El otro día me pasó algo muy curioso. Fui a un torneo de miniaturas (algo que no es tan habitual en mi) y me encontré un ambiente bastante tóxico. Dicho ambiente se resume perfectamente en esta frase que dijo un chaval, al que estuve lento para darle el guantazo que se merecía.
"El meta de aquí es muy duro. Uds jugáis con vuestros amigos y creéis que sabéis jugar. Luego llegáis aquí y pasa esto". ("esto" es, basicamente, que no juegas porque el otro se dedica a dar vueltas a tu alrededor).
Existen múltiples motivos por los que la gente se dedica a actividades de ocio. Socializar, conocer a otra gente, aprender una habilidad, desconectar de la rutina... hay tantos motivos como personas diferentes. Pero basicamente (hay un artículo muy bueno en goonhammer sobre esto), yo creo que se dividen en expresar, compartir, recibir y aprender. Al menos es la impresión que me da, pero esto por supuesto es apenas rozar la superficie de algo que, seguro, está estudiado profundamente por gente mucho más inteligente que yo.
¿A donde pretendo llegar con esto? Al espacio compartido y la etiqueta. A algo que he comentado muchas veces sobre ciudades grandes, pero que también surgen en comunidades endogámicas donde la gente carece de varios registros sociales. Hay que entender que no hablamos igual a nuestro jefe, a nuestros amigos o al cajero del supermercado. Que en toda relación existen una serie de convenciones que se aceptan por ambas partes, de forma que no es necesario negociarlo todo de cero como si fuera la primera vez que salimos a la calle.
Y que esas convenciones, cuando se violan, producen un rechazo bastante importante. A mi me jodieron el domingo, hablando rápido y mal. Y me lo jodieron en parte por la experiencia y las expectativas, y en parte por las formas. Y esta parte es la que más me molesta. Ayer jugué con Toño, me ganó de forma bastante interesante y nos reimos. Fue una partida dura, con muchas decepciones pero no pasa nada. Es un juego. Yo entiendo lo que eso significa. Pero me molesta mucho que alguien, por desarrollar una habilidad, se considere autorizado para faltar al respeto a los demás. Sea jugar a un juego, hablar un idioma, trabajar... hay determinados límites que la dignidad no soporta. Y por eso es importante enseñar a la gente las consecuencias de sus acciones.
En mi caso, yo no volveré a ir a un torneo donde pueda ir esta gente. Pero estoy convencido de que debe haber más formas de sanción social que nos guien hacia una convivencia, si bien no armónica, si basada en el respeto y la empatía. Porque si no, acabaremos todos en nuestras casas, enganchados a nuestras pantallas o su equivalente y viviendo en una suerte de Matrix triste.
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