viernes, 10 de junio de 2016

Odio a los posturas



Con un odio cainita, feroz, despiadado. Los apalearía con bastones de goma, para que no sufrieran y poder seguir apaleándoles más tiempo. Dios. Con la cantidad de cuestiones fascinantes que hay en el mundo, temas en los que se puede profundizar (o directamente ser un cerdo sarcástico). No me explico como puede haber gente que se acoja a una serie de clichés de personalidad como quien sigue un patrón de moda. ¿Realmente somos tan borregos?
Ayer estaba en la cola de un Burry King. Era muy tarde, llevaba horas deambulando buscando una farmacia de guardia -te quiero, Madrid- y lo único que quería era comer, irme a mi casa, lavarme la herida de la operación y dormir. Son días duros, ayer me quedé dormido en una silla esperando al medico y hoy tomaré antihistaminicos. No me explico porqué me da tan fuerte la alergia. El caso es que, ya puestos en situación, detrás mía había una pareja, muy dominados por sus hormonas. Ella, chica liberada, con un perfil muy mediterráneo pero poco griego (piel morena, pelo oscuro corto, delgada con barriga, poco atlética pero muy consciente de su sexualidad, escotazos veraniegos). Él, chico hipster, con ese aspecto entre bohemio parisino y rebajas de Primark, con su combinación de gafas & barba, pelo rizado semítico, camiseta de rayas cual hermano Dalton perdido. Un par de personajes más de los que hay en Madrid rondando la zona de los museos (pero no entrando). No habrían tenido más importancia de no ser por, entre carantoñas y tonteos, debatían los últimos tópicos sobre la liberación de la mujer, intervenciones de Podemos, enfoques periodísticos.
¿Sabéis cuando leéis un foro o los comentarios de una noticia en un periódico y pensáis "esta gente no existe. Son gente normal que dice estas burradas por internet"? Bueno. Corrijo. Existen. Ahí estaban mis colegas, esa gente joven aunque sobradamente preparada (esos jasp que anunciaban creo que Seat), compartiendo opiniones que daban ganas de tirarles un libro a la cabeza. A ver si así, dado que no desarrollarían espíritu crítico ni personalidad propia en la vida, pudieran justificarlo en las lesiones provocadas por la cultura.
Intento ser una persona prudente, por mi salud mental. Evito meterme en debates con gente que sé que no sabe debatir (o directamente escuchar). No tengo una postura política pública, sino privada. Tampoco me meto con el fútbol más que para molestar a mis amigos y la religión es un campo meramente académico para mí. O sea que, mira que es difícil en España, hago todo lo que puedo para no meterme en líos. Aunque reconozco ser de natural polémico y provocador. Pero lo de ayer, estos dos... Dios. Revolvió algo interno en mí, un núcleo de ira y rabia ante el estado de mi país. Ojo, que hablo de este tópico como podría hablar de los compañeros seminaristas de mi hermana y su "van a quemar conventos". Pero incluso explicar esto me parece superfluo. No hay que temer a las etiquetas ni justificarse ante la estupidez.


Seguiré. Trabajo.

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