miércoles, 22 de febrero de 2017
Actitudes
Llevo una semana regular. Pero he decidido que voy a ser feliz. Y tampoco es tan complicado, siempre y cuando no te vengan a tocar demasiado las narices.
Hoy he salido del trabajo a las seis de la tarde. Pensaba ir a correr, pero me decidí a probar una ruta que me había comentado un compañero. Me perdí. No soy muy bueno con el coche, y de repente me ví entre matas... por una pista de tierra...
Y cuando me dí cuenta estaba precisamente en el sentido contrario a donde debería. Flipé. Un paisaje asombroso. Estuve por sacar una foto, pero tuve miedo de que la policia me detuviera. Aún así fue fantastico. Luego seguí perdido. Lo he pasado bastante mal y he llegado una hora más tarde a casa, echando a perder el día... pero ha merecido la pena. Porque he visto un sitio nuevo, porque he descubierto posibilidades. Porque he abierto mi mente y mi espíritu y me he permitido asombrarme y sentir. Y aunque he tenido miedo, miedo de muchas cosas (de la policia, de llegar tarde, de no saber salir, de estropear el coche y no tener como pagarlo, de quedarme tirado con el coche y no saber explicar como ni donde estoy... ), ha merecido la pena. Y me siento feliz de haber explorado sin querer, de haberme perdido y de seguir perdiendome y aprendiendo y viviendo, incluso de casualidad.
Y mientras venía conduciendo, intentando llegar a tiempo antes de que anocheciera (sin conseguirlo) y no matarme, no paraba de protestar y de gruñir. Y a la vez, estaba super contento. Porque depende de como nos tomemos las cosas, un retraso puede ser una incomodidad y una tortura o una oportunidad y una experiencia. Hay que saber tirar el reloj, el movil y todo y simplemente vivir el momento, como los perros o como los niños.
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