domingo, 18 de enero de 2015

Cuando miras al vacio


Y el vacio te devuelve la mirada. Llevo desde el viernes recluido en la habitación, con un catarro bastante antipatico. Fiebre, mareo... divertidisimo. El viernes me acosté a las cinco para "descansar un poco" y ese poco se convirtió en catorce horas. Ayer conseguí salir un poco de la cama, basicamente para pintar algo y leer. En este tiempo no he tenido mucho animo constructivo ni creativo ni de ningún tipo. He sido una anemona rubia. Cuando uno está así, lo que le pide el cuerpo es que lo mimen y que estén pendiente de uno.
Bueno, no ha sido el caso. Me ha escrito gente con la que suelo hablar a diario pero, al no tener yo animo para empezar conversaciones ni, por supuesto voz, todo ha muerto en buenas intenciones. Ahora hace un ratito me he abrigado, he salido al supermercado a comprar zumo y he vuelto a la habitación. Según iba por la calle me daba cuenta de que, si no empujo las cosas constantemente, se paran. La vida sigue... pero MI vida no. Mi vida es un continuo avanzar hacia... ¿qué? Entre la evasión ociosa y el deber. Soy alguien que cumple los objetivos de otra gente. Bien. ¿Y los míos?
Entonces me doy cuenta de que no tengo objetivos. Que no hay nada que realmente me inspire, que me motive. No tengo ninguna Gran Meta al final del camino, formar una familia, trabajar en tal puesto o en tal sitio, ganar tanto, escribir un libro, ganar una carrera, terminar unos estudios. Nada agita el fuego de mi pecho y me arranca de la cama con un impulso, con un "sí, demonios, a por ello".
Hay que arreglar esto. No puede ser que mires al vacio y el vacio te devuelva la mirada. La vida tiene que ser algo más que ir tachando días del calendario. Sobre todo cuando no hay ningún día subrayado en este.

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