sábado, 30 de mayo de 2020

Los muros que construimos en torno a nosotros


Hoy estaba pensando en mi colega, la que no puede cambiar. "Estoy mal y no sé porqué". 
No, claro que lo sabes. Lo que pasa es que te da miedo el cambio. Lo que pasa es que salir de tu rutina te asusta y tienes un montón de excusas a mano. Basta con meterte en google y poner "tengo X" y google te da un motivo patológico perfectamente coherente para justificar tu comportamiento. Tienes fobia a X. Hay radiación. Alienígenas. O cosas que te pasaron y condicionan tu presente de forma clara e inevitable.
Y ey, eso es cierto. Nadie elige sus cicatrices. Pero si elegimos como podemos cambiar. El futuro es una sabana en blanco que nosotros vamos escribiendo con una historia u otra. Es decisión nuestra hacía donde y como queremos evolucionar. Pero es más cómodo quedarnos parados quejándonos.  
No me gusta el termino "zona de confort", porque implica que ahí estamos a gusto y no siempre es cierto. La realidad es que vivimos dentro de una rutina, un espacio, unas habilidades y unas actividades que nos hacen sentir estables. Quizás no contentos, quizás no avanzando... pero al menos no amenazados. Seguros. Es aburrido, triste, quiero otra cosa... pero al menos aquí no llueve. O eso pensamos.
Y es una tontería. Hay que asumir que para conseguir resultados diferentes hay que intentar cosas diferentes.
Tampoco tirarse a lo loco (te estoy mirando a ti, colega de la rusa por internet). Hay que ser coherente y cuidadoso. Ahí fuera hay muchas amenazas y no todas son un yonki con una navaja. Pero ni podemos dejar que eso nos detenga siempre, ni podemos tirarnos de cabeza a ver que pasa. 
Mucha suerte ahí fuera. Pero seguid intentandolo, demonios. Porque si no, luego no podéis quejaros. Que os gusta mucho, malditos. 

miércoles, 27 de mayo de 2020

"Cuando estamos solos, somos martires"


Estaba pensando en esa frase que escuché ayer. Y hoy la comentaba con mi mejor parte y decía que, efectivamente, cuando estamos solos ni disfrutamos de nuestros éxitos ni sabemos tolerar nuestros fracasos. Es verdad. Nos falta esa red social que quita presión a los golpes de la vida (no, la lluvia no me odia especialmente a mi, aunque lo parezca) y que hace que nuestros triunfos sean más grandes.

Estos son tiempos de presión. De aprender a procesar cosas. De estrés. Y de muchísima frustración. Todos echamos en falta algo o a alguien. Todos vamos a ver negadas cosas que queremos. Y no podemos controlar nuestro entorno como nos gustaría. Eso provoca ansiedad, claro. Nos sentimos amenazados, disminuidos. Y ante una situación de ansiedad las reacciones animales son atacar o huir. Podemos huir en el hedonismo, en las aficiones, en la lectura, en la concentración. Podemos dedicarnos al jardín, a estudiar, a hacer deporte. Podemos trabajar constructivamente para hacernos mejor personas y, sin darnos cuenta, caer en la obsesión y empeñarnos en querer competir, con nosotros mismos y los demás, de forma malsana. Podemos caer en otras evasiones mucho más malas y seguro que hay un repunte de depresiones, alcoholismo, violencia domestica...
También podemos atacar. Toda esta ansia de buscar culpables, de expertos de Internet y columnistas deportivos que de repente son expertos biólogos. Esta guerra de discursos, esta incesante crispación. Esta rabia. En buena parte viene de que nos sentimos solos y nos sentimos victimas. Que no niego que alguien tenga sus razones para ello, demonios. Hay mucha gente que está pasándolo muy mal, por diversas razones y es legítimo. E incluso quien no tenga esas razones pero se sienta así también tiene derecho a ello. Nuestro entorno es nuestra percepción del mismo, no existe un "calor objetivo", sino una sensación de ello.

