domingo, 21 de febrero de 2021
Redes de apoyo, amistades de años, orgullo y prejuicio
Este es un fin de semana peculiar. He tenido mi primera interacción social de 2021 (son tiempos convulsos), he experimentado sensaciones que no conocía, me he asomado al abismo. ¡Y he jugado videojuegos! Ha sido un fin de semana interesante, justo antes de volver a la picadora de carne emocional que es la rutina. Mi rutina. Una que no es la que me gustaría, pero a la que me he acomodado mientras preparo el siguiente salto.
Y de eso quería hablar. Del siguiente salto. A veces, pensamos que nuestra vida es un camino con introducción, nudo y desenlace. Atribuimos lógica y orden a situaciones y cosas que, realmente, no la tienen. Nuestra vida es caos. Nos asomamos al abismo y, sinceramente, al abismo le da igual. Lo que nos devuelve la mirada no es tanto el abismo como tal sino nuestro concepto del abismo, nuestra percepción del mismo. Como decían en "Mort" de Terry Prattchet, no hay justicia, solo hay realidad. Por eso es tan importante el esfuerzo constante y coherente de desmontar los mitos, las pantallas de humo y las proyecciones que efectuamos, hasta quedarnos con el hecho crudo y desnudo, al que poder hincar el diente y analizarlo, mientras su jugo corre por nuestras mejillas.
Me ha salido un poco demasiado gráfico. Perdón.
Este fin de semana me he sentado a tomar algo con un hombre al que conozco desde que teniamos diez años. Eso son un montón de años. Los últimos... ¿cinco? ¿seis? Los hemos pasado sin saber el uno del otro. Para alguna gente es más difícil de procesar que para otra, porque los años y las experiencias compartidas arrastran un poso. Pensamos que podemos reanudar lo que fuera con solo aparecer, como el que pulsa un interruptor, o entendemos que todas las experiencias compartidas lo fueron por otra persona y no tienen validez emocional ninguna. Es mentira. Hay un punto intermedio, en el que estás "redescubriendo" a esa persona. Es como cuando miras un puzzle y te faltan algunas piezas. No pasa nada. Si echas mano del cajón, las encontrarás. Solo tienes que tener paciencia y curiosidad y entender que no tienes todas las respuestas. Si quieres saber, tendrás que preguntar.
Algo parecido sucede con todo en la vida. Por más que creamos que tenemos todas las respuestas es mentira. Solo estamos viendo una parte de la imagen. A veces, magnificamos nuestra importancia o escogemos hacer zoom sobre una emoción hasta que es lo más grande del universo. Y te paras, lo ves en contexto y te das cuenta de que no es para tanto. O quizás si lo sea... en un momento y lugar. Como me enseñó alguien muy importante para mi, un monstruo hecho de sombra y dientes (como el monigote de Disturbed), no todo es como pensamos que es, e incluso a las peores heridas se puede sobrevivir, si uno quiere y encuentra como hacerlo.
El momento es ahora, el lugar es aquí. Ayer un buen amigo me decía que su mujer y él se han comprado una casa y están preparandose para establecerse. Y le dije que no se preocupara, que "establecerse" es una fase mental. Que yo en su momento decidí parar... y fue por un tiempo, porque nuestra naturaleza nos lleva a ser quién somos, a seguir nuestro camino. Todo trono es una punta de flecha, que apunta al siguiente trono. A veces un trono es la cuspide de la más alta montaña, a veces es apoyarse en una toalla con unos buenos amigos y ver el mar. Pero que los árboles no nos impidan ver el bosque, sobre ese trono se proyecta el siguiente.
El tiempo es la única variable. Seguimos hablando de amigos y no puedo acordarme de este amigo, el que me abrió las puertas de la "Anabasis" y del "Tao te King". ¡Que grande! Cuanta sabiduría, cuanta fuerza, cuanta ternura. Y de alguna forma, el reloj se desliza inexorable hacia abajo. Tengo una relación un poco difícil con la religión, pero le pido a cuanta autoridad pueda escucharme que le dé fuerza, que le dé ánimo, que lo lleve adelante. Aún nos quedan muchas conversaciones, muchas miniaturas, muchos libros. Muchos momentos. O quiero creerlo, pero no depende de mí. Una de las más difíciles lecciones que te enseña la edad es cuan pocas cosas dependen de ti... y en cierto sentido, esa ausencia de control te hace libre. No hay porqué agarrarse a nada ni a nadie, pero sí hay que hacer que, el momento, sea significativo. Exista. No solo como un fondo de algo, sino como una presencia real, tangible, corporea. Hay que decirle a los que queremos que los queremos, hay que hacer que lo sientan. Hay que recordarles que, ese momento que compartieron, es importante. Esa broma con una videollamada, esa pelea con un cinturón de conducir, ese andar debajo de un puente enorme. Todos los momentos se coleccionan o no, pero todos los momentos son importantes si sabemos como saborearlos.
Voy a terminar este artículo con una idea que, si has leído hasta aquí, quiero que te quede. Eres importante. Si estás leyendo esto es porque eres parte de mi mundo, porque me das algo. Esta vida es muy arisca a veces y, la gente que realmente lo vale, mezcla su compasión con su orgullo para no regalar nada. Hay que ayudar a crecer. Hay que compartir. Pero cuando lo haces por lástima, por compasión, estás ofendiendote a ti mismo y a la persona que lo recibe. Hay que ser egoista, porque si no sabes quererte a ti mismo, ¿como vas a querer a los demás? Hay que entender que la planta crece de las cenizas, hasta que se convierte en cenizas. Y que la única forma de seguir pasa por saber que, a veces, hay que pararse.
Gracias por pedir ayuda. Y gracias por darla. Aunque parezca que no, el mero hecho de estirar la mano ya hace que dejes de estar solo.
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