martes, 11 de agosto de 2020

De vuelta a mi mismo

 

Ayer tuve un día un poco revoltoso emocionalmente. Y al caer en la cama, de repente, se me ocurrió que no puedes dejar que el miedo guíe tus acciones. Y que ese es el problema. Una vez quieres que todos estén bien y te preocupas por todos... dejas de preocuparte de ti mismo. Dejas de disfrutar. Dejas de jugar, de probar, de reírte, de equivocarte. De entender que la única forma de avanzar es probar cosas y la única forma de vivir, es ser fiel a ti mismo. El deber, la obligación, la responsabilidad... están bien cuando son voluntarios. No cuando eres prisionero de decisiones que has tomado o te han obligado a tomar. 

Tampoco somos hojas en el viento. Vivimos en un entorno de relaciones en el cual, a veces, debemos ser menos egoístas y pensar en el grupo. Pero esa es una decisión consciente, voluntaria. 

Ayer me di cuenta de que puedo ser yo mismo y eso no está mal. Puedo ser divertido e idiota, profundo y filosófico. Puedo ser hambriento y sarcástico, dar con una mano y quitar con la otra y no tengo porqué vivir anestesiándome con hobbies que terminan siendo un trabajo y con miedo a dejar de hacer cosas. Ayer entendí que puedo, simplemente, sentarme con un té y un libro y el mundo puede esperar. 

Ayer fue un buen día. Quien lo diría.

PD: Hasta luego, monstruito. Se te echará de menos. Gracias. 

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