miércoles, 29 de noviembre de 2023

Donde la geopolítica y la vida se cruzan

Hoy me he levantado pensando sobre el uso legítimo de la violencia y sobre porqué Max Cavalera apoya el derecho de Rusia a Crimea. Otra gente se despierta pensando en Scarlett Johanson o el nuevo fichaje del Madrid, no sé. No intento entenderme a mí mismo.
El caso de Cavalera, que para mí es un músico que todo lo que hace está bien hecho, no sería el primer caso de alguien con un gran talento para una cosa con cuyas opiniones discrepo. Mi madre, por ejemplo. Pero volviendo al Sr Cavalera, su postura ideológica no es única. Está entroncado con otra gente que defiende a Hamas, por ejemplo (cuando dice defender a los palestinos contra Israel en el presente conflicto, lo que defiende es a Hamas). Max Cavalera está casado con una productora serbia y, en parte debido a la intervención de la OTAN contra dicho país en los 90, su anti-otanismo supera su capacidad objetiva de defender al débil. Como leí ayer, "a la hora de votar, piensa en la persona más débil que conozcas y vota por sus intereses. Son los tuyos". Un pensamiento muy cristiano, pero ya empiezo a desvariar.
Y ya que empiezo, desvarío del todo. El rey Massinisa de Numidia primero fue aliado de los romanos y luego intentó enfrentarse a ellos. Roma entonces no era un imperio sino una republica, y era una republica distante, que solo exigía dos cosas; libertad comercial y respeto a sus subditos. Massinisa no quería eso. Quería ser un rey absoluto y ejercer la violencia sobre quién quisiera, sin limitaciones. Al igual que Mítridates del Ponto y otros reyes, pronto se daría cuenta de que, si bien Roma era una sociedad relativamente liberal para su época, podía ejercer la violencia con mucha más crueldad que cualquiera de ellos. ¿Como era posible esa paradoja? Por una cuestión motivacional, ideológica pero, sobre todo, cultural.
Me explico. En sociedades donde la violencia se ejerce de modo cotidiano, la capacidad de cooperación de sus miembros se vé limitada por ese mismo código de violencia. Si es habitual que el más fuerte le robe al más débil, es muy complicado establecer relaciones de confianza donde te dicen "protege a tus compañeros". No. Tu funcioas por el método de Pavlov; estímulo, respuesta. Automático y mecanizado. Pero eso tiene limitaciones. La gran ventaja operacional alemana de la segunda guerra mundial eran sus mandos intermedios y oficiales de primer nivel, por su autonomía. Esa autonomía surge, principalmente, de la confianza en uno mismo, de la formación y el conocimiento y del liderazgo comprensivo. De la idea de que, este tío que me está diciendo cosas, no las dice porque es el orco más grande, sino porque sabe de lo que habla y haciéndole caso me va a ir mejor.
El señor Cavalera, que lleva toda la vida viviendo en sociedades cooperativas (Brasil, por mucho segundo mundo que sea, sigue firmemente encajado en la cultura occidental. Y no olvidemos que Max lleva casi toda su vida viviendo en USA). En sociedades donde los periodistas o directivos no se caen de ventanas o donde el presidente del país no se ríe de su consejo de seguridad o hay golpes de estado de milicianos estatales. En esas condiciones, como buena parte de nosotros, puede permitirse el lujo de defender ideologias y culturas que lo matarían. Es como si yo defendiera el aire de Venus, que seguro es magnífico y debemos protegerlo. Pero desde mi casa en la Tierra, por favor.
Es una tontería peligrosa, pero es una tontería. En cuanto a como esto se cruza con la vida, pues lo entendéis y es aplicable a cualquier cosa. El nivel de violencia que ejercemos limita nuestra capacidad de cooperación, y dentro de esa violencia incluyo las interacciones de liderazgo. Ayer me decía un amigo que determinadas conductas rompen la confianza y, una vez esa confianza está rota, ya no tiene remedio. Es trágico pero cierto. Y está en nosotros el hacer que, como decían las reales ordenanzas de las FAS, "generemos un entorno donde prime la justicia, de forma que nada deba esperar del favor ni temer de la arbitrariedad". Justicia. Que empieza con la existencia de unas normas conocidas por todos y de obligado cumplimiento por todos. Una vez tenemos eso, podemos vivir tranquilos. O intentarlo.

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