jueves, 1 de enero de 2015

El medio segundo definitivo


Existe algo muy curioso que habla sobre la forma de funcionar de la mente humana, algo que yo diría que es como caminar sobre hielo muy fino, y que se refleja clarisimamente con los records olimpicos. Durante diez años, nadie es capaz de superar un determinado record. En cambio, una vez superado, a la semana siguiente hay tres personas que lo hacen.
¿Por qué es esto? Nuestra mente nos convence de que algo es imposible y superar ese condicionamiento es el primer desafio. No repetirnos que es posible, sino creerlo. Ayer en "Hamlet", el rey asesino decía "mi boca repite las palabras que mi corazón no elabora". Una vez en nuestro corazón sabemos que algo es cierto, solo debemos atravesar la barrera de los hechos y ejecutar. Como decía una monja cuando yo aún iba al colegio, la mitad del esfuerzo de un trabajo es convencernos de la necesidad de hacerlo y empezar.
Ya crucé ese espacio una vez y, atravesado el puente levadizo, me encontré la puerta cerrada. Ahora contemplo el puente, la puerta y sonrío. En mi mente, he atravesado el puente, la puerta, escalado a la torre y devorado el maldito cochinillo del rey una y cien veces. Sé que, probablemente, el cochino no estará tan bueno como mi mente dice. ¿Y? En mi mente ya estoy derrotado. Sé que esa puerta no se abrirá para mi, con la certeza con que uno sabe que el agua caerá por el tejado o que la pelota rodará cuando sople el viento. Hay cosas que nuestra misma naturaleza dirije a ello, decisiones que tomamos para justificar nuestra forma de ser, o justificaciones de nuestra naturaleza que toman forma de decisiones. El agua no elige ser liquida. Así que yo miro a la torre a lo lejos y me sonrío, porqué sé que, si se abriera la puerta, ya no se volvería a cerrar hasta que esta historia llegara a su conclusión natural. Pero solo hay dos cosas invencibles, la burocracia y esta otra.

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