martes, 14 de junio de 2016

Oda a Catalonia



Este ha sido un buen fin de semana. Llegué muerto, en este tour Primavera '16 que parece no tener fin, tras una semana en la que dormí unas quince horas en tres días, para encontrarme en una habitación sobre la Rambla de Barcelona. Para aquellos que, al igual que yo antes de ir a Almería, lo ignoran, una Rambla no es un invento catalán, sino una calle (normalmente en cuesta) que va a dar al mar. La de Barcelona es fascinante, porque es un espacio por el que pasear... en el centro de una ciudad de 3 millones de habitantes. Una ciudad muy turística, pero con un concepto del turismo que pasa porque la gente viva y deje vivir. A los lados de esa avenida, que corta el mundo, se encuentran los contrastes. Mirando hacia el mar, a la izquierda tenemos el Barrio Gótico y la Catedral, zona chic, modernista, elegante, cara. A la derecha tenemos el Raval (como diría el Cte Rubio, "Basora"), zona con carteles en árabe y lugares fascinantes o poco recomendables. Cerca la Calle Tallers, la Plaza Cataluña... Barcelona es una ciudad por la que se puede andar. Del centro a la estación de tren hay quince minutos en metro y quizás treinta y algo andando.
Me encanta. Adoro esa ciudad de contrastes, de juventud, de mar y montaña y bosque, de vida. De largas avenidas, de edificios modernistas, de árboles y bicicletas. Me encanta.


El sábado descubrí Tarragona. Que resultó ser un pueblo/ciudad de playa, calles estrechas, mucha ruina romana y alguna reconvertida, pasado medieval, historia viva y hermosa. Con Silvia, que fue una anfitriona fantástica y paciente, una colega que explicar y enseñar.
El domingo volví a Gerona. Antes pasé por un restaurante en las montañas, por paisajes que recordaban lejanamente a los Alpes alemanes. Paseé por murallas y catedrales, me escondí a la sombra, compartí cervezas e historias con Jose. Tanto tiempo y siempre bueno.
El lunes estuve en Selva de Mar y Poble Nou con Elena, de Cádiz. Que ha encontrado su sitio allí y está de maravilla, como lo estaría alguien que pudiera desarrollarse y disfrutar. Con su novio, su trabajo, su vida. A diez minutos de la playa, al lado de un bar interesante, con desafíos y experiencias y proyectos. Otra que no vuelve.


Y en general, este fin de semana me dejé fascinar por el paisaje. Por suerte no permití que ningún nativo entrara en mi burbuja de amistad, espacios cómodos, amistad. Ha sido un fin de semana de historias, de momentos, de paisajes y de aprender. Ha sido un fin de semana de leer, disfrutar y relajarme. Y me siento fantástico. Así que muchas gracias a Catalonia por haberme ofrecido tanto, por tan poco. Y hasta la próxima.

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