El otro día empecé este artículo y me quedé a medias. Es sobre un tema que me resulta curioso. La semana pasada me tocó hacer de "consejero sentimental" de una amiga, que estaba muy agobiada porque el chaval con el que se había liado de repente se había vuelto distante. Y ya es la segunda vez que le pasaba eso y no entendía porqué, así que quería una perspectiva masculina. Yo le di mi opinión, que ella no aceptó y tuvimos una conversación muy interesante sobre los diferentes puntos de vista de hombres y mujeres hacia las relaciones. Una conversación que me hizo darme cuenta de algunas cosas y aprender, si bien no creo que sea capaz de reproducirla adecuadamente.
Al final, todo empieza con biologia y antropología. Todo esto es una teoría mía algo cavernicola, pero este es mi blog y son reflexiones mías para mí; si a alguien le molesta ya sabe lo que tiene que hacer. Basicamente, la conclusión a la que llegamos es que el hecho de tener hijos condiciona nuestro enfoque de la vida. Una mujer se pasa nueve meses gestando una criatura y luego hay un periodo de dependencia física de la criatura. Eso, y el hecho de que a partir de determinada edad tener hijos es peligroso, hace que la mentalidad "estandard" sea que la mujer no está para tonterías. Divertirse y demás está bien, pero si no hay una estabilidad, una relación, un proyecto a la vista, lo mejor es saberlo lo antes posible. En cambio, el hombre puede reproducirse con cualquiera y no posee más obligación que la que la sociedad le imponga (de ahí la figura del matrimonio, ya desde culturas antiquisimas). Por tanto, el hombre no tiene problema en "ir ligero".
Ese es el nivel básico de mi teoría. Ahora viene el escalón superior. Sociedad capitalista de consumo. Todos tenemos prisa, todos somos muy egoístas y todos somos incapaces de sacrificar o comprometer nada. Y claro, surge un problema de oferta y demanda. De repente, si las mujeres quieren competir tienen que bajar el precio de su intimidad, pero siguen esperando recibir a cambio algo "autentico". O como mínimo, honestidad. De ahí surge la exigencia de "responsabilidad afectiva".
La primera vez que me hablaron del concepto flipé. La responsabilidad afectiva, según me explicaron, es comunicar claramente tus deseos y tener en cuenta las prioridades del otro. Basicamente, es no decirle a alguien que quieres casarte con él/ella, tener hijos y vivir juntos para siempre, y a la semana dejarlo porque no os gusta Taylor Swift a los dos. Que puede pasar, pero es un poco absurdo. Cuando me contaron, yo consideré que era una estupidez y que, pedirle a alguien que sea honesto, es el mínimo. Quiero decir, yo se lo pido hasta al cajero del Mercadona, como no se lo voy a pedir a alguien con quién tengo intimidad.
Pero resulta que no. Resulta que hay una cantidad tremenda de gente egoísta, herida, perdida. Como decía mi novia, "hace mucho frío ahí fuera". Y lo hace porque mucha gente se ha rendido, o ha dejado de tener fé, o porque ya no se esfuerza... y todo eso es terrible. Al final acaba siendo un campo de minas, donde si no tienes cuidado te pasa lo que a mi amiga. Que también tiene sus heridas y sus historias y debería procesarlas, antes de salir ahí fuera a que alguien le rescate de si misma.
Creo que esa es la verdadera responsabilidad afectiva. En primer lugar con uno mismo. Uno tiene que ser maduro, estar estable, estar fuerte. Y luego, quizás, salir ahí fuera a ofrecer y buscar. Pero no se puede dar lo que no tiene. Así que todo debe empezar por cuidarnos, por estar bien, por enseñarnos. Por curar nuestras heridas y tratarnos bien a nosotros mismos.
Y a partir de ahí, el siguiente. Porque los problemas de "es que lo normal es..." "es que todo el mundo..." "es que yo esperaba..." vienen de falta de comunicación, pero también vienen de falta de madurez y de experiencia. Y de responsabilidad, claro. Porque si yo no sé, tengo que levantar la mano y decir que no sé. Y confiar en la otra persona, porque si no existe ese mínimo de confianza es imposible que exista conexión. Pero, habiendo cumplido el primer punto y estando bien con nosotros mismos, actuamos como personas decentes.
Hace muchos años, una chica con la que salía, muy ofendida conmigo, me dijo "creo que te quiero demasiado". Yo reflexioné y le dije "tienes razón". Y a continuación le expliqué que, en este momento de mi vida, mi prioridad era mi trabajo y mi carrera, mientras que para ella, su relación era su prioridad. Por lo que, logícamente, ella me quería demasiado. Yo nunca iba a tener el mismo grado de compromiso que ella, porque en ese momento de mi vida estaba focalizado en otras cosas. Y reconocer esto no me parece malo, ni ofensivo, sino todo lo contrario. Creo que una relación solo se puede construir desde la honestidad y el respeto, hacía uno mismo y hacía la otra persona. En ese momento, la chica podría haberme dejado, pero en vez de eso decidió que entendía mi situación e iba a intentar adaptarse. Lo acabamos dejando, pero yo tengo la conciencia muy tranquila de que siempre actué como creo que debería hacerlo una persona decente.
Esa es la verdadera responsabilidad afectiva. Ser. Malditas. Personas. Decentes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario