domingo, 21 de abril de 2024

El culto de la mediocridad

Hoy leí un texto sobre como, el éxito del reggaeton, es el fracaso de América como sociedad. Como su ausencia de ritmo, de musicalidad, su escasa profundidad literaria, su banalidad y su busqueda constante de la satisfacción más elemental y básica, ensañada desde la infancia a menores demasiado jovenes para verse expuestos a una sexualidad insistente, es un homenaje a la ignorancia, a la falta de oportunidades, a la mediocridad. Y como eso se hace desde una trama social consciente, que empuja a jovenes a discotecas y lugares de ocio donde se les ofrecen drogas, prostitución y adicciones, para volverlos maleables y perpetuar el ciclo de abuso.
Y la verdad, lo leí y pensé que no está tan alejado de la realidad. No ya de que sea una conspiración global, sino que hemos caído en una forma de hedonismo en la cual, la busqueda de satisfacción personal, nos ha hecho perder el norte. La ruptura de la transmisión de valores, esa constante en toda sociedad (mi padre es un carca y no sabe lo que es la vida, no como yo), ha tomado un cariz mediocre terrible. Estamos adictos a los teléfonos móviles, que nos inyectan estimulos constantes, de forma que sentarse con unos colegas simplemente a tomar el sol y charlar "nos sabe a poco" y enseguida alguien saca el teléfono.
Estamos bastante vacios. Y es una pena. Porque las inquietudes siguen estando ahí, las cosas que merecen la pena buscar, debatir, obsesionarse con ellas siguen ahí. Seguimos necesitando poesía, música, viajes, amor. Seguimos siendo criaturas literarias, que se cuentan historias. Y se nota en un resurgimiento de buenas peliculas, buenas series. Se nota en que, en la corta distancia, la gente sigue queriendo aprender, sorprenderse, descubrir. Ese constante menosprecio a la inteligencia, a la cultura... no soporta una cierta edad o una cierta perspectiva.
Así que sí. Vivimos en un mundo que busca la satisfacción automática, porque así es más facil dominar a la gente. También hacerla sentir insatisfecha y triste, para que continue consumiendo y buscando, quejándose por todo e intentando abstraerse de su realidad. Pero ni siquiera ese entorno acaba con el espíritu humano, que constantemente busca mejorar.
Así que no pierdo la esperanza. Somos mejores que esto y seremos aún mejores.

Tirando triples

El otro día tuve una sensación muy curiosa. Pensaba en mi vida y me venía a la cabeza esos concursos de triples, en los que hay una bandeja llena de pelotas y uno va corriendo, tirandolas e intentando encestarlas. En mi cabeza, esas pelotas eran mis días y yo iba, constantemente, tirandolos a la basura. Uno, otro, otro. Al ceder la iniciativa en mi vida, esperando a que pasara algo para poner en movimiento el resto de acciones que me llevarían a estar mejor, había perdido el norte. Ya nada iba en la dirección que yo quería, sino que simplemente me iba dejando llevar. Y así, un día sucede a otro, y a otro, y a otro. El invierno pasó, sin pena ni gloria y la primavera le sucede, tampoco sin nada que contar a casa.
Esta no es vida. La futilidad mata al espíritu, le arranca de su natural condición de explorador, buscador, aventurero. Estamos hechos para realizar acciones, para condicionar nuestro entorno. Para vivir. Para hacer cosas que nos hagan felices y compartirlas con gente que haga nuestras vidas mejores. No estamos diseñados para estar sentados en una parada de autobus, esperando a que llegue la vida.
Y aún así, un día sucede a otro y siento que, mañana, no será mejor que hoy. Y así no se puede.

sábado, 20 de abril de 2024

Hostilidad identitaria

Llevamos una semana de lucha cultural sumamente intensa en la comunidad de miniaturas... porque GW ha decidido sacar miniaturas femeninas. No es nada nuevo, ya tenía miniaturas femeninas de otras gamas. Pero la linea de "super soldados geneticamente modificados etc etc" era masculina. Y bueno, han decidido cambiarlo. A raíz de allí, tenemos las explicaciones de "rendición a la cultura woke", "mercantilismo miserable", "ausencia de principios"...
Yo, por mi parte, no me voy a pelear con nadie por unas miniaturas. Ya aguanté meses de "es que son demasiado caras" y la gente comprandolas. En las comunidades frikis, en general, hay mucha moralina, mucha hipocresía y mucho complejo. Y eso sin meternos en el histórico y sus luchas sobre si eran seis u ocho botones, en unas miniaturas que miden 13 mms de alto.
Internet, en lugar de crear un espacio común de compartir ideas y sinergías, se ha convertido en un pozo de odio y resentimiento. Cualquiera que haya tenido un día malo, se pone ante un teclado y vomita sin ningún tipo de filtro. Si a eso le sumamos el nivel de polarización en que vivimos, resulta que cualquier decisión puede convertirse en una puerta abierta a una guerra identitaria feroz, porque la tortilla es con o sin cebolla y como me contradigas te rajo.
Suena a broma, pero no lo es.
Y hoy pensaba que, en parte, eso puede ser debido a la descomposición de la identidad tribal. Las guerras de religión, en toda su absurdez y brutalidad, surgen de un principio básico. Nosotros tenemos la verdad universal y ellos no. Nuestras formas, nuestras decisiones, nuestros idiomas, nuestra identidad son la correcta. Y son la correcta porque todas las demás son incorrectas. Uno está dispuesto a renunciar a su capacidad de decisión, a subordinarla a un bien superior o a una comunidad... siempre y cuando ese bien superior y esa comunidad sean las buenas. Si resultara que fueran incorrectas... ¿por qué iba a permitir que me dijeran como vestir, que días descansar, como educar a mis hijos...? ¿Qué demonios?
Pero eso está perdido. Ya no existe una identidad tribal común, sino que nos han dejado "sueltos" para que elijamos la nuestra. Y hay mucha gente muy lastimada que ha ido escogiendo identidades que les reflejan. Cultos de la violencia, de la soledad, del odio. Sé que voy a hacer un Godwin de libro, pero como sucede en ese peliculón que es American History X, cuando le quitas el odio que ha sostenido a alguien durante años... queda muy poco. Hay que reconstruir y eso es muy dificil.
Toda esta polemica sobre identidades políticas en un juego de miniaturas sería absurda, sino fuera porque no lo es. Como dijera Churchill, "un fanático es aquél que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema". Porque estos mismos que ven "wokeismo" en todo, son los que en otro momento histórico veían "manipulación burguesa" en todo. Es la excusa para decirnos a todos los demás como pensar, basicamente, como ellos. Y ojo, que no digo que no haya fanáticos woke que quieran imponer su ideologia. Pero tan absurdo es imponer una ideología con calzador como aceptar una mentalidad de sitio ante algo que, exceptuando en determinados sectores, no deja de ser algo minoritario. Perspectiva. A mi no me gustó que cambiaran el nombre de Eldar a Aeldari, pero eso no amenaza mi sexualidad. Tampoco debería hacerlo que saquen miniaturas distintas.
Vamos a calmarnos.

Gente para quedar con gente y gente para una actividad

Una de las cosas que pensé esta mañana es que hay dos tipos de quedadas. Las quedadas "por quedar" y las quedadas "para hacer algo". En ciudades grandes, me da la impresión de que nadie sale de casa si no tiene un plan y un plan bien detallado. A mí mismo me pasa, me da muchísima pereza hacer nada. El medio es hostil, la calle está llena de ruido y un trayecto de 10 minutos en coche me puede matar cinco veces. Así que paso, de verdad. Prefiero quedarme en casa y esperar a que vengan tiempos mejores que enfrentarme a eso. No tengo fuerza, no puedo...
Esa no es la actitud. Así que fuerzas. Pero ya casi salir de la cama es un esfuerzo. Así que entiendo que la configuración standard sea salir para realizar una actividad concreta, en un sitio concreto, con unas condiciones. Y ese sea el motivo.
Luego hay otra forma de hacer las cosas. Sin llegar al extremo sureño máximo (salir a la calle "a ver a quién me encuentro y que sale". Yo llegué a irme a un festival a 500 kms de mi casa así), uno puede salir simplemente porque le apetece ver a la gente. Y que el plan vaya saliendo. ¿Qué haremos? No sé, vamos a recoger a X y ya de ahí vemos. O vamos a un sitio y de ahí decidimos. Ese es un plan más basado en las personas que en la actividad y conlleva una configuración mental y un espacio totalmente distinto.
Yo soy muy de "laissez faire". Mi tiempo a la vez es extremadamente valioso y terriblemente barato. Mientras esté con la gente adecuada, me da igual lo que hagamos. Pero precisamente porque tengo lo que yo percibo como poco tiempo libre (las percepciones son la clave; Cristiano Ronaldo puede sentirse pobre y yo puedo sentirme rico), no me la juego. Y hoy me decían algo que también es cierto; sigue tu instinto. Si algo va mal o parece que no va a salir... no fuerces. Porque ya tienes claro que no va a salir, así que no hay necesidad de insistir y forzar.
Tengo que aprender eso. Hoy ha sido un día guay, a pesar de muchísima tensión. Y mañana será un día guay. Simplemente hay que querer y entender que, a veces, es tan fácil como dejarse llevar.

jueves, 11 de abril de 2024

Porque jugamos

Hay veces, como ahora, en que tengo una ventana de claridad en que puedo dedicarme a reflexionar sobre cuestiones de mi vida. Curiosamente, uno se da cuenta de que cosas son importantes y no cuando le toca tomar decisiones que las ponen en riesgo. Entonces valora y decide si merece la pena hacer sacrificios por ello o no, cuales son sus prioridades y que es lo que está dispuesto a perder y que no.
En mi caso, ahora me pregunto qué quiero hacer con el tiempo libre que tengo, dado que está siendo recortado masivamente y ya era bastante pequeño. El "modo supervivencia" en el que pasamos mucho tiempo (algo absurdo, teniendo garantizado como tenemos comida, refugio y hasta cierto punto descanso), nos impone una serie de imperativos mentales que nos limitan mucho. La piramide de Marslow coge fuerza: ¿cual es el siguiente hueco que vamos a eliminar, para cubrir nuestras necesidades?
Constantemente oímos la referencia a "quiero vivir, no sobrevivir". Ese hedonismo feroz, con un cierto punto nihilista, como respuesta a unas necesidades percibidas y alimentadas. Tienes que hacer deporte, estudiar, socializar, comer, dormir, trabajar, hacer arte... tienes que dedicar veinticuatro horas del día a vivir una semana entera. Es absurdo. Y esa exigencia personal provoca frustración, al ser imposible completarla. De esa frustración surge una crisis existencial, ¿seré un fracasado? ¿estaré fallando en algo fundamental? y el famoso "fomo", el acrónimo inglés de "fear of missing out". Basicamente, nos aterra que haya un paraíso al otro lado de la colina y nosotros muramos aquí, sin saber que existe. Y por eso hay que intentarlo todo, hay que explorarlo todo, hay que aprovechar cada minuto.
Ya sabéis cual es mi punto de vista respecto a esto. Es una mezcla de factores; de mi familia, de mi origen, de mis experiencias personales. Pero no lo compro. No creo que estemos obligados a probar cada plato del menú; es más, ni siquiera creo que sea bueno. No creo que tengamos que tachar cosas de una lista. Eso lo hacemos en el trabajo, pero, ¿ en nuestra vida ? Fuimos creados artistas, soñadores, viajeros. Criaturas sociales y miembros de la tribu. Somos hijos, hermanos, amigos. No somos productos, a pesar de que nos quieran convencer de ello constantemente y nosotros nos dejemos hacerlo.
Por eso jugamos. Para recordarnos a nosotros mismos que una vez fuimos niños y que seguimos siéndolo. Para salir al patio con otros niños y soñar que estamos construyendo un reino, o viajando a otro lugar, o siendo personas distintas. Para crear historias, porque al fin y al cabo los seres humanos somos extremadamente narrativos, y vivimos mucho más dentro de nuestras cabezas que fuera. Para olvidarnos un rato de esa invasiva realidad, que constantemente nos impide elegir y nos viene imponiendo, reduciendo nuestro espacio, tiempo, nuestra persona. Encogiendonos, haciendonos más pequeñitos y llenandonos de miedo, de prisa, de ansiedad.
Y ese juego dice mucho de quién y como somos. Si jugamos solos o con otra gente. Si probamos nuevos juegos o volvemos al que nos ha gustado siempre. Si jugamos a una o dos cosas o vamos aprendiendo. Si seguimos o lideramos. ¡Hay tanto que aprender de como jugamos! Es uno de los actos más expresivos del ser humano, porque estamos relajados y ahí nos descubrimos cosas incluso a nosotros mismos. ¿Estoy tenso y voy a reaccionar mal a la frustración? ¿Me interesa competir o solo quiero disfrutar de la compañia? ¿Qué vengo a buscar aquí?
Jugamos porque es humano. Y ojalá podamos seguir jugando tanto tiempo como podamos. Como decía Bruce Dickinson: "ser heavy es tener dentro de ti un chico de quince años. Y cuando miras atrás y dices, yo como podía ir con esos pelos o que camisetas más horribles... entonces lo has perdido y eso no volverá nunca".
Sigamos teniendo ese chico de quince años dentro. Y hagamoslo feliz.

