domingo, 12 de noviembre de 2023

El deseo está en nuestra mente

"Mirar es gratis" es una frase que se emplea para eliminar el sentimiento de culpa del deseo. Relativiza la atracción, al reducirla a un potencial. No ha sucedido, salvo en nuestra mente. Y de esa forma, reducimos la presión del autocontrol y la perfección.
Es correcto. El codigo penal dictamina que lo punible son las acciones, no las intenciones. Y sin embargo... todos vivimos en una realidad subjetiva. Nuestra percepción del mundo está alterada, por el mero hecho de no existir una percepción objetiva. Existen acuerdos comunes que nos dan ese marco de referencia absoluto en el que nos movemos (todos sentimos cuando llueve, por tanto la lluvia es un hecho objetivo). Sin embargo, fuera de esos acuerdos comunes, todos vivimos en nuestra propia realidad unica e indivisible. Nadie sabe lo que pasa dentro de mi cabeza, ni yo sé lo que pasa dentro de la de nadie.
Y eso está bien. En ese espacio de libertad, podemos dibujar lo que queramos. Es una puerta abierta al más abyecto horror, pero también a las más nobles intenciones. Y de esa fuente de energia intelectual surgen muchos de nuestros impulsos, algunos positivos y otros no.
Una de las claves de las relaciones personales son los acuerdos de confidencialidad. Las confidencias, como su propio nombre indica, son cosas que compartimos bajo la certeza de que no van a difundirse. Y eso está bien, porque toda convivencia humana se basa en esos acuerdos comunes, algunos de ellos sistemáticos y otros grupales, sobre los que construimos certezas y dialogos. Pero todo esto, como dije anteriormente, existe solo en nuestras mentes. Y del acuerdo de ese dialogo, de lo que estamos dispuestos a decirnos y permitirnos, surge el espacio común en el que nos relacionamos. Hay relaciones que contienen una parte enorme de verdades y otras que contienen una gran parte de cosas supuestas. Hay relaciones que se corrompen y destruyen por malentendidos, por prejuicios, por percepciones que se convierten en hechos sin fase de comprobación. Hay momentos en que el deseo se convierte en tragedia. A veces se acusa a una perdida de autocontrol, cuando yo más bien lo atribuyo a una perdida de comunicación. De respeto, entendido como respeto hacia uno mismo y hacia la verdad, más que hacia la otra persona y su conjunto de ideas preconcebidas. Si uno sabe que al otro le ofende algo, existe por un lado la presunción de respeto y por otra el refuerzo de los principios propios, siendo fundamental la defensa de lo que uno piensa, más que la exigencia de que el otro lo conozca y respete.
En todo caso, me temo que he perdido el hilo. Una vez más. Uno viene aquí con una idea a lanzar pero termina discutiendo consigo mismo, preguntandose lo que quiere decir. Y la conclusión, si llega a haber una, es la siguiente.

Cada relación, cada diálogo, cada momento, es único. Existe en continuidad con los que lo precedieron y los que lo sucederán, pero es único en sí mismo y existe por su propia identidad.

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