viernes, 13 de septiembre de 2024

Poniendote en el asiento del copiloto

Como ya habréis leido alguna vez por aquí, soy contrario a asimilar la vida pasivamente. Los argumentos del tipo "es que a mí me educaron así", "es lo que me ha tocado", "no puedo elegir" me molestan mucho, porque son falsos. Son perezosos y falsos, porque siempre hay una elección. Incluso el no elegir es una elección y, cuando la situación consiste en optar entre uno y uno, siempre se puede cambiar la perspectiva, de forma que si no cambiamos el escenario cambiamos nuestra percepción del escenario.
Y sin embargo, aquí estoy. Llevo años en el asiento del copiloto. Colocando una parte enorme de mi vida, de mis inquietudes, de mis gustos, de lo que me hace feliz... de quién soy, en manos de otra persona. Y lo he hecho conscientemente, eligiendolo. He pospuesto mi felicidad por la felicidad de otra persona, lo cual es un error casi tan terrible como aquel en el que no le dí opción a, entonces Mar, de decidir si quería estar conmigo o no, sino que simplemente desaparecí. Y en ambos casos, tanto en el de desaparecer como ahora ponerme en el asiento de copiloto, lo he hecho por pura cobardia. Por miedo a que, si le doy a elegir, la otra persona decidirá irse, porque no creo ser merecedor de su atención. Por falta de amor hacía mi mismo, durante años, he dejado de escucharme.
Es sorprendente hasta donde nos puede llevar el miedo y la cobardia. Y es un descubrimiento bastante duro darse cuenta de que, efectivamente, somos unos cobardes. Al menos yo. Que siempre he presumido de tomar decisiones de forma objetiva, de ser muy analitico con mis emociones y de tratarme bien, me encuentro preguntandome en que momento me puse a mi mismo en esta situación.
Todos tenemos excusas, claro. Primero una depresión, luego el COVID, luego la invasión rusa de Ucrania. Durante meses y años ha tocado priorizar, organizarse, esperar. Es un proyecto conjunto, hay que entender que hay una fase de adaptación, que dará resultados. Y he ido, poco a poco, viviendo cada vez más en el futuro y menos en el presente. Hasta que he vaciado tanto el presente que ya no sé ni que hago con él.
Hoy me levanto por la mañana y me planteo ir a un sitio, a pasear, a ver algo. Y la idea de ir solo me inquieta, me agobia, me aterra. ¿Cuando ha sido así? Y sobre todo, ¿por qué?
No tengo una novia dominante, celosa, posesiva. No soportaría estar con una persona así; me conozco. Y sin embargo, me he ido colocando en una posición pasiva. Me sucede de forma similar en el trabajo, en los juegos, con los amigos... mi rol natural, mi carácter, tiende a ello. Yo tocaba el bajo, y lo hacía porque consigo mi felicidad a través de proxys; si todo el grupo está contento, entonces es un éxito mucho más grande que si solo yo estoy contento. Hay muchas razones para eso, seguro, y si me pongo a estudiarlo psicologicamente seguramente daré con la pieza que me falta. Pero nunca he considerado que eso sea un problema; puedo ser feliz solo, pero soy más feliz con gente. No me estoy limitando a mi mismo, de igual forma que el hecho de que me guste mucho el arroz no me impide disfrutar de la pasta.
Y sin embargo, lo he hecho. Primero con decisiones "grandes" (voy a coordinar mis vacaciones con ella) y luego con decisiones cada vez más pequeñas, hasta el punto de que, si no tengo un motivo para hacer algo, no lo hago. Así que voy posponiendo cosas, voy dejando mis planes... y todo va al cajón de "para después" y de ahí al de "para algún día".
Esa no es forma de vivir. Mañana me atropella un coche y lo que no haya hecho, no lo he hecho. Yo no soy partidario del "carpe diem" absurdo, porque si bien es cierto que puede que el mañana no exista, también es posible que exista. Así que hay que prepararse par ambas eventualidades. En mi caso, eso implica llenar mi vida de cosas que me gustan hoy. Y que me gustan a mí, no que nos gustan a nosotros. Si algo me gusta a mí, por ejemplo Infinity, tengo que poder disfrutarlo en plenitud sin que eso afecte a la otra persona. ¿Que lo ideal es compartirlo todo? Eso es absurdo y doloroso, eso es tóxico. Pero, y esto es algo que he hablado muchas veces con mi mujer, en cuanto no tengo suficiente felicidad en mi vida empiezo a acudir a ella como si pudiera resolverme el problema. Como cuando somos pequeños y vamos a nuestros padres para que nos ayuden con la tarea. Y eso es absurdo y egoista. Tengo que construir mucho más espacio personal y no de forma reactiva. Y tengo que hacerlo ya, no dentro de un año ni de tres.
Hay que coger el volante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario