martes, 14 de junio de 2016
Te odio, Castilla
Hoy venía en el bus y pensaba en lo poco que me gusta la gente de Madriz. Lo poco que me gusta el que sean tan mayores, tan secos, tan hostiles. El que sean tan maleducados y agresivos, el que se dé por hecho que no se toman prisioneros.
Y de repente pensé que tampoco me gusta la arquitectura madrileña. Ni la estructura de la ciudad, que haya tan pocos parques, tan pocos paseos. Luego me di cuenta de que tampoco me gusta Toledo, ni Salamanca, ni Burgos, apenas Ávila, Segovia para verla... y que los únicos amigos auténticamente madrileños que tengo (Jose y Marta) son, manda narices, marinos y aventureros.
Pero es inevitable. Una vez un taxista me dijo "¿Ud es de Cádiz? Eso explica porqué es marino" y yo me sentí medio ofendido. Como si no pudiera ser otra cosa. Pero es que, en cierto sentido, no puedes ser otra cosa. Me crié encima del mar, rodeado de agua, en una ciudad donde las cosas van despacio y el ingenio va afilado. Me educaron gallegos recios, a los que la vida les había quitado muchas cosas pero les había dejado una humanidad invencible, tierna, hecha de puñetazos fintados y de caricias con manos ásperas. Me críe en una casa donde no faltaba la luz, entre primos, parques y patios. Mi catolicismo es uno de ir a la iglesia el día antes del examen y no aparecer el resto del año. Como decía Rali después de conocer Cádiz y a mi familia, es fácil entender porqué soy como soy.
Y lo siento, pero Cádiz es las antípodas de Castilla. Por eso me siento más cómodo entre unas ruinas romanas en Tarragona, en una rambla (que gran invento son) paseando entre gente joven y guapa, escuchando dieciocho lenguas, sintiendo el viento en la cara y oliendo a mar. La montaña es muy bonita... para quién la quiera. Y la meseta, las casas señoriales de piedra, esas plazas con arcos que parecen claustros, esa cultura de apariencias, de lo correcto, vive Dios que no es para mí. Yo vengo de una ciudad donde, mientras toda España apedreaba maricones, allí se les reían las gracias y se les tocaba las palmas. Mientras no hagan daño, vive y deja vivir. Quizás por eso los andaluces nos adaptamos tan bien, en Barcelona, en Inglaterra, en Alemania, en Argentina. Donde vayamos, enseguida pasamos a ser parte del paisaje. Vive y deja vivir.
Creo que el titulo es demasiado agresivo. Más que odiar, no te quiero. Quizás por eso mi idea de España es una España plural, de pescadores gallegos, de golfos andaluces, de secos castellanos y recios nórdicos, en vez de esa España monolítica, seca, castellana, que nos uniforma a todos en torno a Madrizzz y resuelve toda conversación con un "las cosas son así porqué son así" tan de "cuando seas mayor lo entenderás", como si el hecho de que hubiera diferentes formas de ver las cosas fuera malo en sí mismo.
Sí. Hay que superar a Castilla. Hay que salir de la meseta.
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