domingo, 1 de febrero de 2015
Un gran partido
Estoy en un momento un poco raro de mi vida. Cansado. Tenía esperanzas de que esta semana cambiaran las cosas y lo han hecho... pero ahora no tengo tiempo para mi. Esta semana he trabajado unas 70 horas. A eso le sumamos intentar hacer algo de deporte, las clases de ruso y el resfriado y normal que el viernes llegara aquí, fuera a la lavanderia y me acostara. Eso he hecho. La semana pasada fue parecida, pero más deprimente. Y la anterior, con un resfriado. Tiene que haber algo más en la vida.
Y en esas estamos cuando he ido a ver jugar al Estu contra el Joventut. Un clasico, el primero que veía y un sueño de infancia cumplido, ver estos dos equipos. Es otra epoca, claro. El Estu lucha por sobrevivir y en el Joventut ya no hay hermanos Jofresa, ni Villacampa, ni siquiera visten de verde. Es la primera vez que he visto el pabellón tan lleno de gente y me ha encantado.
Pero os voy a contar una cosa. Metí la pata. A primera hora fui a comprar la entrada y, sin darme cuenta, compré la del partido del Madrid. Me sorprendí al llegar a la taquilla y encontrarme unos ocho agentes de seguridad. Pero luego, cuando volvía para intentar devolverla, lo entendí. A la cancha iban skin heads y, esa gente que, sin llevar la cabeza rapada ni botas militares, lo son. Esa gente que divide el mundo en "triunfadores y carne de cañón", incapaz de reconocer un error pero siempre dispuesto a señalar el del otro, esa gente que no abusa, no porque no quiera, sino por miedo al castigo o al que dirán. Esa gente.
¡Que contraste con lo que me encontré a las seis! En primer lugar, niños. Montones de niños con sus padres yendo a la cancha. Y mujeres guapas, mujeres guapas que juegan al baloncesto o entienden del tema, no solo parejas-de obligadas a ir al baloncesto como nosotros a veces nos vemos obligados a ir al cine. Y el ambiente.
El partido empezó duro. Empate en el primer cuarto, empate en el segundo. Muy apretado. Y entre cuartos, el "all star junior". Hijos de las empresas patrocinadoras jugando con niños con discapacidad de uno de los proyectos del Estudiantes. Que maravilla. ¡Y como aplaudió la gente la primera canasta que metieron! Viendo el pabellón lleno animando a los chavales, durante un momento, me sentí agradecidisimo por la generosidad del Estu al regalarle a ese pibe, con esa canasta, un momento de gloria que recordará toda su vida.
Al final ganamos. En el ultimo cuarto nos fuimos de seis y luego apretaron y entraron y ganamos al final. Con un partidazo de Bircevic, de Nacho Martin, de Javi Salgado -aunque lo pitaron a muerte-, de Van Lacke.
Es dificil. Madrid no es Andalucia. Aquí no se es feliz con poca cosa, aquí el baloncesto y la vida necesitan de muchas cosas para disfrutarse. Necesitan del exito, necesitan de la victoria. Que curioso. Yo vengo de un sitio donde lo que se necesita es gente buena con la que compartir, ganas de reirse y de hacer el tonto. Esta ciudad es un sitio aspero y duro. Y sobre todo, es un sitio de paso. Es dificil querer un archipielago hecho de infinitas islas que no se conectan entre sí pero, en la canasta del pibe del All Star Junior y en la alegria de los chavales y, que coño, en lo bien que me lo he pasado hoy, me he reconciliado un poco con esto. Así da gusto.
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