Llevo toda la semana acordandome de mi hermano. Y acordandome bien, en parte, con un cierto orgullo. Ayer me decía un amigo que lo primero que olvidamos de la gente es su voz, pero hace más de diez años que no está con nosotros y yo aún puedo escucharlo a veces. Y eso me da alegria y un cierto calor interno, me da orgullo. Sé quién era. También recuerdo la enorme mano de mi abuelo, grande, que dejaba abierta para que yo jugara a recorrerla con la mía. Me fascinaba. Mi abuelo había sido pescador toda la vida y tenía unas manos que eran como una pala de madera y yo, niño sin padre, pensaba que eran algo único en el mundo.
Una parte de lo que somos es lo que recordamos. Y eso es una cosa que, como español, me molesta mucho. Nuestra poca memoria. Hace muchos años, en plena crisis migratoria, Rali, que es como una hermana para mí, me dijo que en Bulgaria no querían sirios "porque ya nos costó bastante echar a los turcos". Hace un siglo de eso. Pero para ellos, sigue vivo. Igual que, en Polonia, me dijo Lita cuando estuvimos allí "nosotros estamos haciendo lo que el mundo debería haber hecho por nosotros en el 40. Les estamos enseñando". Son sitios donde la historia no es algo que está en los libros, porque la forma de respetar quién somos es conocer quienes fuimos. Y respetarlo. Porque estará bien o mal, pero fue lo que había y en base a eso debemos actuar.
Yo le echo la culpa a la parte gallega de mi familia. Tiene que ver con el clima, claro. Cuando el suelo es fertil y el sol brilla, es muy fácil pensar que hoy ha sido un buen día y mañana también lo será. Y que no hace falta recordar donde escondí las patatas hace seis meses, para tener algo que comer por si acaso empieza a llover y no para, o el hielo mata todo. Es el privilegio del sol.
Aún así, siendo coherente con lo que decía hace un rato, no creo que sea algo malo. Y lo que hacemos con nuestra historia es una decisión consciente nuestra, que depende de nuestro carácter y cultura. Estuvimos en Irlanda hace dos semanas y me impresionó la mezcla de humor y dureza. Me gustó. Igual que me impresionó Zelensky, cuando el referendum en Bielorusia sobre la guerra, cuando dijo "tened cuidado con lo que hacéis, porque las fronteras se mueven, pero la historia permanece".
Tengo la suerte y el privilegio, del que pocas veces somos conscientes, de vivir en un sitio donde no hay hambrunas, donde no desaparecen los bancos con los ahorros de la gente y donde no viene nadie a echarme de mi casa a una calle donde hace diez bajo cero en invierno. Pero conozco la existencia de ese otro mundo y recuerdo, en mis huesos, cuando mi familia no tuvo la suerte que tengo yo ahora. Cuando la mano de mi abuelo se endureció porque a los seis años estaba cargando cajas de pescado en un puerto para que su familia pudiera comer. Y esa memoria, junto con la voz de mi hermano, me acompaña y me dice quién soy.
Tened un buen día.
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