sábado, 2 de marzo de 2024

Héroes equivocados

Uno de los elementos identificativos de toda cultura es a quién considera sus héroes. Esto es así, porque el héroe es el epitome de las virtudes de esa cultura; si es una cultura familiar, el héroe será un modelo de familia. Si es una cultura guerrera, el héroe será un guerrero. Además, dado que la forma más común de transmisión de la cultura es mediante narraciones, los hechos de estos héroes serán la herramienta didáctica para formar a las futuras generaciones de esta cultura. De forma que, de pequeños, los niños jugarán a ser X y las niñas jugarán a ser Y.
El otro día, hablaba con un colega sobre que hay algo que se nos está escapando. En nuestro entorno se venera al escaqueado, al sinvergüenza. Al que gana poco sin hacer nada. Y de esa forma, tenemos una sociedad en la cual el esfuerzo honesto, el trabajo honrado... es visto con desprecio. Y claro, luego pasa lo que pasa. Que tenemos que pararnos un momento para que alguien nos recuerde, como me dijo en cierta ocasión un psicologo "oye, que si yo voy a un profesional, quiero que a ese profesional su fracaso le duele. Si voy a un médico, quiero que para él sea importante hacer bien su trabajo. Si voy a un abogado, quiero lo mismo."
En cierto sentido, hemos diseñado una cultura en la que las cosas no funcionan... porque todos estamos intentando escaparnos de hacerlas. Todos intentamos ser "el listo" que engañe al sistema, que se salga con la suya sin doblarla y que sea otro el que haga el esfuerzo. Y luego nos quejaremos cuando las cosas no funcionen, cuando no haya buenos profesionales, cuando no haya valores ni gente comprometida.
El cambio empieza en nosotros mismos. Empieza en hacer lo que sabemos que es correcto, sin importar quién esté mirando o no. Empieza en vivir vidas virtuosas y en exigir a nuestro entorno que haga lo mismo. No basta con aparentarlo; también hay que serlo. Y empieza en las historias que contamos, en el enfoque que le damos a la vida. No vale quejarse de que estamos currando mucho y luego sentarnos a consumir algo que no nos aporta nada, pero que en secreto envidiamos, como los de Gran Hermano (o equivalente). No vale quejarse de que los políticos son unos mentirosos y luego llevarnos folios del trabajo. No vale tener envidia y ser cobardes, miserables, mentirosos.
Hay que ser mejores personas para poder contar mejores historias. Hay que volver a Cuento de Navidad de Dickens y a reflexionar sobre como, en nosotros, existe la capacidad de hacer una sociedad mejor. Hay que volver a la cigarra y la hormiga porque, si seguimos creyendo que todos debemos ser cigarras, cuando llegue el invierno no habrá reserva. Y será todo culpa nuestra.

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