domingo, 8 de febrero de 2015

Que buena noche


Realmente uno sabe que las cosas van mejor en su vida cuando le pasa un poco lo de ayer. Elli venía a Madrid este fin de semana y se supone que nos ibamos a ver. Como de costumbre cuando viene un amigo de a tomar por saco, yo me puse a su disposición: ella me decía donde y cuando y yo iba. Pero no me decía nada así que yo seguí con mi vida: fui al rastro, quedé con Lolo... y por la noche, harto ya de "¿tu podrías mañana?", y como ya estaba en Quimera con ellos, me fui con Guille y Javi. Marc está malo y Lolo tenía planes, así que el grupo quedó reducido.
Ayer, como de costumbre de un tiempo a esta parte, acabamos en casa de Luis jugando a juegos de mesa. Ellos tres, sus respectivas y yo. Empezamos tomando coca cola y charlando, primero de comida y restaurantes, lo que llevó a hablar de cultura japonesa, lo que llevó a un interesantisimo debate sobre imagen en entorno profesional que terminó en una discusión sobre la Iglesia católica y la cultura occidental. Fue, probablemente, una de las conversaciones más entretenidas e interesantes, tanto por el tono, como por el contenido, como por las proyecciones, que he tenido en meses. Hoy por la mañana soy consciente de lo afortunado que he sido de poder tener un momento así y lo valoro en su justa medida. Gracias. Así no se echan de menos pibas ni historietas adolescentes mías de correr por el mundo detrás de alguna piba. Y lo curioso es que, aunque durante el turno de palabra a veces hubo alguna interrupción, cuando yo hablaba todo el mundo se callaba y era un poco como un discurso. Ayer me sentí muy especial y querido, y mantengo la invitación a Cádiz a los colegas para el finde del veinte, a ver algo de Carnaval, así como la mudanza de la semana que viene. Hace poco que los conozco para llamarlos "mis amigos", pero están muy cerca de ello por calidad humana, intelectual y por admiración personal mía.

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