martes, 7 de febrero de 2017
Mundo nacional VS Mundo global
Este fin de semana he "anfitrioneado" a una invitada muy maja, una chica coreana que está viajando por España. El caso es que hemos hablado de muchísimas cosas y, entre ellas, me ha llamado la atención algo que ha dicho.
Todo el mundo es igual en cualquier parte del mundo.
Ella dice que la prueba de ello es que su sobrina, y la sobrina de su anterior anfitrión, tienen la misma edad. Y ambas son Minnie Mouse y ambas son muy parecidas. Yo discrepo parcialmente. Somos todos iguales porque no dejamos de ser chimpancés poco peludos y tener necesidades biológicas similares. Pero la respuesta a esas necesidades es lo diferente, sobre todo en el plano abstracto. Los seres humanos somos distintos. Pero somos distintos en tanto y en cuanto nos organizamos en diferentes tribus y esas tribus poseen dinámicas diferentes. Nos adaptamos al medio.
Eso ha sido siempre así... hasta ahora. Vivimos en un mundo global intercomunicado donde todo sucede a una velocidad asombrosa. Esta mañana mismo charlaba con una chica que está en EEUU. Yo me voy a trabajar a las 6 y ella se va a dormir a las medianoche, pero lo hacemos a la vez.
Realmente, ese es el desafío de nuestra época. Lo he dicho varias veces pero lo repito; mi generación vive entre la Globalización y el Nacionalismo (o la teocracia o cualquier otra pulsión diferenciadora). Vivimos entre integrar y disgregar y ese es nuestro conflicto. Yo me relaciono con mucha gente de otros países y uno percibe dos tendencias. Por un lado está ese ser humano global, que habla idiomas, se integra, se mezcla, muy imbuido de valores occidentales... y por otro lado ese ser humano local, que no quiere aprender, ni mezclarse, ni integrarse. Como decía la coreana, somos iguales en todas partes, pero la diferencia es el "sabor". La forma de mostrar ese rechazo a la diferencia.
Yo no creo en la diversidad sin limites. Tampoco creo en nuestra capacidad para aceptar cualquier cosa, ni en la del otro. Somos territoriales como buenos chimpancés. Pero si creo en nuestra capacidad para alcanzar acuerdos, para construir espacios. Como decía ayer hablando con Jose, somos un par de ingenuos. Pero me gusta creer que el futuro será mejor, que aunque sucedan cosas terribles -la Historia humana es una lista de cosas terribles-, también habrá cosas maravillosas y seguiremos evolucionando hacia mayor satisfacción, felicidad, desarrollo. Seguirá habiendo niños y música y películas. Seguiremos contando historias y creando y mezclándonos.
Creo que esta lucha en la que se encuentra el mundo, empujada por el cambio climático y por las propias dinámicas que nos hemos impuesto a nosotros mismos, volverá a demostrar nuestra capacidad para ser monstruos... y para ser héroes. Y quiero ser optimista.
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