jueves, 4 de abril de 2024

Ser un buen jefe

Hoy estaba pensando en algo curioso. De los tres nuevos jefes que tengo, creo que hay uno que tiene potencial. Y eso es por una cuestión de empatía. Me resulta curioso, pero una vez lo he pensado me he dado cuenta de ello, como si fuera algo super obvio.
Trabajar con gente no es facil. En general, las relaciones sociales son una de esas areas que "se dan por hechas". Como me decía Marc, a él lo nombraron jefe de equipo y nadie se molestó en explicarle cual era su trabajo o como hacerlo. Dieron por hecho que uno "nace" jefe. Como si fuera tan fácil como darle un cargo a alguien y esperar que funcione.
Obviamente, el tener autoridad sobre gente y ejercerla no es algo autómatico. Y no nace con uno. Es una habilidad adquirida, formada en parte de la capacidad de saber leer el entorno y adaptarse a él y en parte saber entender la tarea y como conseguirla. Hay una parte técnica y una parte humana. Y ambas son totalmente necesarias para poder conseguir algún resultado que sirva para algo.
¿Cual es el equilibrio entre ambas partes? ¿Como conseguimos ser buenos técnicos, pero a la vez ser buenos lideres? Estaba pensando en Javi el jurídico. Y creo que Javi es tan buen jefe porque él elige ser buen jefe. Él entiende el código de la institución en la que se encuentra (que tampoco es especialmente complicado; sé un buen ser humano) y opera dentro de los margenes de ese código. Es el primero en llegar y el último en irse. Asume la responsabilidad. Delega el trabajo. Respeta y apoya el crecimiento de sus subordinados. Basicamente, uno tiene la seguridad de que trabajando con Javi puede concentrarse en hacerlo lo mejor posible y dejar que los problemas sean resueltos a medida que llegan. Que parece algo obvio, pero no lo es. Igual que tampoco es obvio que uno necesita tener una serie de valores y compromisos para establecer ese espacio mental, y debe hacer un esfuerzo constante para mantenerse en él.
Yo no tengo ni idea de si soy un buen jefe. Pero estoy dispuesto a esforzarme por serlo y creo que eso supone una diferencia. Porque no es solo hacerlo, sino serlo y el verbo ser implica un compromiso permanente con una determinada acción o naturaleza. También creo que eso es importante.
Mi cerebro ahora mismo es mayonesa. Acabaré de escribir cuando tenga algo más solido, o no. Gracias por leer hasta aquí, un saludo.