domingo, 28 de febrero de 2021

Capacidad para criticar

Hoy venía en el coche comentando sobre algo que yo llamo el "combustible moral", supongo que porque autorictas suena demasiado serio y está limitado en el espacio. Probablemente en ruso o en alemán haya una palabra para definir el concepto, pero en este mi idioma se me escapa. Hablo del peso moral de las criticas que emitimos. En estos tiempos interesantes que nos ha tocado vivir, todos estamos legitimados para emitir nuestra opinión por redes sociales, en ocasiones alcanzando una difusión enorme. Ante los rumores, debemos efectuar las tres cuestiones de Socrates antes de emitir una información: ¿es cierto? ¿perjudica a alguien? ¿es útil para alguien? Para evaluar antes de emitir una información personal. Todas estas cuestiones son fidedignas respecto a la información que emitimos. Pero, ¿qué pasa con el emisor? ¿es la información independiente de quién la emite? Por supuesto que no. Y aquí entra el tema de fondo de este artículo. Durante la última semana he estado expuesto a muchísimas opiniones e información: la radio, compañeros, familiares. Todo el mundo opina sobre la pandemia, la política, la económia... y desgraciadamente, yo no tengo la paciencia que en otro día tuve. Si no recuerdo mal, era Oscar Wilde el que decía que es casi imposible escuchar un pensamiento propio de otra persona; la inmensa mayoría de nosotros repetimos lo que hemos escuchado en otros lugares. Esto tiene una segunda derivada, y es que no solo repetimos lo que oímos, sino que oímos lo que queremos oír. Es decir, que se crean por así decirlo "autopistas de pensamiento", donde una ídea surge de un canal y, a toda velocidad, atraviesa otros canales sin llegar a tocar el suelo apenas. ¿A donde pretendo llegar con esto? A que, para poder emitir una opinión que sea contrastable y que genere debate, deben darse dos condiciones. El primero es que debemos ser lo más objetivos posibles a la hora de emitirla, pues la contaminación personal le hace perder validez. Y la segunda, es que tiene que contener un matiz de analisis por nuestra parte. Esto, que parece contradecirse, es muy facil de explicar con un ejemplo, que pondré a continuación. Imaginemos que yo soy fanático del Cádiz CF. Todas mis opiniones sobre el Cádiz ya estarán condicionadas, por mi sesgo, que además es conocido. Ahora añadamos que, la noticia que comparto (el Cádiz es el mejor equipo de este mes), ni siquiera me molesto en leerla y contrastarla. ¿Eso que consigue? Que mi noticia vaya a la papelera y, la próxima vez que alguien vea que yo comparto algo sobre el Cádiz, pase. Este ejemplo, que parece un tanto banal, es perfectamente aplicable a cuestiones más peliagudas. Si permito que mi ideología o mi intención se deslice sobre el mensaje, lo único que conseguiré será apoyo por parte de los afines y reacciones hostiles por parte de los no-afines. Si busco el choque,si busco los "likes" faciles, tendré éxito. Pero si pretendo un debate amplio y acercar a otras personas a mi postura, esta táctica no es buena. Como le dije a un colega británico que criticaba a Jeremy Corbyn "A ver, ¿tu alguna vez has votado, votaste o votarás a los laboristas? Entonces, ¿A quién demonios le importa tu opinión?". Pongamos un ejemplo positivo. Yo presumo de estar abierto a ideas distintas a las mías y de querer debatir con personas que no coinciden conmigo. Imaginemos que surge un evento con el que no estoy de acuerdo y quiero plantear un debate y quizás llevar gente a mi postura. ¿Como lo haré? "El Cádiz CF insiste en subir el precio de las entradas en pandemia. ¿Por qué no bajarlas, consiguiendo más público?". Sin insultos, sin estridencias. Tampoco creyendome que tengo toda la razón y, por supuesto, dejando la ventana abierta para que alguien me explique que no, que estoy equivocado y me argumente porqué. Al primer ad hominem, falta de respeto o salida de tono, golpe de remo. Pero considero que, por un lado, el repetir mantras obstaculiza la comunicación y, por otro, el creciente tono hostil nos aleja. No creo que sea tan dificil establecer un dialogo. Pero para eso hacen falta dos personas, una que quiera hablar y otra que quiera escuchar. Y que estén dispuestos a turnarse en sus roles. Si no, esto es una condenada perdida de tiempo y, para que me intenten lavar el cerebro, prefiero perder mi tiempo leyendo. Que tengo una cantidad inmensa de libros clásicos por estudiar. Solo este año ya cayeron el "Tao Te King" y la "Annabasis" y ambos me parecen absolutamente maravillosos. Cuidaros. Un abrazo fuerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario