jueves, 4 de febrero de 2021

Dinámicas de poder escalables

Estaba leyendo un artículo fascinante sobre dinámicas de poder entre gobiernos y poblaciones, en el cual decía que eliminar la dependencia de la élite sobre la masa la autoriza para ejercer un grado desproporcionado de despotismo, y pensaba que eso podría traducirse a determinadas relaciones personales. La ausencia de dependencia por parte de la élite anula la vinculación y, con ella, la empatía, de igual forma que una persona que no sienta ningún tipo de emoción hacía otra está autorizada a ejercer violencia física o emocional sin sufrir las consecuencias. Un detalle interesante. ¿Qué compone dinámicas de poder en relaciones interpersonales? Entendamos como una dinámica de poder un proceso que, en su ejercicio, posee la capacidad de ejercer influencia sobre el otro extremo del mismo. Es decir, una dinámica de poder es la fuerza de la gravedad, por ejemplo. Es algo que conlleva una fuerza y una dirección, un vector. Si hablamos de relaciones interpersonales, podemos mencionar la segunda ley de Newton. Toda fuerza ejercida en un sentido y dirección conlleva la creación de una fuerza en la misma dirección y sentido opuesto. Es decir, que cuando nosotros producimos una emoción en otra persona, esa emoción rebota en nosotros. La intensidad de ese rebote dependerá de nuestro grado de implicación emocional, que puede ser impersonal (nuestra empatía o nuestras expectativas, independientemente de con quién interactuemos) o personal basada en nuestros antecedentes y relación con esa persona. Ok. Habiendo explicado esto, el tema fundamental aquí es la equivalencia entre la empatía o vinculación entre dos personas y la dependencia entre una élite y la población que le sustenta. Existen muchos elementos que pueden vincular a una élite hacía su población, pudiendo ser estos identitarios, religiosos, de proyección, mitólogicos, históricos... de igual forma que las relaciones entre personas pueden basarse en una cantidad tremenda de elementos diferentes. Pero el factor fundamental que condiciona esa relación es que ambas partes comparten algo. ¿Podemos trasladar entonces una analogía entre una entidad y una persona? Los románticos del siglo XIX parecen pensar que sí, llegandose hasta el extremo de esa personalización de entes abstractos durante los regímenes más radicales del nacionalismo (en los que se habla del "sentir de una población" o de "la opinión de un pueblo", como si pudiera homogeneizarse). Sin embargo, no encuentro posible que un elemento incapaz de emociones, como sería todo grupo humano tan grande que sea imposible conseguir un consenso absoluto, sea capaz de establecer relaciones más allá de las definiciones más obvias. Creo que fue Gibbs quién dijo que "las naciones no tienen amigos, tienen intereses". Por tanto, si en lugar de hablar de emociones entre elementos hablamos de intereses, entonces si es posible encontrar un elemento común. Mi planteamiento (aún ni siquiera una teoría) sería el siguiente. Las personas se vinculan mediante relaciones. Estas relaciones contienen una dinámica de poder, que sería la influencia que un sujeto ejerce sobre otro, produciendo emociones. Cuando una persona no produce emociones sobre otra, no existe dinámica de poder y por tanto, no existe relación emocional. De la misma forma, un entre supranacional se relaciona con su población mediante dinámicas de poder, en lugar de producir emociones produciendo intereses. Si desaparecen esos intereses, desaparece la capacidad de influencia y por tanto las dinámicas de poder. Se convierten en elementos independientes uno de otro. Por favor, que alguien me lo discuta.

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