lunes, 20 de octubre de 2025

Sobre conectar con gente

Llevo unos días pensando que la gente "no quiere conexión" (o en inglés, engaging, implicación). Precisamente me volvió a surgir el tema ayer, cuando mi jefe propuso que quedaramos todos para una cena de Navidad/despedida de un compañero que se va. Y no tiene pinta de ir a avanzar.
En parte, es porque todos estamos muy ocupados y cansados. Vida adulta. Los compañeros que tienen niños, los que trabajan mucho, los que viajan. La gente no tiene tiempo para hacer un "esfuerzo extra" y quedar para cenar, incluso con gente con la que se lleva bien, sabiendo que va a ser un rato agradable. Todos estamos demasiado concentrados en nuestras rutinas, en lo que nos gusta y nos cuesta muchísimo ceder un mínimo al proyecto común.
Y cuando pienso sobre eso, me da mucha pena. Porque creo que ese es el orígen de nuestros fracasos como sociedad. El egoísmo. La incapacidad de sacrificar, un poquito, por ganar mucho. Y lo entiendo porque soy el primero que me pasa. Quiero dedicar mi tiempo, el que me deja el trabajo y las obligaciones (muchas de ellas auto impuestas por mí), a mí mismo. Pero ahora miro atrás y veo, por ejemplo, que tengo cajas y cajas de miniaturas que pinté para divertirme. Y me divertí. Están ahí. No necesito más. La vida se vive adelante, no hacía atrás. Y esa idea, la de que vivimos hacía delante, se me ha ocurrido hoy como parte de un proceso de "limpieza otoñal".
Suele pasar cuando uno tiene a la vista una mudanza. De repente, cada cosa que tiene en su casa o en su vida empieza a observarse mientras uno se pregunta "¿me la llevo o me deshago de ella?". Eso se aplica también a las relaciones personales. Miro el móvil y pienso... ¿quiero escribirle un mensaje a esta persona? ¿Me merece la pena intentar quedar?
Es una pregunta terrible, muy fría y cruel. Pero es muy real. Siempre es mejor una verdad honesta que una mentira conveniente, porque la segunda lo único que hace es posponer el problema y generarte más problemas futuros. Así que, como parte del proceso de reestructuración mental en el que estoy tras muchas semanas de "shocks", siendo el último leñazo emocional eeeh... el jueves, estoy intentando encontrar rutinas y ritmos que me hagan pensar en positivo sobre el futuro. Y estoy intentando darme espacio a mí mismo, cuidarme. Es muy loco este ritmo de "trabajo y sobrevivo", al final del cual es como... un momento. ¿Qué puedo cenar tranquilo? ¿Qué puedo acostarme a la hora que quiera? ¿Que puedo JUGAR A ALGO? De repente veo el libro en la mesilla y pienso "ey, tu y yo tenemos asuntos pendientes".
Como le decía a mi mejor parte, intento aceptar lo negativo, no pensarlo, y disfrutar de lo positivo. Creo que es el enfoque que puede salvarme. Así que la semana que pasó, pasó. Ahora tengo una oportunidad de estar bien, de cuidarme, de disfrutar. Así que voy a intentarlo. Si sale bien, genial. Si no, pues bueno, volvemos a "aceptar lo negativo y no pensarlo". Aparte de aprender, como cuando quedé con alguien, fue una decepción y dije "ok, este no es el camino".
Como tantas veces, me he salido muchísimo del tema. Pero lo que considero importante, aquello sobre lo que quiero hablar es lo que decía al principio. Que si ponemos el foco en dar un poquito más, exigir un poquito menos y simplemente dejarnos llevar... es mucho más fácil de lo que nos hemos convencido a nosotros mismos que es. Así que intentad relajaros, si podéis bajar un poco el nivel de estrés, y tocaros. El otro día leí que crear nos alimenta. No consumir, sino hacer algo nosotros. Y eso también se aplica a hacer relaciones, hacer a la gente feliz, compartir.
A por ello. Intentad hacer el mundo un poquito mejor. Y ya veréis como eso os hace mejores a vosotros también.

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