Hoy leí un texto sobre como, el éxito del reggaeton, es el fracaso de América como sociedad. Como su ausencia de ritmo, de musicalidad, su escasa profundidad literaria, su banalidad y su busqueda constante de la satisfacción más elemental y básica, ensañada desde la infancia a menores demasiado jovenes para verse expuestos a una sexualidad insistente, es un homenaje a la ignorancia, a la falta de oportunidades, a la mediocridad. Y como eso se hace desde una trama social consciente, que empuja a jovenes a discotecas y lugares de ocio donde se les ofrecen drogas, prostitución y adicciones, para volverlos maleables y perpetuar el ciclo de abuso.
Y la verdad, lo leí y pensé que no está tan alejado de la realidad. No ya de que sea una conspiración global, sino que hemos caído en una forma de hedonismo en la cual, la busqueda de satisfacción personal, nos ha hecho perder el norte. La ruptura de la transmisión de valores, esa constante en toda sociedad (mi padre es un carca y no sabe lo que es la vida, no como yo), ha tomado un cariz mediocre terrible. Estamos adictos a los teléfonos móviles, que nos inyectan estimulos constantes, de forma que sentarse con unos colegas simplemente a tomar el sol y charlar "nos sabe a poco" y enseguida alguien saca el teléfono.
Estamos bastante vacios. Y es una pena. Porque las inquietudes siguen estando ahí, las cosas que merecen la pena buscar, debatir, obsesionarse con ellas siguen ahí. Seguimos necesitando poesía, música, viajes, amor. Seguimos siendo criaturas literarias, que se cuentan historias. Y se nota en un resurgimiento de buenas peliculas, buenas series. Se nota en que, en la corta distancia, la gente sigue queriendo aprender, sorprenderse, descubrir. Ese constante menosprecio a la inteligencia, a la cultura... no soporta una cierta edad o una cierta perspectiva.
Así que sí. Vivimos en un mundo que busca la satisfacción automática, porque así es más facil dominar a la gente. También hacerla sentir insatisfecha y triste, para que continue consumiendo y buscando, quejándose por todo e intentando abstraerse de su realidad. Pero ni siquiera ese entorno acaba con el espíritu humano, que constantemente busca mejorar.
Así que no pierdo la esperanza. Somos mejores que esto y seremos aún mejores.
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