viernes, 5 de marzo de 2021

La vida adulta

Esta semana alguien muy querido a mí se ha visto en una situación complicada. Tras intentar organizar un encuentro con amigos de la Universidad, por zoom, una de las personas ha estado regateando el encuentro, evitandolo y finalmente, la frase lapidaria "no puedo; tengo que ir al supermercado". Creo que ese fue el momento en que se produjo la explosión y, posteriormente, analizandola, alguien del grupo de amigos planteó lo siguiente "es lo que tiene la vida adulta, así desaparecen las amistades y la gente se va separando". Siendo cierto como es, no puedo evitar por un lado ponerme de parte de esa persona (que claro, es muy querida para mí). No es exactamente así. Es cierto que, las responsabilidades de la vida adulta no te hacen tan dueño de tu agenda como lo fuiste cuando eras más joven y, determinadas cosas, te venían de tus unidades de apoyo (basicamente, tus padres). A la vez, el tener mayor independencia económica te abre una serie de posibilidades que antes no tenías y, antes de darte cuenta, estás "atrapado" en una serie de compromisos en los que te has metido tu solito, de cabeza. Todo eso es cierto. Pero también es cierto que no tienes las veinticuatro horas del día cubiertas y que, poniendo voluntad, es posible encontrar un espacio de encuentro. Como dijera la famosa frase de Trump "es la economía, idiota" en este caso "es el egoismo, idiota". El problema no es tanto encontrar espacios de compromiso sino que, separados por tiempo y espacio, es muy facil dejar a los demás detrás en la persecución de nuestros objetivos individuales. Parece difícil decir "mira, no me apetece hacer esto", así que nos apuntamos... para luego a ultima hora desaparecer discretamente. Esta practica, perpetuada hasta la saciedad, es la raíz del problema. No lo es tanto la vida adulta como nuestra incapacidad de actuar libremente, de ser sinceros y de evitar la hipocresía. De decir "mira, me encantaría quedar, pero estoy hasta arriba. Cuando tenga tiempo os aviso". Y de los demás de aceptarlo y establecer un plan alternativo. Es decir que el problema que llamamos "vida adulta" tiene varias facetas. Se llama intransigencia e incapacidad de cambiar nuestros planes. Se llama hipocresía y decir que queremos algo que realmente no queremos. Se llama egoísmo y esperar que los demás se adapten a nuestro ritmo, sin hacer concesiones nosotros. Se llama, basicamente, que a partir de una determinada edad nuestra unidad social deja de ser el grupo de amigos y empieza a ser la pareja y la familia que formamos. Y en esta nueva fase, donde la sociedad se artícula como celulas familiares que se comunican, parece muy dificil "destrabarse" de las paredes celulares para relacionarnos con elementos de nuestra vida anterior. No tiene porqué serlo. Para empezar, la familia tiene que ser un organo flexible, que permita a cada uno de sus miembros explorar, desarrollar sus aficiones y personalidad, establecer relaciones fuera de su ámbito. Una vez conseguido ese primer espacio, las otras personas tienen que entender que ya no somos quienes fuimos... pero seguimos siendo nosotros. Y en este nuevo estadio comunicarnos con nuevas inquietudes, gustos, ideas. Establecer un dialogo en un nuevo idioma surgido de nuestras experiencias. Una vez conseguido eso, simplemente hay que reducir las expectativas. Entender que el espacio compartido es breve y, precisamente por eso, hacerlo bueno. No querer que sea increíble, porque en el miedo al fracaso se estrellan nuestros sueños. Simplemente ser. Y una vez sido, saber cerrar de forma elegante e ir a por el siguiente desafío. Espero que esto os sirva. A mí me costó mucho aprenderlo pero, en cierto sentido, ahora me siento muy libre. Ojalá lo seais vosotros también.

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