Lo necesitaba. Realmente lo necesitaba. El abrazo de Guille el domingo me avisó que algo no iba bien. Algo estaba roto por dentro y yo no era consciente de ello. A veces nos pasa.
Era lo mejor. Pero por poco me rajé. Estuve con compañeros pero cuando me quedé solo hacía frío y estaba lejos. Y tardaba. Pero tenía que hacerlo.
Y mereció la pena. El otro día hablaba con Olena de como, a veces, una aparente coincidencia es uma señal de la vida de que por ahí vas bien. Me encontré a Javi, un amigo de Cádiz, al que no veía desde antes de la muerte de Jose.
Y Jose estuvo conmigo. Cuando empezaron no sabía por donde saltaría Max. Roots Bloody Roots. Desde el minuto uno. Y fue la locura. Saltos empujomes gritar hasta quedarme ronco... Siguieron el setlist del disco. 20 minutos despues de empezar ya había sonado Ratamahatta, que sambé, salté, grité, reboté. Miré el reloj y no podía creerme que fuera a seguir así. No aguantaría un ritmo así durante dos horas pero... Habia que morir. Y Jose estaba ahí conmigo. Lo sentía.
Me abrazó durante Kaiowas. Y supe que necesito eso. Necesito el trabajo y el casco con el pincho y el no gastar bromas. Y necesito rebotar contra desconocidos mientras Max lo da todo, coger la mochila e irme, inventarme personajes, mezclar idiomas. Necesio vivir de contrastes.
Me siento increíble. Hoy, el piltrafilla y yo hemos vuelto a bailar Ratamahatta. Gracias Max. Gracias por devolverme un rato a mi hermano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario