jueves, 26 de septiembre de 2024

Mentalidades imperiales

Ayer estaba pensando en una cosa curiosa. Existen determinados aspectos de nuestra cultura, de nuestra visión de nosotros mismos, de nuestra forma de ver el mundo, que están tan interiorizadas que dejamos de ser conscientes de ellas. Y claro, cuando nos encontramos en un entorno diferente las exigimos, como si fueran derechos inalienables. En cierto sentido, creemos que es más fácil cambiar al entorno que cambiar nosotros.
El otro día estaban diciendo que, dado que hay gente que no entiende el idioma, es muy difícil que se sientan integrados. Y que deberían hacer un esfuerzo para integrarles. Curiosamente, siempre es otro el que tiene que hacer el esfuerzo en lugar de nosotros. Y curiosamente, siempre tienen que ser los demás los que se muevan para hacernos sentir cómodos, en lugar de poner nosotros de nuestra parte.
No sé. Igual es que yo soy un poco de otra manera y, gracias a Dios, la gente con la que me suelo mover piensa como yo. Pero creo que, como bien me dijera Pedro, que el entorno es siempre hostil y que no va a hacer por facilitarnos nada. Que somos nosotros los que debemos de poner de nuestra parte para adaptarnos. Y que en ese poner nosotros de nuestra parte, en ese aprender y adaptarnos existe la posibilidad de crecimiento y desarrollo. De sentirnos debiles ahora para ser fuertes luego. De crecer.
Mucho ánimo. Y dejad de pensar que sois especiales y os lo deben. Nadie os debe nada.

viernes, 13 de septiembre de 2024

"Tengo novia tengo novia tengo novia"

Hace años, mi novia de entonces se burlaba de mí porque lo primero que decía al poco de conocer a alguien era sobre ella. Lo decía un poco en broma, aunque también es verdad que le gustaba que la tuviera presente.
Con el tiempo, me di cuenta de que lo hacía porque no me lo creía. Como me pasó cuando conseguí trabajo estable, llevaba tanto tiempo preguntandome que estaba mal conmigo, que todo el mundo lo conseguía salvo yo, que me llevó años y años asumir que, ah mira, pues sí. Pues yo también. Y tampoco es algo tan increíble, una vez te acostumbras a ello.
Ojo, que no quiero decir que tener un trabajo estable y no depender de nadie o tener pareja estable y poder construir una vida juntos no sea algo increíble. Que lo es. Pero es algo increíble en su normalidad, como lo es abrir el grifo y que salga agua caliente. No debemos dejar de maravillarnos por ello y trabajar para que siga siendo así, pero a la vez tampoco debemos dudar de nosotros mismos y preguntar que hemos hecho para merecer esta bendición. Algo hemos hecho, pero a la vez tenemos mucha suerte. Y no pasa nada, ni por una cosa ni por otra. Dios ayuda a quién se ayuda a sí mismo, pero Él también hace su parte. O el karma o los midiclorianos o quién Uds prefiráis, porque me niego a creer que todo en la vida sea causa y efecto tanto como me niego a creer que todo está fuera de nuestro control.
Uy, ya me puse filosófico. Perdón. Esto venía a que esta semana he estado con gente nueva y me he dado cuenta de que, el primer elemento de mi identidad que surge cuando conozco gente nueva, es mi pareja. Y eso es un nivel más de ponerse en el asiento del copiloto y es muy curioso psicologicamente. Los elementos de mi identidad que son yo; mi origen, mi historia personal, mi carácter, mis proyectos, mis aficiones, mi identidad en general... está condicionada por la persona que tengo al lado y por mi carrera profesional, claro. Uno no puede pasarse ocho horas al día durante tres años haciendoa algo y que eso no le deje un "poso". Pero las decisiones que tomamos, como eso nos afecta y hacía donde avanzamos nos convierte en quienes somos. Igual que no nos identificamos como "Hola, buenos días, soy Ale y me dedico a....", tampoco deberiamos ser "la pareja de".
Y de alguna forma, lo he sido. Es curioso como la falta de... no diría amor propio, pero quizás sí de autoestima, entendida como "el valor que nos damos a nosotros mismos", ha hecho que yo solo me anulara a mí mismo. Renunciando a cosas a las que no debería haber renunciado, simplemente por el peso de la rutina.
Como conclusión, tenemos que querernos más. Y defender con uñas y dientes nuestra propia identidad.

Poniendote en el asiento del copiloto

Como ya habréis leido alguna vez por aquí, soy contrario a asimilar la vida pasivamente. Los argumentos del tipo "es que a mí me educaron así", "es lo que me ha tocado", "no puedo elegir" me molestan mucho, porque son falsos. Son perezosos y falsos, porque siempre hay una elección. Incluso el no elegir es una elección y, cuando la situación consiste en optar entre uno y uno, siempre se puede cambiar la perspectiva, de forma que si no cambiamos el escenario cambiamos nuestra percepción del escenario.
Y sin embargo, aquí estoy. Llevo años en el asiento del copiloto. Colocando una parte enorme de mi vida, de mis inquietudes, de mis gustos, de lo que me hace feliz... de quién soy, en manos de otra persona. Y lo he hecho conscientemente, eligiendolo. He pospuesto mi felicidad por la felicidad de otra persona, lo cual es un error casi tan terrible como aquel en el que no le dí opción a, entonces Mar, de decidir si quería estar conmigo o no, sino que simplemente desaparecí. Y en ambos casos, tanto en el de desaparecer como ahora ponerme en el asiento de copiloto, lo he hecho por pura cobardia. Por miedo a que, si le doy a elegir, la otra persona decidirá irse, porque no creo ser merecedor de su atención. Por falta de amor hacía mi mismo, durante años, he dejado de escucharme.
Es sorprendente hasta donde nos puede llevar el miedo y la cobardia. Y es un descubrimiento bastante duro darse cuenta de que, efectivamente, somos unos cobardes. Al menos yo. Que siempre he presumido de tomar decisiones de forma objetiva, de ser muy analitico con mis emociones y de tratarme bien, me encuentro preguntandome en que momento me puse a mi mismo en esta situación.
Todos tenemos excusas, claro. Primero una depresión, luego el COVID, luego la invasión rusa de Ucrania. Durante meses y años ha tocado priorizar, organizarse, esperar. Es un proyecto conjunto, hay que entender que hay una fase de adaptación, que dará resultados. Y he ido, poco a poco, viviendo cada vez más en el futuro y menos en el presente. Hasta que he vaciado tanto el presente que ya no sé ni que hago con él.
Hoy me levanto por la mañana y me planteo ir a un sitio, a pasear, a ver algo. Y la idea de ir solo me inquieta, me agobia, me aterra. ¿Cuando ha sido así? Y sobre todo, ¿por qué?
No tengo una novia dominante, celosa, posesiva. No soportaría estar con una persona así; me conozco. Y sin embargo, me he ido colocando en una posición pasiva. Me sucede de forma similar en el trabajo, en los juegos, con los amigos... mi rol natural, mi carácter, tiende a ello. Yo tocaba el bajo, y lo hacía porque consigo mi felicidad a través de proxys; si todo el grupo está contento, entonces es un éxito mucho más grande que si solo yo estoy contento. Hay muchas razones para eso, seguro, y si me pongo a estudiarlo psicologicamente seguramente daré con la pieza que me falta. Pero nunca he considerado que eso sea un problema; puedo ser feliz solo, pero soy más feliz con gente. No me estoy limitando a mi mismo, de igual forma que el hecho de que me guste mucho el arroz no me impide disfrutar de la pasta.
Y sin embargo, lo he hecho. Primero con decisiones "grandes" (voy a coordinar mis vacaciones con ella) y luego con decisiones cada vez más pequeñas, hasta el punto de que, si no tengo un motivo para hacer algo, no lo hago. Así que voy posponiendo cosas, voy dejando mis planes... y todo va al cajón de "para después" y de ahí al de "para algún día".
Esa no es forma de vivir. Mañana me atropella un coche y lo que no haya hecho, no lo he hecho. Yo no soy partidario del "carpe diem" absurdo, porque si bien es cierto que puede que el mañana no exista, también es posible que exista. Así que hay que prepararse par ambas eventualidades. En mi caso, eso implica llenar mi vida de cosas que me gustan hoy. Y que me gustan a mí, no que nos gustan a nosotros. Si algo me gusta a mí, por ejemplo Infinity, tengo que poder disfrutarlo en plenitud sin que eso afecte a la otra persona. ¿Que lo ideal es compartirlo todo? Eso es absurdo y doloroso, eso es tóxico. Pero, y esto es algo que he hablado muchas veces con mi mujer, en cuanto no tengo suficiente felicidad en mi vida empiezo a acudir a ella como si pudiera resolverme el problema. Como cuando somos pequeños y vamos a nuestros padres para que nos ayuden con la tarea. Y eso es absurdo y egoista. Tengo que construir mucho más espacio personal y no de forma reactiva. Y tengo que hacerlo ya, no dentro de un año ni de tres.
Hay que coger el volante.

El día que fracasé

Ayer fue un día complicado. En una semana complicada. En un mes complicado. En un año complicado.
Ayer, me encontré en una situación que no supe manejar. Otra vez. Y me di cuenta de, como decía una amiga el otro día, que puede que el problema sea yo. Pero no yo como algo intrinseco a mi persona, a mi caracter, algo que no se puede cambiar... no. Ayer por la mañana, pensaba en aquella conversacion con mi abuelo, cuando me dijo que nada me impedía ser un astronauta. Solo mi compromiso. Si daba el cien por cien de mí, quizás lo conseguiría. Pero si no daba el cien por cien, entonces seguro que no lo haría. Recuerdo que antes de ir al trabajo pensaba "hay gente que tiene un don, un talento. Que su carácter le permite llegar a la excelencia. Otros no lo tenemos, así que podemos optar a la competencia. A ser buenos. Quizás no a ser increíbles, pero si nos esforzamos mucho todos podemos ser buenos".
Y efectivamente, pienso que eso es así con tareas lineales, y con procesos complejos. Algo que puede ser descompuesto en partes puede ser enfrentado en partes. Sin embargo en procesos complicados, en los que intervienen muchos factores interconectados que no reaccionan de forma lineal causa-efecto (por ejemplo, el clima), las predicciones son practicamente imposibles y el resultado no es una consecuencia directa de la cantidad o calidad de esfuerzo invertido. Hay cosas que, simplemente, no podemos controlar y ahí surge todo el auge de la resiliencia y del estoicismo.
Pero disgrego. Esta cartita de mi para mi trata sobre mi fracaso. Y sobre como, ayer, al no gestionar bien una interacción y que de dicha mala gestión surjan una serie de emociones de indefensión, cobardía, tristeza, frustración me permita darme cuenta de hasta que grado soy responsable de mi actual estado de infelicidad. Lo cual, entiendo, es positivo y me puede ayudar a salir de él.
Realmente, todo empieza con la tragedia de envejecer. Que consiste en, basicamente, darnos cuenta de que no tenemos quince años. Durante los últimos años he estado afrontando desafíos como si aún fuera la persona que era hace diez años. Alguien hambriento, curioso, con ganas de aventura. La resistencia a asumir el cambio, a entender que mis prioridades no van en la línea que iban entonces y las cosas que me hacen feliz no tienen que ser las que me harían feliz, me ha llevado a tomar una serie de decisiones equivocadas. Una detrás de otra. Hasta que ha llegado un momento que me he despertado por la mañana y he dicho. ¿Qué demonios estoy haciendo con mi vida?
Lo curioso es que me he metido en este callejón sin darme cuenta. Un paso lleva a otro que lleva a otro y, de repente, un día no sabes ni porqué estás andando. En mi caso, soy muy consciente de mis limitaciones y prioridades. Volviendo al ejemplo del astronauta, la conversación con mi abuelo me hizo darme cuenta de que no lo quería tanto. Y que no pasa nada por no ser un astronauta; millones de personas no lo son y viven felices. A veces, el truco es adaptar tu vida a ti, en vez de hacerlo al revés.
Vamos a mi caso y al origen de mi fracaso. Hace diez años me fascinaba irme a sitios nuevos, conocer otra gente, aprender idiomas, descubrir otra forma de ver el mundo. Aún me sigue gustando, lo considero algo maravilloso. Pero hace diez años yo partía de una base "comoda". De hecho, creo que incluso en este blog puede verse. Yo hace diez años tenía "dramas de primer mundo"; una chica no se interesa por mí, no sé que hacer con mi tiempo libre, me inquieta mi futuro. Tenía dramas familiares, algunos muy serios y tenía miedo por lo que vendría y por lo que estaba viniendo. Pero eso cambió. Con el tiempo fui superando desafíos, garantizandome seguridades y adquiriendo perspectiva. Los dos cambios fundamentales en mi vida en este tiempo son, por un lado, un cierto éxito social y profesional y por otro, un aumento de la presión emocional del entorno sobre mi. He dejado de vivir en una pequeña comunidad donde conocía a mucha gente y me sentía seguro a estar constantemente cambiando mi entorno, de forma que nada está garantizado y todo está sujeto a cambio.
Y oh, sorpresa. No me gusta.
Así que de repente me doy cuenta de que el ir subiendo la apuesta no pasa por ser la solución. La solución pasa por volver a un estatus de estabilidad, una vez finalizado el "peregrinaje". Cuando uno no es capaz de defender sus derechos, porque ha destruido sus raíces y el suelo que pisa hasta el punto de que ya casi no sabe quién es, es el momento de dar un paso atrás y plantearnos si realmente esto es lo que queremos para nuestra vida. Descubrir la raíz del problema en lugar de atacar las consecuencias de este es la forma de solucionarlo. Aplicando un caso práctico, yo no necesito ganar más dinero o tener X euros en una cuenta. Yo necesito sentirme bien. Y para sentirme bien, tengo que trabajar en las cosas que me hacen feliz, pero desde la parte de abajo de la pirámide de Marslow. No como, no duermo, no hago cosas que me hagan feliz... y no las hago porque no me siento seguro. Y no me siento seguro porque, en lugar de limitar los factores de incertidumbre en mi vida, los he ido posponiendo y apilando. "Cuando arregle esto me pongo con lo otro". Y no puedo. Y no pasa nada por reconocerlo.
Ese es el principal elemento de todo este artículo. Fracasé cuando decidí que podía hacer cosas que no puedo. Fracasé cuando cifré mi felicidad en cosas que no me la pueden dar. Fracasé cuando, en lugar de construir un puerto desde el que pueda salir a explorar, pensé que podía pegarme años en alta mar tocando puerto de vez en cuando. No funciona así. Cada cierto tiempo, los barcos deben entrar en el astillero y sufrir una reparación profunda, porque ahí fuera pega muy duro.
Pero sobre todo, fracasé cuando no me permití a mi mismo envejecer.

jueves, 12 de septiembre de 2024

Política y emociones negativas

Hoy, medio empanado, estaba repasando cosas en Facebook. Y me encontré con un analisis de una noticia, basada en una entrevista con Jordan Peterson en Canada. Leyendo la noticia, se me ocurrió algo muy curioso que quiero compartir con mi yo futuro y con Uds. No es ninguna revelación; está más que analizado. Pero en mi pequeño mundo, de repente me llamó la atención.
Hay una cantidad enorme de nuestras decisiones personales y globales, incluidas las elecciones políticas, basadas en dos sentimientos muy negativos. Que son, por un lado, el miedo y por otro lado la envidia. Vamos a hablar un poco de la envidia.
Recuerdo un monologo muy bueno de Miguel Lago en el cual decía "A Uds no les molesta que los políticos roben. Les molesta no poder robar Uds". Y aunque la gente se reía, no es gracioso porque es verdad. Hay mucha gente que cuando dice "tax the rich", lo que quiere decir no es "compartamos el esfuerzo". Lo que quiere decir es "quién se cree que es para tener X, que se joda. Se lo quitamos". Esta semana he escuchado muchas veces "eso no es mi trabajo, que lo haga otro". Y ayer, hablando con Carlos (que es un máquina), le comentaba un descubrimiento muy curioso que he hecho en mis e-mails de trabajo. Yo nunca pongo "haz". Yo cuando pido algo pongo "ayudame a hacer". Porque no tengo sirvientes; yo a toda persona a la que escribo pidiendo que me ayude con algo tiene un trabajo. Y soy consciente de que, aunque su trabajo sea darme apoyo a mi, no está sentado en su mesa esperando a que yo le llame.
Si algo aprendí en mi anterior puesto, aunque ya lo había sabía de cuando trabajé en el cyber, es que hay muchísimo trabajo que nosotros no vemos. Damos por hecho que las cosas "funcionan", como si hubiera duendes mágicos haciendolas funcionar. Un colega mío trabaja llevando el mantenimiento del agua de mi ciudad. ¿Sabéis cuanto trabajo se hace, cada día, para que el agua siga corriendo y llegando a nuestras casas? Es absurdo. Pero lo más absurdo es que ni siquiera lo sabemos; lo damos por hecho. Y me parece que es una forma de pensar que, como sociedad y a medio plazo, es muy peligrosa. Porque en el momento que dejamos de respetar el trabajo de los demás, en el momento en que no somos conscientes del esfuerzo que suponen las cosas más pequeñas, abrimos la puerta a su degradación, su manipulación, su mala gestión. Muchas cosas se estropean no porque la gente sea mala, que también, sino porque, como no sabemos lo que cuesta y no lo valoramos, dejamos que se eche a perder. No lo priorizamos. Si nunca te ha hecho falta ponerle anticongelante al coche, ¿para qué vas a comprar uno bueno y asegurarte de que funciona?
Ah, amigo. Pero hay cosas que si usas. Cada día. Y no lo sabes. Y crees que funcionan solas, se mantienen solas, "el dinero publico es de nadie", etc.
