Hace años, mi novia de entonces se burlaba de mí porque lo primero que decía al poco de conocer a alguien era sobre ella. Lo decía un poco en broma, aunque también es verdad que le gustaba que la tuviera presente.
Con el tiempo, me di cuenta de que lo hacía porque no me lo creía. Como me pasó cuando conseguí trabajo estable, llevaba tanto tiempo preguntandome que estaba mal conmigo, que todo el mundo lo conseguía salvo yo, que me llevó años y años asumir que, ah mira, pues sí. Pues yo también. Y tampoco es algo tan increíble, una vez te acostumbras a ello.
Ojo, que no quiero decir que tener un trabajo estable y no depender de nadie o tener pareja estable y poder construir una vida juntos no sea algo increíble. Que lo es. Pero es algo increíble en su normalidad, como lo es abrir el grifo y que salga agua caliente. No debemos dejar de maravillarnos por ello y trabajar para que siga siendo así, pero a la vez tampoco debemos dudar de nosotros mismos y preguntar que hemos hecho para merecer esta bendición. Algo hemos hecho, pero a la vez tenemos mucha suerte. Y no pasa nada, ni por una cosa ni por otra. Dios ayuda a quién se ayuda a sí mismo, pero Él también hace su parte. O el karma o los midiclorianos o quién Uds prefiráis, porque me niego a creer que todo en la vida sea causa y efecto tanto como me niego a creer que todo está fuera de nuestro control.
Uy, ya me puse filosófico. Perdón. Esto venía a que esta semana he estado con gente nueva y me he dado cuenta de que, el primer elemento de mi identidad que surge cuando conozco gente nueva, es mi pareja. Y eso es un nivel más de ponerse en el asiento del copiloto y es muy curioso psicologicamente. Los elementos de mi identidad que son yo; mi origen, mi historia personal, mi carácter, mis proyectos, mis aficiones, mi identidad en general... está condicionada por la persona que tengo al lado y por mi carrera profesional, claro. Uno no puede pasarse ocho horas al día durante tres años haciendoa algo y que eso no le deje un "poso". Pero las decisiones que tomamos, como eso nos afecta y hacía donde avanzamos nos convierte en quienes somos. Igual que no nos identificamos como "Hola, buenos días, soy Ale y me dedico a....", tampoco deberiamos ser "la pareja de".
Y de alguna forma, lo he sido. Es curioso como la falta de... no diría amor propio, pero quizás sí de autoestima, entendida como "el valor que nos damos a nosotros mismos", ha hecho que yo solo me anulara a mí mismo. Renunciando a cosas a las que no debería haber renunciado, simplemente por el peso de la rutina.
Como conclusión, tenemos que querernos más. Y defender con uñas y dientes nuestra propia identidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario