domingo, 26 de febrero de 2017
La derrota que nos hacemos a nosotros mismos
Acabo de volver de la panaderia. Un encuentro casual, como tantos, con una chica desconocida bastante atractiva. Según vienes de vuelta, por tu mente pasan ideas como "una chica así no estará soltera" o "y tu con estas pintas".
Es gracioso, porque algo parecido pasa en casi cualquier aspecto de la vida. ¿Para qué vas a echar un curriculum si total, ya tendrán miles? ¿De qué sirve hacer deporte, si vas a seguir gordo igualmente? Cosas así nos suceden a diario, momentos en que bajamos los brazos antes siquiera de haberlos levantado. Y es un error. Porque las cosas suceden como y cuando tienen que suceder, pero si no le ponemos nuestra parte de esfuerzo, de ganas, de intensidad, no van a pasar. Tenemos que cruzar esa puerta. Tenemos que echar ese curriculum, ponernos los tenis, saludar a la chica e intentar hablar. Porque es parte de un estado mental, de una composición de lugar. Dice el refrán que "dios ayuda a los que se ayudan a si mismos". Bien. Pues a por ello. Porque una vez lo intentes y fracases... te darás cuenta de que tampoco era tan importante. De que tu eres mejor de lo que pensabas, solo por haber sido tan valiente de intentarlo. Y que igual que lo has intentado una, puedes intentarlo más veces.
Esto no es con la chica. Esto es contigo mismo.
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