viernes, 6 de febrero de 2015
Sobre tu cuerpo y tu interior
El otro día estuve charlando con una vieja amiga sobre la fidelidad y la banalidad del contacto sexual, dentro de todo el espectro de contactos fisicos. Después, hablando con Radi, hice una apologia del alma sobre el cuerpo, del amor platonico y la fascinación. Radi me respondió que el cuerpo también es importante, que cuando uno se siente mal fisicamente el estado animico va detrás. Es cierto. Yo muchas veces he comentado como, cuando no duermo me pongo insoportable, o como el hambre hace que la persona más simpatica se convierta en un ogro gruñón.
Pensaba también en relaciones que he tenido o he podido tener. Más de lo segundo. Y como, en mi interior, existe un nucleo de cobardia ante el fracaso. Pero no por miedo a fracasar, que es algo que le puede pasar a cualquiera: miedo a la humillación del fracaso. Al daño que me voy a hacer a mi mismo. Es algo que en el trabajo me ha provocado un periodo de mi vida terrible, que gracias a Dios ha terminado y ahora empiezo a sentirme eficaz, creativo, util. Vuelvo a crecer, a ser y a estar. Bien.
Pero volviendo al tema, existe una barrera. Ese medio metro más largo del mundo. En parte viene condicionado por la imagen que nos hacemos de nosotros mismos, ese miedo a la humillación del fracaso es algo, en cierto sentido, muy japones. El comportamiento y las expectativas, los canales de comunicación socialmente aceptables. Quien somos. Que somos. ¿Cuanto tiempo me he pasado sin bailar porque, demonios, yo no era de los que bailaban? ¿Por qué evitar una etiqueta nos obliga a ponernos otra? En cierto sentido esa ausencia de debilidad construye una carcel alrededor nuestra de la que no podemos salir.
Pensando en eso, casi entiendo el papel de la geisha. En un entorno donde un hombre tiene que comportarse siempre de acuerdo a un codigo, existe un ansia de liberación. De romper algo, de gritar, de bromear, de portarse como un niño. Yo tengo mis conciertos y mis muñequitos. Un cierto espacio. Pero incluso en ese espacio existe un ansia de ternura. El papel de la geisha es el de la mujer que es cariñosa contigo, atenta, que te escucha y finge admiración (o quizás la siente). Me vienen recuerdos de caricias compartidas y me doy cuenta que el ansia en mi interior no es tanto de sexo como de cariño. Curioso. El otro día leí que Tauro es un horoscopo muy femenino. Curioso. Nunca me había planteado que mi personalidad pudiera venir condicionada por algo así.
En cierto sentido, eso también configura tu actitud y tu forma de pensar. ¿Tu cuerpo te da tendencia a algo o es tu mente la que da tendencia a tu cuerpo?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario