jueves, 11 de abril de 2024

Porque jugamos

Hay veces, como ahora, en que tengo una ventana de claridad en que puedo dedicarme a reflexionar sobre cuestiones de mi vida. Curiosamente, uno se da cuenta de que cosas son importantes y no cuando le toca tomar decisiones que las ponen en riesgo. Entonces valora y decide si merece la pena hacer sacrificios por ello o no, cuales son sus prioridades y que es lo que está dispuesto a perder y que no.
En mi caso, ahora me pregunto qué quiero hacer con el tiempo libre que tengo, dado que está siendo recortado masivamente y ya era bastante pequeño. El "modo supervivencia" en el que pasamos mucho tiempo (algo absurdo, teniendo garantizado como tenemos comida, refugio y hasta cierto punto descanso), nos impone una serie de imperativos mentales que nos limitan mucho. La piramide de Marslow coge fuerza: ¿cual es el siguiente hueco que vamos a eliminar, para cubrir nuestras necesidades?
Constantemente oímos la referencia a "quiero vivir, no sobrevivir". Ese hedonismo feroz, con un cierto punto nihilista, como respuesta a unas necesidades percibidas y alimentadas. Tienes que hacer deporte, estudiar, socializar, comer, dormir, trabajar, hacer arte... tienes que dedicar veinticuatro horas del día a vivir una semana entera. Es absurdo. Y esa exigencia personal provoca frustración, al ser imposible completarla. De esa frustración surge una crisis existencial, ¿seré un fracasado? ¿estaré fallando en algo fundamental? y el famoso "fomo", el acrónimo inglés de "fear of missing out". Basicamente, nos aterra que haya un paraíso al otro lado de la colina y nosotros muramos aquí, sin saber que existe. Y por eso hay que intentarlo todo, hay que explorarlo todo, hay que aprovechar cada minuto.
Ya sabéis cual es mi punto de vista respecto a esto. Es una mezcla de factores; de mi familia, de mi origen, de mis experiencias personales. Pero no lo compro. No creo que estemos obligados a probar cada plato del menú; es más, ni siquiera creo que sea bueno. No creo que tengamos que tachar cosas de una lista. Eso lo hacemos en el trabajo, pero, ¿ en nuestra vida ? Fuimos creados artistas, soñadores, viajeros. Criaturas sociales y miembros de la tribu. Somos hijos, hermanos, amigos. No somos productos, a pesar de que nos quieran convencer de ello constantemente y nosotros nos dejemos hacerlo.
Por eso jugamos. Para recordarnos a nosotros mismos que una vez fuimos niños y que seguimos siéndolo. Para salir al patio con otros niños y soñar que estamos construyendo un reino, o viajando a otro lugar, o siendo personas distintas. Para crear historias, porque al fin y al cabo los seres humanos somos extremadamente narrativos, y vivimos mucho más dentro de nuestras cabezas que fuera. Para olvidarnos un rato de esa invasiva realidad, que constantemente nos impide elegir y nos viene imponiendo, reduciendo nuestro espacio, tiempo, nuestra persona. Encogiendonos, haciendonos más pequeñitos y llenandonos de miedo, de prisa, de ansiedad.
Y ese juego dice mucho de quién y como somos. Si jugamos solos o con otra gente. Si probamos nuevos juegos o volvemos al que nos ha gustado siempre. Si jugamos a una o dos cosas o vamos aprendiendo. Si seguimos o lideramos. ¡Hay tanto que aprender de como jugamos! Es uno de los actos más expresivos del ser humano, porque estamos relajados y ahí nos descubrimos cosas incluso a nosotros mismos. ¿Estoy tenso y voy a reaccionar mal a la frustración? ¿Me interesa competir o solo quiero disfrutar de la compañia? ¿Qué vengo a buscar aquí?
Jugamos porque es humano. Y ojalá podamos seguir jugando tanto tiempo como podamos. Como decía Bruce Dickinson: "ser heavy es tener dentro de ti un chico de quince años. Y cuando miras atrás y dices, yo como podía ir con esos pelos o que camisetas más horribles... entonces lo has perdido y eso no volverá nunca".
Sigamos teniendo ese chico de quince años dentro. Y hagamoslo feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario