domingo, 21 de febrero de 2021
Poliamorous
El otro día estaba tirado en la cama, viendo un episodio de "El Príncipe Dragón" en Netflix y nos salió a borbotones. ¡Otra vez la agenda de Netflix! Era una protesta porque no existe serie de Netflix sin pareja lesbiana, diferentes etnias y, en general, una visión del mundo. Que puede ser más legítima o menos, pero que a veces está metida con calzador y chirria.
Vivimos en una época acelerada de nihilismo, desorden social y redes sociales. Vivimos una era de exposición de la privacidad, de opiniones crispadas y de posicionamientos radicales. Vivimos en una época de negación del compromiso, de máximos y mínimos y de enfrentamiento.
La verdad, todo esto suena muy bien como introducción de una serie o como contraportada de una novela. Pero en mi vida personal y en el día a día, es una tontería como un mundo. A mí me da igual que todo el universo se relacione mediante Tinder, que a nadie le importe no ya mi personalidad, sino ni siquiera mi nombre a la hora de acostarse conmigo y que, solo por el tipo de camiseta que llevo, ya alguien se crea que sabe todo sobre mi.
Yo me comunico con personas. Y me relaciono a un nivel humano, muy básico. Yo escucho y aprendo. Me gusta. Me molesta muchísimo la gente pero me encanta la humanidad, con el tipo de entusiasmo científico que otra gente aplica a aprenderse la alineación de su equipo o los diferentes escarabajos de la familia X. Me encanta ver como crecemos, como nos conocemos a nosotros mismos y a nuestro entorno, como florecemos.
¿Se puede querer a más de una persona? ¿Es el sexo solo una actividad física o implica un enorme componente emocional? He hablado muchas veces sobre este tema en este blog, podéis daros una vueltecita. Lo que trae de nuevo este artículo es una respuesta, un poco más elaborada, a la que habitualmente he dado a la primera pregunta.
Sí, se puede querer a más de una persona. Obviamente. Creo que la analogía correcta sería el domicilio. ¿Tu puedes vivir en varias casas? Claro. Te estás moviendo de un lado para otro. Alguna gente lleva una vida nómada y ese es su carácter. Otra gente, vive la mayor parte de la semana en un sitio y el fin de semana se va al campito, dacha o equivalente. Alguna gente, necesita unas vacaciones cada cierto tiempo. Y otra gente está totalmente encantada de vivir siempre en el mismo sitio. Es decir, existen tantas respuestas a esa pregunta como personas.
Ahora bien, ¿es lo mismo querer a alguien que compartir tu vida con alguien? Esa es otra historía. Una vez, una amiga china, me dijo que los occidentales tenemos una visión de la vida en pareja inmadura y ridícula. Una pareja no trata sobre amor; trata sobre respeto. Yo le dije que me parecía un poco... triste, como rendirse. En cierto sentido, sonaba como alguien que cree que nunca podrá comer carne, así que se explica a sí misma y al resto del mundo que la carne es mala y que, lo que realmente lo parte, es el brocolí. Que oye, obviamente en una pareja el respeto es fundamental. Pero no ya en una pareja, en cualquier relación. Si mi jefe no me respeta, vamos a tener problemas. Y desde luego que no planeo mi vida con mi jefe.
Así pues, ¿cual es la diferencia fundamental entre las relaciones de pareja y las demás? Que tu pareja no es solo parte de tu identidad y de tu proyecto vital. Bueno joder, eso ya es bastante importante. Quiero decir, la visión que tienes de ti mismo y de tu mundo dentro de X años... ¿no incluye a tu pareja? ¿no estáis compartiendo cosas, haciendo sacrificios (o no), compartiendo? ¿siendo? Las relaciones poliamorosas, el sexo casual,... todo eso puede tener sentido con una coordinación y en un mundo cultural y mental en el que funcione. Pero, volviendo al ejemplo de los domicilios, hay una fase de tu vida en la que vives de alquiler y una en la que te compras una casa. ¿Puedes venderla y volver a vivir de alquiler? Puedes hacer lo que quieras con tu vida. Cada trono es una flecha que apunta al siguiente. Pero no te engañes a ti mismo. Eres lo que eres y seguirás siendolo.
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