La envidia es una emoción terrible. Su raíz, en muchos casos, es una frustración que puede ser legítima. Pero debe ser reconducida hacia algo positivo. El otro día me dijo un psicólogo que "la critica puede servir para conducir a un cambio o puede ser un ritual". Si nuestro objetivo no es mejorar, si no tenemos un objetivo positivo al final del camino, la critica es muy peligrosa. Todos tenemos derecho a desahogarnos, pero siendo conscientes de que algo es un desahogo. También tenemos que ser conscientes de las implicaciones de nuestras reivindicaciones y actuar como adultos. Hay que saber que las cosas tienen un precio, que el trabajo de los demás es importante y que, a la gente malvada, se le combate. Teniendo esas cosas claras, cuando vemos un titular, cuando leemos una opinión, cuando hablamos con alguien sobre un tema importante es buena cosa saber, ¿qué emoción está dirigiendo esta idea? ¿Es una emoción positiva, de crecimiento, de apoyo, con un objetivo claro? ¿O es una emoción negativa, basada en el castigo, en el miedo, en la envidia?
Ya acabo. Hace unos meses leí a un desplazado ucraniano (que no deja de ser un refugiado, pero me molesta llamarlo así), "el objetivo de los rusos es que, como ellos no tienen wateres en sus casas, nadie los tenga". Y esa frase resume muy bien determinados movimientos políticos y a la gente que les apoya. Y es algo que me parece terrible. Hace unos meses discutía con una amiga, que decía que había que echar a los judios de Israel. Y cuando le decía "ok, ¿a donde? ¿y como?" se quedaba callada. Porque no hay un plan constructivo, no hay una voluntad de mejora. Solo hay miedo, envidia, odio. Y es peligrosisimo no enfrentar esas cosas.
Que tengais un día genial. Se os quiere.

domingo, 8 de septiembre de 2024

La pereza como indicador

Llevo unas semanas bastante complicadas, que parece que por fin empiezan a orientarse en la dirección correcta. Y justo ahora, pensando en la agenda que tengo por delante y las cosas que quiero hacer, me he dado cuenta de que me apetece descansar y estar a mi rollo en casa. Pereza. Y sin embargo... aún con pereza, hay un plan que quiero hacer. Y me sorprende.
El otro día escuché que llevaba semanas y meses mal. Es cierto. Llevo mucho tiempo falto de motivación, con el foco perdido. Por eso me sorprende, un día, encontrarme con que me apetece hacer algo. No porque quiero ver a alguien, no para distraerme... no como excusa para algo. Ni como remedio. Sino que de verdad quiero hacer eso, independientemente de con quién y como. Es algo poco común en mí, ultimamente. Y me alegra.
A veces, necesitamos tener un vacío para darnos cuenta de las cosas. Espacio. Y a veces, es más revelador lo que echamos en falta, lo que debería estar ahí y no está, que lo que realmente tenemos entre manos. Por eso, a veces, una buena forma de analizar algo es preguntarnos en negativo. No "que quiero hacer", sino "qué es lo que NO quiero dejar de hacer". Puedo quitarme todo, excepto. Y ese excepto es importante.
Tened un día genial