jueves, 18 de enero de 2024

¿Qué buscas en un juego de miniaturas?

Ayer tuve un día genial. Quedé con un amigo para desayuno-stylish (aunque no podía evitar compararlo con otros no tan stylish pero mejores), luego fuimos a echar una partida de Titanicus super divertida y luego vino Iro a comer. Estuvimos en un filipino, donde la comida era buenísima y luego fuimos a jugar a Infinity. Iro me pegó una paliza en unos veinte minutos y luego seguimos. Tardamos más en sacar las minis y empezar de lo que necesitó él para acabar conmigo. Curiosamente, jugué bastante bien. Como dicen, "jugué como nunca y perdí como siempre".
Eso es normal y no tiene nada de malo. Iro, como él mismo dice, lleva diez años jugando a esto mucho y yo estoy empezando. Y es un juego espectacular, con tantas opciones que la narrativa se despliegua casi sola a través de la mecánica. No obstante, es muy deprimente cuando te esfuerzas tanto y no consigues nada. Como decía el otro día, para mí un juego tiene tres niveles, en el primer participas, en el segundo sabes lo que está pasando y en el tercero compites. Yo me quedo en algún sitio entre el primero y el segundo, porque, aunque empiezo a entender porqué pasan las cosas, no soy capaz de entender como pasan. Y eso quita mucho del gusto de la experiencia.
Eso tiene un poco que ver con el juego. Infinity es un juego para violinistas, para gente que está dispuesta a dedicarle dos horas al día a leer sobre el juego, aprender sobre el juego, hablar sobre el juego... no es un juego de cerveza y pretzels; es un juego para gente a la que le gusta competir y que se note. Que haya diferencia entre alguien que sepa jugar y alguien que no. Y eso tiene ventajas e inconvenientes, claro.
Eso me llevó a preguntarme, ¿por qué yo no tengo ese nivel de dedicación? Y me llevó a la siguiente reflexión. ¿Quién soy yo? Y de repente, recordé a Rabanal diciendome que yo sería un profesional increíble, solo con que me lo tomara un poco más en serio. Con Marc diciendome que yo pintaría genial, si le pusiera un poco más de esfuerzo. Con Ira diciéndome que puedo elegir otras ropas y vestirme un poco mejor. De repente, perder en Infinity no iba de perder en Infinity.
Claro, la respuesta fácil es "yo no soy así". Como le decía a Alex hace un rato, yo soy el chico que toca el bajo en el grupo. El de la unidad de apoyo. El que propone cosas y espera para ver como los demás respiran, antes de darle más. Yo no empujo. Yo simplemente participo. Si hablaramos de fútbol, yo no soy el delantero centro. Yo soy el pivote defensivo que vé todo el partido, apoya donde hace falta y se encarga de organizar la defensa y asegurarnos de que todos estemos haciendo lo que debemos.
Llevo toda la vida en segunda fila y, la verdad, no es una posición que me incomode. Toño y yo tuvimos una conversación sobre eso en la que él decía que eso no me hacía feliz, pero yo creo que él hablaba de sí mismo porque, en lo que respecta a mí, no tengo problema en estar ahí. Siempre y cuando la gente que esté en la primera y en la tercera sea gente con la que me llevo bien.
Pero no somos así. La sociedad y la vida no funciona así. Ya hace muchísimo que el individuo se puso en el centro de la ecuación en lugar de la "tribu" y ser el bajista dejó de ser aceptable. Así que uno tiene que ser más, en el trabajo, en la pareja, en la vida. No vale con "participar", hay que ganar o intentarlo. Eso genera bastante estrés y ansiedad y hace que, aceptar la situación y adaptarse a ella se perciba como rendirse. Estamos obligados a querer más, a esforzarnos más, a ser más. Y cuando nos caemos de la carrera por la excelencia quedamos olvidados.
Es dificil equilibrar eso. Porque yo soy un tío de grupo. Yo me acerco a un hobby para hacer amigos y compartir. Me pasaba con la esgrima antigua, donde hice un grupo de amigos maravilloso pero... a mí realmente no me hacía falta ganar a nadie con una espada en la mano. Tampoco ahora necesito ganar un torneo de Infinity; me basta con participar y hacerlo con gente a la que aprecio y respeto, con la que me lo paso bien. Yo me acerco a un juego de miniaturas buscando una historia que contar, algo que pase en la mesa que sea divertido... y alguien con quién tomarme una cerveza después y hablar de libros, de música, de trabajo, de la vida. Alguien con quién aprender y con quién me sienta comodo. Alguien que no me importe que se siente delante, al lado o detrás en el coche de la vida.
Y esa es la relativa tragedia que Infinity supone para mí. La gente es maravillosa. He conocido a un grupo de gente en Madrid con la que, realmente, me apetece pasar tiempo. Y lo hago a través de un hobby y una actvidad que me gustan, pero que no domino lo bastante para disfrutarla. Ahora estamos en una ventana de oportunidad en la que alguna de esa gente quiere probar otras cosas... pero no saben qué. La respuesta natural sería coger ese espíritu, esa voluntad y llevarla a una actividad compartida que nos gustara a todos. Pero no me sale. Yo propongo y, si la gente no quiere seguir por ahí, no fuerzo. Y todos queremos, pero hay que sacar tiempo, energia, dinero y no hay. Así que creo que, lo que busco en un juego de miniaturas, es un grupo del que ser parte. Veremos que tal sale eso.

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