inevitable pensar que el esfuerzo será valorado. Que si estás quince veces, porque no estés dieciséis no pasa nada. Pero pasa. Claro que sí. Porque a ti te iban a devolver... y nunca te devolvieron. Porque había otras prioridades. Porque las dinámicas de poder funcionan en un sentido y no en dos. Y eso no está mal si eres lo suficientemente inteligente para haberte dado cuenta desde el primer momento y no confundirte.
Claro que pasa mucho. Hay gente que cree que, en el acto de dar, existe el compromiso de devolver. Es mentira. Son percepciones. Volviendo a refranes, Bruce Lee decía que pensar que la vida te tratará bien porque eres buena persona es como creer que un tigre no te comerá porque eres vegetariano. O como decía el Dr Carabot, ese enorme sabio que tuve la suerte de conocer, "cada uno da lo que tiene".
Hay gente a la que le hace feliz ayudar a los demás. Gente que encuentra un placer obsceno, perverso, maligno en ello. Y eso no está mal. Pero esa gente tiene que entender que no ayudan a los demás por ellos, sino por uno mismo. Porque a la persona que ayuda le hace feliz. Por tanto, tiene que eliminar el "crédito" que pone sobre los demás, porque si no, vivirá una vida de decepción.
Y curiosamente, existe también lo contrario. Personas que necesitan que les ayuden. Que aunque están llenos de orgullo, seguridad en si mismo... que en el fondo lo que ocultan es sus miedos, son incapaces de salir adelante solos. Y les gusta. Además ofrecen algo que compensa, de alguna forma. No voy a decir que son personalidades "parásito", pero el que algo no nos guste no significa que no exista. Y mientras se identifique a tiempo no hay problema. Hay relaciones extremadamente duras y tóxicas ahí fuera que, de alguna forma, continúan teniendo adeptos.
Lo que tengo claro y ayer lo vi aún más confirmado, es que no tenemos el pleno control de nuestra vida y nuestras relaciones están condicionadas por nuestras naturalezas. No podemos dejar de ser lo que somos. Y si en algún momento nos relacionamos con personas con las que no somos compatibles... va a ser cuestión de tiempo que eso falle por A o por B, sobre todo a medida que el nivel de exigencia vital (no es tan fácil gestionar tus recursos con treinta que con quince) suba la apuesta.