domingo, 12 de noviembre de 2023

Que veinte años son nada

El otro día, como me sucede en muchas ocasiones, pensaba en mi hermano y lo extrañaba. Y pensaba, cosa curiosa, que ya hace más de diez años que no está con nosotros. La última vez que lo abracé yo aún no había vivido en otra ciudad más de tres meses, no había convivido con otra persona. No había conducido mil kilometros. Hay muchísimas personas que son super importantes en mi vida a las que entonces no conocía. Otras, que en ese momento eran fundamentales para mí, apenas las recuerdo. Y en cierto sentido, esos recuerdos, esas experiencias, yo las comparto con él. Cuando me pasa algo increíble o más a menudo cuando después de algo tengo un momento de reflexión, me siento a contarselo. Es una forma de oración (seguro que los creyentes lo entendéis). Es ese momento en que te sientas y reflexionas y dejas que esa experiencia no sea solo tuya, sino compartida.
Pero me desvío. Lo que quería decir es que, el tiempo, es una percepción muy subjetiva. Vamos acumulando experiencias, vidas, días, meses... como he escrito muchas veces en este blog, es relativo. Para aquellos que viven en una rutina perpetua, pasa muy despacito y hay pocos cambios. Para aquellos que vivimos con una percepción distinta (yo no me creo mi edad, por ejemplo. Estoy demasiado ocupado haciendo cosas para intentar asumir el rol que alguien ajeno a mí me quiera imponer), el tiempo pasa muy rápido. Y así, un día miras atrás y te preguntas... eso que hicimos, ¿fue cuando?
Tengo algunos trucos para eso. Este blog. Albumes de fotos en Facebook. En general, intento coleccionar momentos como otra gente colecciona monedas, sellos o ex novias. Y me encanta. Me encanta a veces, como ahora, mirar este album y recordar aquel examen que me agobió, aquel viaje que hice porque no podía dormir, aquella chica con la que hablamos a la salida del bar. Ese concierto, ese viaje, ese tren, esa torre, esa iglesia, esos compañeros. Ese tío con el que hablé de todo y nada en un tren de Sofia a Estambul, esa noche sin dormir en la guardia, esa carrera porque perdiamos el tren. Esos momentos.
Y luego, miras atrás y es una foto enorme, hecha de otro montón de fotos. Y a veces, la vida te para un momento y te dice que hoy es el día tal, del año tal. Y como el otro día, hago un reconocimiento médico y nos sorprendemos (yo el primero), de que estoy tan sano. No tengo nada. Y no tengo nada porque he conseguido, a lo largo de mucho tiempo, construirme una rutina de buen ejercicio, buen sueño, buena comida, buenos amigos. Buena vida. Y esa buena vida, que se da por hecha, no es trabajo de un día.
A veces, miras atrás y veinte años no son nada. Porque sigues en lo que empezaste y el momento es ahora. Y dentro de veinte años, si estamos por aquí, quién sabe, pues quizás también pensemos lo mismo. O no. Pero esto no trata de superar records. Esto trata de estar bien y de seguir estandolo y de compartir. Y de dar cosas buenas y dejar que lleguen cosas buenas y disfrutar. Ayer fue un buen día, de coger el coche y recorrer Soria y ver sitios guays y comer bien y pasear por el bosque y sentirse bien. ¿Mañana? Mañana Dios dirá. Pero en este momento, uno puede mirar atrás y sonreír y mirar adelante y pensar, ¿quien sabe? Que algo bueno vendrá.
Así que a por ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario