domingo, 28 de enero de 2024

Un sitio para darse cuenta de las cosas

Hay una churreria cerca de mi casa donde suelo ir a desayunar el dia antes de volverme a donde trabajo. es una especie de ritual personal, una mania que me he impuesto. Como suelo madrugar bastante, suele ser que veo el sol desde alli. Tambien suele ser que escucho a la gente pidiendo churros, paseando los perros y, en general, viviendo Me encanta. Es asomarse a otro mundo y lo es desde la educación y el cariño. Me parece que es un negocio familiar, pero de una familia muy de aquí. Gente muy normal, apegada a su gente, a sus sitios, a sus cosas. Me encanta porque durante un rato me siento ahi, disfrutando de mi té y de no tener prisa. Y me doy cuenta de cosas. La más importante, que yo puedo ser de aqui sin estar hecho de aquí. Puedo ser distinto, sin que eso sea bueno ni malo, sino solo natural. Otra cosa de la que me doy cuenta es de que la belleza consiste en el orgullo de la propia naturaleza. En ser uno mismo y sentirse bien con ello, en no pedir perdón. Ese es el orgullo y es muy hermoso. Y otra cosa, es que todo tiene su ritmo. Hay un tiempo y un lugar para correr, pero también hay un tiempo y un lygar para ir mas despacio. El té demasiado caliente quema; hay que dejarlo que enfrie. Y como el té, nosotros tenemos que dejarnos enfriar y disfrutar el momento. Gracias a este lugar y a este gente. Gracias

martes, 23 de enero de 2024

No pongas excusas

Ayer estaba pensando mucho en algo que me dijo Vero la Mala y que me impresionó mucho. Recuerdo estar sentado con ella en San Fernando, tomando una coca cola delante del Ayuntamiento y quejandome. Que si el horario, que si el trabajo, que si las distancias... y Vero era totalmente intransigente. Cambialo. Modifica cosas. Soportalo. Recuerdo escucharla y que hubo un momento en que me sentí desesperado, atrapado. ¿Por qué no me deja quejarme? ¿Por qué no entiende que no depende de mí?
Porque realmente, sí lo hace. Es cosa mía elegir como enfrento las cosas, es cosa mía elegir como empleo el tiempo. Es cosa mía elegir si me quejo o me adapto, si lucho o me dejo llevar. Es cosa mía como enfoco mi vida y es cosa mía lo que decido. No soy un sujeto pasivo en mi vida.
Ayer me estaba acordando mucho de Vero y pensando que, curiosamente, aquel día me ayudó mucho. Además me ayudó mucho porque ella lo hace. Ella se obliga a no quejarse, a adaptarse, a estar bien. En ese momento había algo en su vida que le frustraba mucho, pero elegía encogerse de hombro y "man up". Y la verdad, una vez sacas el ruido de la ecuación y lo reduces a criterios sencillos, todo es bastante fácil. En nuestro interior, siempre sabemos lo que queremos. Así que simplemente hay que nadar en esa dirección.
Ayer tuve demasiadas revelaciones. A ver si hoy consigo dormir algo.

Limpia tu casa antes de invitar a nadie

Ayer fue un día complicado, de una pareja de días malos. Acabó, por la noche, con una frase muy dura por mi parte "la única diferencia entre que tu estés aquí y que no estés, es que hay más cosas por medio".
Es algo muy duro decirle a alguien eso. Y realmente, buena parte de la culpa de esa situación es mía. El otro día leí una frase, en teoría de Marco Aurelio (pero que puede ser como esas que le atribuyen a "El principito"), que decía "antes de criticar algo de alguien, piensa en el defecto más similar a ese que tengas tu mismo". Y pensando en esta situación, me doy cuenta de que soy yo el que genera desequilibrio. Quiero una cosa y digo otra, me saboteo a mi mismo. Si algo tiene solución, no arreglarlo para sufrir es masoquismo, no estoicismo. Soy yo mismo el que, en lugar de aceptar las circunstancias y hacer lo mejor posible de ellas, sigo "esperando un cambio". Que no va a tener lugar. Y en vez de sentirme afortunado por lo bueno que tengo, me focalizo en lo que quisiera y no tengo y me dedico a darle vueltas. Como una herida en un diente, que no dejamos de tocarnos con la lengua. ¿Por qué?
Cuando uno llega a casa, se quita los zapatos sucios en la puerta y se pone zapatos limpios. No arrastra la suciedad de la calle con él, sino que viene a un espacio intimo, personal, con voluntad de compartir cosas buenas. Uno se limpia, por fuera y también por dentro, para estar bien. Porque si no, es un ciclo constante de acusaciones, de soledad, de tristeza, de problemas. Eso no ayuda a nadie. Ayer escuché "estoy cansada de sentirme culpable de ser yo misma". Y ese sentimiento de culpa se origina en unas necesidades, mías, que la otra persona no puede cubrir. Y que de hecho no tiene porqué, dado que esas necesidades son mías y ponerle solución son MI problema. No el problema de nadie.
El origen de la inmensa mayoría de problemas de convivencia son, precisamente, por malentendidos. Por no preguntar, por dar por hecho cosas, por no ponerse en el lugar del otro. Pero es que además, nadie quiere ser el que "cargue" con la otra persona. A veces uno se pregunta, ¿por qué la otra persona cada vez está más desapegada? Pues porque lo que traemos nosotros al espacio compartido, esos "zapatos" están sucios. Nos guardamos las sonrisas para la gente de fuera y dejamos los problemas para los de adentro. Y eso ni es justo ni productivo ni bueno. Eso solo trae más cosas malas.
Hay que limpiar el alma. Y luego, ofrecersela a los demás. Pero el trabajo primero, el de limpieza, debemos hacerlo nosotros mismos. Y no esperar que nos lo hagan los demás.

jueves, 18 de enero de 2024

¿Qué buscas en un juego de miniaturas?

Ayer tuve un día genial. Quedé con un amigo para desayuno-stylish (aunque no podía evitar compararlo con otros no tan stylish pero mejores), luego fuimos a echar una partida de Titanicus super divertida y luego vino Iro a comer. Estuvimos en un filipino, donde la comida era buenísima y luego fuimos a jugar a Infinity. Iro me pegó una paliza en unos veinte minutos y luego seguimos. Tardamos más en sacar las minis y empezar de lo que necesitó él para acabar conmigo. Curiosamente, jugué bastante bien. Como dicen, "jugué como nunca y perdí como siempre".
Eso es normal y no tiene nada de malo. Iro, como él mismo dice, lleva diez años jugando a esto mucho y yo estoy empezando. Y es un juego espectacular, con tantas opciones que la narrativa se despliegua casi sola a través de la mecánica. No obstante, es muy deprimente cuando te esfuerzas tanto y no consigues nada. Como decía el otro día, para mí un juego tiene tres niveles, en el primer participas, en el segundo sabes lo que está pasando y en el tercero compites. Yo me quedo en algún sitio entre el primero y el segundo, porque, aunque empiezo a entender porqué pasan las cosas, no soy capaz de entender como pasan. Y eso quita mucho del gusto de la experiencia.
Eso tiene un poco que ver con el juego. Infinity es un juego para violinistas, para gente que está dispuesta a dedicarle dos horas al día a leer sobre el juego, aprender sobre el juego, hablar sobre el juego... no es un juego de cerveza y pretzels; es un juego para gente a la que le gusta competir y que se note. Que haya diferencia entre alguien que sepa jugar y alguien que no. Y eso tiene ventajas e inconvenientes, claro.
Eso me llevó a preguntarme, ¿por qué yo no tengo ese nivel de dedicación? Y me llevó a la siguiente reflexión. ¿Quién soy yo? Y de repente, recordé a Rabanal diciendome que yo sería un profesional increíble, solo con que me lo tomara un poco más en serio. Con Marc diciendome que yo pintaría genial, si le pusiera un poco más de esfuerzo. Con Ira diciéndome que puedo elegir otras ropas y vestirme un poco mejor. De repente, perder en Infinity no iba de perder en Infinity.
Claro, la respuesta fácil es "yo no soy así". Como le decía a Alex hace un rato, yo soy el chico que toca el bajo en el grupo. El de la unidad de apoyo. El que propone cosas y espera para ver como los demás respiran, antes de darle más. Yo no empujo. Yo simplemente participo. Si hablaramos de fútbol, yo no soy el delantero centro. Yo soy el pivote defensivo que vé todo el partido, apoya donde hace falta y se encarga de organizar la defensa y asegurarnos de que todos estemos haciendo lo que debemos.
Llevo toda la vida en segunda fila y, la verdad, no es una posición que me incomode. Toño y yo tuvimos una conversación sobre eso en la que él decía que eso no me hacía feliz, pero yo creo que él hablaba de sí mismo porque, en lo que respecta a mí, no tengo problema en estar ahí. Siempre y cuando la gente que esté en la primera y en la tercera sea gente con la que me llevo bien.
Pero no somos así. La sociedad y la vida no funciona así. Ya hace muchísimo que el individuo se puso en el centro de la ecuación en lugar de la "tribu" y ser el bajista dejó de ser aceptable. Así que uno tiene que ser más, en el trabajo, en la pareja, en la vida. No vale con "participar", hay que ganar o intentarlo. Eso genera bastante estrés y ansiedad y hace que, aceptar la situación y adaptarse a ella se perciba como rendirse. Estamos obligados a querer más, a esforzarnos más, a ser más. Y cuando nos caemos de la carrera por la excelencia quedamos olvidados.
Es dificil equilibrar eso. Porque yo soy un tío de grupo. Yo me acerco a un hobby para hacer amigos y compartir. Me pasaba con la esgrima antigua, donde hice un grupo de amigos maravilloso pero... a mí realmente no me hacía falta ganar a nadie con una espada en la mano. Tampoco ahora necesito ganar un torneo de Infinity; me basta con participar y hacerlo con gente a la que aprecio y respeto, con la que me lo paso bien. Yo me acerco a un juego de miniaturas buscando una historia que contar, algo que pase en la mesa que sea divertido... y alguien con quién tomarme una cerveza después y hablar de libros, de música, de trabajo, de la vida. Alguien con quién aprender y con quién me sienta comodo. Alguien que no me importe que se siente delante, al lado o detrás en el coche de la vida.
Y esa es la relativa tragedia que Infinity supone para mí. La gente es maravillosa. He conocido a un grupo de gente en Madrid con la que, realmente, me apetece pasar tiempo. Y lo hago a través de un hobby y una actvidad que me gustan, pero que no domino lo bastante para disfrutarla. Ahora estamos en una ventana de oportunidad en la que alguna de esa gente quiere probar otras cosas... pero no saben qué. La respuesta natural sería coger ese espíritu, esa voluntad y llevarla a una actividad compartida que nos gustara a todos. Pero no me sale. Yo propongo y, si la gente no quiere seguir por ahí, no fuerzo. Y todos queremos, pero hay que sacar tiempo, energia, dinero y no hay. Así que creo que, lo que busco en un juego de miniaturas, es un grupo del que ser parte. Veremos que tal sale eso.

lunes, 15 de enero de 2024

Personas en un mapa

Me ha pasado una cosa muy curiosa estos días; me cuesta muchísimo mantener mi rutina. Eso es curioso porque, normalmente, es para mí algo natural. ¿Qué ha cambiado? Estoy solo. Simplemente el hecho de cambiar el estar acompañado a estar solo cambia tu mundo por completo. No solo como percibes tu entorno, sino como te percibes a ti mismo. De repente, cosas que para mí eran faciles (motivarme para salir de la cama y entrenar, recoger el salón...), cosas que son buenas para mí y tengo interiorizadas, ya no lo son tanto. Creo que, inconscientemente, buscamos la aprobación de nuestros semejantes y esa busqueda de aprobación nos impulsa para ser quién creemos que somos.
Ojo, que si lo haces, lo eres. Pero a veces está bien preguntarse... ¿por qué lo hacemos? Y si la respuesta es "porque queremos impresionar a alguien", entonces quizás no es tanto quienes somos sino quienes somos cuando estamos cerca de esa persona. Lo cual, a su vez, nos puede dar una idea sobre que tipo de influencia es esa persona en nuestra vida. Si necesitamos beber cada vez que estamos con un amigo... quizás ese amigo no es lo que necesitamos. O quizás sí, ¿quién sabe? No hay respuestas absolutas, sino solo referencias tepmorales.
En todo caso, sigo haciendolo. Aunque me cueste. Me doy cuenta de que estoy muy cansado y que el invierno me está doliendo más de lo que debería, pero pronto habrá vacaciones y podré descansar. Mientras tanto, a seguir esforzandose. Tened un gran día, una mejor semana y mucha fuerza. Cuidaros.