miércoles, 25 de febrero de 2015
Tan español como yo
El otro día me encontré, en facebook, que un compañero mío había subido un artículo de una asociación colombiana contra el maltrato femenino. La asociación había hecho unos montajes con letras de reggaeton y imagenes, muy desagradables, donde se mostraba exactamente lo que decían las letras. Era un artículo denunciando la cultura de abuso y violencia, de dominio, que una parte bastante importante de esa musica abarca y ensalza. Ya había visto ese mismo artículo subido por una colega dominicana y me sorprendió esa faceta, critica socialmente, de mi compañero.
Y me acordé de él cuando estaba preparando las cosas para hoy. ¿Como debe vernos él? Me pregunté. Mi colega es colombiano de nacimiento, correcto, pero tan español como yo. Tiene la nacionalidad, y si la tiene es porque la ha pedido y se la ha ganado. Fin. Yo no soy quién para cuestionar la españolidad de nadie. ¿Como se mide eso? En parte por simplificar, y en parte porque realmente lo creo así, a todos los efectos mi compi es tan español como yo.
Pero claro, también es algo más. Es español Y colombiano, de igual forma que mi educación gallega me hace andaluz Y. Ninguno de nosotros somos un bloque monolitico que sigue una linea de desarrollo vertical, todos tenemos contaminaciones, influencias, mestizajes. Aunque a Joey le joda bastante reconocerlo, él está en clara ventaja sobre todos sus compañeros y colegas que no han salido nunca de la isla. Porque para ellos el mundo es eso, una isla, mientras que él puede cambiar de perspectiva y ver el mundo a través de otra gente, otras culturas.
Mi compi es colombiano Y español, en parte por el idioma. Leyendo sobre los balcanes el otro día hablaban de como alemania superó su dicotomia entre protestantes y católicos para volverse alemania. Pero es que la cultura alemán está ferreamente vertebrada en torno al idioma. Hablaba de eso con Javi el sabado en la Huella en Cádiz: la forma que tengas de nombrar las cosas influye sobre la forma que tienes de pensar sobre ellas. Yo tengo bastantes colegas sudamericanos y no sé si algún amigo. Cierto que no soy excesivamente tribal y no me siento rechazado por lo diferente. Tampoco me siento atraido, esa fase ya pasó. Pero considero que existe una cultura global, y dentro de esa cultura existen matices. Tan español es uno de Madriz con Z como uno de Cádiz, y os lo digo yo que vivo en un chiste ("van un catalán y un andaluz...").
El caso es que, pensando en mi colega, se me ocurrió que algún día me gustaría preguntarle eso. Como nos vé él, español que acaba de llegar, a los españoles que llevamos aquí toda la vida. ¿No le parecerá un poco idiota todas las discusiones que tenemos sobre identidad? Esa balcanización de España, esa espiral descendente hacia un reino de taifas que estamos construyendonos día a día. Que graciosa tiene que verse a través de los ojos de aquel que, tras recorrer un largo camino, llega aquí. Porque os voy a decir una cosa, ni la nacionalidad es una cuestión administrativa, ni es una cuestión biologica. Es una cuestión cultural, y como tal yo estoy dispuesto a admitar como español a cualquiera que acepte mis valores y mi forma de vida, que aporte y sume, independientemente de que haya nacido en Kuala Lumpur o sea de color azul pitufo. Solo así, entendiendo la cultura como algo que engloba y crece, podemos llegar a ser algo que merezca respeto en el mundo.
P.D: Y este artículo se lo dedico a Manzur, que se comió un montón de guardias conmigo sin desesperar (mucho), lo que tiene un merito tremendo.
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