Pero no es sano. No nos ayuda obsesionarnos para escaparnos de una realidad que no nos gusta, ni atacar a lo que consideramos nos provoca esta situación aumentando el nivel de rabia en nuestro entorno. ¿Y como evitar eso? Dándonos cuenta de que no estamos solos. Haciendo videollamadas, escribiendo cartas, participando en foros... siendo parte de una comunidad. Extendiéndonos.
También asumiendo que la realidad no es como nos gustaría y procesando esa frustración. Convirtiendo los problemas en desafíos y de ahí en oportunidades. Sabiendo parar. Entendiendo que el descanso también es parte del proceso de mejora y que la calidad no se mide solo en los resultados objetivos, sino en aquellas percepciones de avance que tenemos. Perdonándonos nuestros errores y asumiendo que somos humanos y extendiendo esa generosidad a los demás. Asumiendo que la humildad no es humillante.
No estamos solos. Y si lo estamos, debería ser fácil dejar de estarlo. Vamos a trabajar en ello.

martes, 26 de mayo de 2020

Gente que suma


En estos tiempos de alzados en armas contra... contra todo, es agradable encontrarse con alguien que puede sentarse un ratito a reflexionar y tener una conversación "de adultos".
Hoy he tenido esa suerte. Mi anterior beer-budy ha reaparecido en mi vida, apenas un flash, y me ha acompañado al médico y luego hemos estado charlando. Con una Coca Cola delante. Vergüenza de nuestros nietos, deshonor para mi vaca. Pero tiempos desesperados exigen medidas desesperadas y si bebes, no conduzcas. Decenas de anuncios de la DGT, entre el gore y la violencia emocional, nos han convencido de eso y la responsabilidad, a determinadas alturas de la vida, es como el valor; se le supone. Si ni siquiera  hemos aprendido eso, dificilmente podremos reclamar otras enseñanzas.

Como iba diciendo, he tenido la suerte de reencontrarme con mi beer budy. Y nos hemos puesto al día sobre "cosas de adultos". No hace tanto hablábamos de viajes, trabajo y aventuras. Ahora las aventuras son otras, los viajes son los que son y miedo me da que dentro de X tiempo acabemos hablando de pañales. Pero es la vida. Vamos avanzando. Lo mejor es que, incluso en momentos como este, seguimos teniendo ese talento para escuchar al otro, comprenderlo, dejarle desahogarse y luego apuntarle nuestra opinión. Con respeto. Sin prisa. Compartiendo la sana distancia de los acontecimientos en la cual, ok, sí, el mundo puede estar ardiendo pero esta losa en concreto solo está tibia y porqué demonios voy a enfadarme, si tengo una cervecita en la mano (o una coca cola) y mi gente está bien. Teniendo las prioridades claras.

Realmente, hay gente que es un bálsamo para tu alma. Gente que comparte contigo una forma de asumir los problemas y las dificultades y, sobre todo, gente que entiende cuando es el momento de tirarle al otro tu basura emocional y cuando, si no te importa, gracias, hay que pedir permiso para compartir según que cosas. Gente que da, pero no pide y gente que no presiona ni empuja.

Mi beer budy ha pasado la cuarentena como ha podido, encerrado en una suerte monacal de ora-et-labora. Que es la mejor forma de asumir tiempos extraños, siendo exquisito con la comida informativa (no, no vais a llenar mi casa de gritos), dedicándose a actividades productivas, evitando el choque (¿que he dejado los platos sucios? Sí, lo he hecho) y concentrado en un horizonte en el que van a pasar cosas buenas. Y la verdad, verlo y escucharlo hoy me ha recordado muchas cosas que se me habían escapado. Decía alguien más listo que yo que, en nuestro interior, siempre sabemos lo que queremos. Pero que nos despistamos, ponemos excusas, no queremos verlo...
Hoy, me han recordado lo que hacemos bien. Y me encanta. Así que muchas gracias y hasta pronto. Y que caigan futbolines y birras y buenos ratos.

sábado, 16 de mayo de 2020

Se ha muerto Julio Anguita


Hace un rato he dejado a mi novia con las amigas en otra ciudad. Al volverme en el coche he puesto la radio y, en rabiosa primicia, he escuchado a un político dar el pésame por la radio a la familia de Julio Anguita.
Para los que no lo conozcan, Julio Anguita fue el secretario general del partido comunista y de Izquierda Unida durante los 90l. Coincidió con los gobiernos de Felipe Gonzalez y de Jose María Aznar y, para la gente de mi generación, fue la cara y la voz de ese partido.
Como hace más de diez años que se retiró, para trabajar de profesor en su ciudad, ahora todos nos llenaremos la boca con lo buen hombre que era, lo fantástico que fue y lo mucho que todos lo queremos. Más que nada, porque nadie tiene nada que perder. Eso es algo que me sorprendió cuando murió Margaret Thatcher, que aunque hacía décadas que no era una figura política de primer orden hubo quien se alegró y la llamó de todo. Pero aquí tenemos una memoria muy cortita.
Julio Anguita levantó muchas ampollas en su época y siguió levantándolas hace poco, precisamente con el tema catalán, pero como no tiene mando en plaza se le puede perdonar. Fue siempre critico a los pactos con los partidos nacionalistas, criticó la desindustrialización de España y la perdida del sector productivo, fue contrario a la OTAN y las intervenciones militares. Julio Anguita defendió cosas que, hoy en día, nos parecerían románticas e inocentes. Era un político del estilo de Jeremy Corbyn, al que hasta hace un cuarto de hora le llamaban poco menos que anticristo.
Para los que crecimos en aquella época, ese hombre es una de nuestras referencias personales. Y es una referencia que ha sobrevivido bien el paso del tiempo. No es un Felipe con las zarpas metidas en consejos asesores ni un Áznar con sus fundaciones, un Puyol con sus escándalos... de toda la generación de políticos con los que crecimos, es el único de primera línea que supo disolverse, tener algo de clase y elegancia, desaparecer. Guardar un legado y seguir siendo una referencia, quizás no tanto por sus ideas como por sus formas.
Hace poco leí que, en los ochenta, Julio Anguita tenía una pistola en su despacho. Porque fue el primer alcalde comunista de España, en esos setenta y ochenta tan violentos de los que tampoco recordamos nada. Del secuestro de Quini, de ETA, del GRAPO... de eso suena algo. Pero los sucesos de Montejurra, Antonio Caparros, los independentistas armados gallegos y catalanes, los grupos fascistas, los primeros neonazis, el Papa Clemente, los carlistas... de eso no recordamos nada. Esa España desapareció como si nunca hubiera existido y de repente todos eramos demócratas, todos nos entendíamos y respetabamos, todos eramos unos santos varones. Ayer mismo leí que Fraga y Carrillo fraguaron una especie de amistad personal, ese gran triunfo personal, omitiendo detalles de la biografía de ambos que quizás ensuciarían un poco esa foto tan fantástica que queremos darnos a nosotros mismos.
Se ha muerto Julio Anguita y el mundo es un poquito más triste hoy. No porque fuera el santo que van a hacer que parezca, porque sale barato como arma para criticar a todo lo que hay ahí fuera. No. El mundo es un poquito más triste porque era alguien a quién daba gusto oír hablar y en esta era de twits y portadas, se echa en falta alguien que sepa llenar veinte minutos de silencio con reflexiones, citas, pensamientos e ideas que merecen la pena ser escuchados. Y también es triste porque se va una parte de nuestras vidas que nunca volverá.

viernes, 8 de mayo de 2020

Cada vez más fanatizados


Ayer se me ocurrió meterme en una "guerra de internet". Basicamente porque de un tiempo a esta parte me asomo a Facebook para charlar con gente y ver como les va la vida y me veo asaltado por una retorica cada vez más agresiva, con argumentos y temas que me parecen, cuando menos, peregrinos. Entiendo que todos proyectamos e intentamos ver el mundo en nuestros términos pero, como leí el otro día en un fantástico meme
- Papá, son fake news
- Pero, ¿como van a ser falsas si dicen exactamente lo que yo pienso?

El caso es que me metí en una discusión sobre la concesión del contrato de fragatas de la US Navy a Fincantieri, porque me parecía muy poco lógico resolver cuestiones de realpolitik en base a discusiones personales. Encontré una fuente que daba una serie de argumentos que encajaban más con lo que yo pensaba. No porque fueran ciertos, sino porque podían generar un cierto debate en el cual contrastar posiciones. Y entonces me encontré con eso que también había leído el otro día
"No intente discutir con un fanático, porque sus argumentos surgen de sus propias emociones y no se puede racionalizar contra emociones".
Es cierto. Tomando ambas ideas, la del prejuicio propio convertido en hecho y la de la emoción como base argumentaria, nos encontramos en una situación en la que es realmente difícil encontrar alguien con quién tener una discusión digamos "racional". No. Enseguida se cae en la Ley de Godwin y el insulto personal, en el argumento Ad Hominem (tengo aquí un decálogo de la lógica absolutamente recomendable, por si algún día nos apetece discutir sabiendo lo que hacemos) o en el "esta es mi opinión y tienes que respetarla".
Y no, caballero. Si ud odia a la gente de Valladolid y me dice que la pandemía surge por culpa de alguien de Valladolid, tendrá que darme argumentos que demuestren su afirmación. Argumentos basados en causa y efecto, en relaciones directas y posibles relaciones indirectas. No me podrá hablar de que hace quince años la gente de Valladolid ponía la música muy alta y por eso se hundió el dolar o que había un vallisoletano entre los quince mil primeros contagiados. Eso demuestra sus prejuicios y encaja en su visión del mundo, pero si quiere que me llegue a mi la idea (o si aunque sea le interesa) tendrá que "traducir" su visión del mundo a la mía.

Ese es el problema real. No tenemos empatia, no queremos convencer sino vencer. Y por eso, cada vez estamos más radicalizados y más enfadados, más metidos en ghettos donde compartimos solo con la gente que piensa como nosotros. Cada vez cavamos más honda nuestra trinchera ideológica, lo que nos hace más seguros pero a la vez más inaccesibles. Cada vez estamos más solos. Y la verdad, me parece bastante triste que, en lugar de sentarnos a confrontar ideas y encontrar puntos de acuerdo, queramos eliminar el discurso que no nos gusta o las realidades que no encajan con nuestra visión del mundo, como niños que si cierran los ojos y los oídos el coco se irá. Y así vamos.

Hace algo de tiempo, creo que fue a Pepe Mújica, le escuché decir que la democracia es el gobierno de la polis. Me dio por investigar sobre el tema y, no sé ya si lo escuché en algún lado o es algo que desarrollé yo, entendí que la democracia consiste en la lucha de poder entre diversos grupos que compiten, pero deben coexistir. Es decir, dado que no puedo esclavizar a los productores de naranjas, tengo que conseguir que produzcan naranjas de la forma más barata posible para yo ser feliz. Pero como los productores de naranjas también tienen que vivir, ellos querrán venderlas lo más caras posibles para ser felices. El punto donde yo creo que pago demasiado y él cree que pago demasiado poco es donde la cosa funciona. O como decían en otro sitio, un buen acuerdo es aquel en el que ninguno de los dos sale contento.
¿Es tan difícil de entender que esto se aplica a la convivencia social y política? ¿O quizás es que nadie le ha contado esto a ud?

Si ha leido hasta aquí, es mi héroe. Un abrazo y muchas gracias.

lunes, 4 de mayo de 2020

La difícil vida del bajista

Contradiciendome a mi mismo en esta mi n-pirueta verbal, voy a quejarme un poco. En mi descargo diré que no es tanto una queja circunstancial como una queja existencial; me quejo porque soy, no porque estoy.
¿Y que soy? Os preguntáis, intrigados, contemplando la pantalla anonadados. ¿Qué es? ¿Qué puede ser?
Pues el título ya lo dice, coñe. Que nadie se fija en lo obvio.
Como dijeran en "La vida de brian" no hay que entender las cosas en sentido literal. Es decir, no tanto un bajista como "persona que toca el bajo" sino como "bajista"... así como más amplio. Más general.
¿Os suena Police? Ahí tenéis la explicación a la pregunta. Casi todas las canciones empiezan con el bajo y la batería, que mantienen el ritmo, mientras la guitarra hace "cosas" por encima. Algunos de nosotros somos como ese bajista, que se dedica a empezar algo, le da fuerza, volumen y cuerpo pero es incapaz de definir. Gente con una infinidad de proyectos, aficiones, ideas... que terminan en nada porque no tienen sustento sobre el que crecer. A veces simplemente te viene una inspiración... pero sabes que no tiene recorrido. Y en cierto sentido terminas cogiendo los proyectos de los demás y cambiando cosas, corrigiendolos, dandoles otro angulo, completandolos. La frustración crece porque sabes que no eres capaz de hacer un proyecto solo, pero tampoco te gusta depender de los demás. Y terminas mezclandote a medias, empezando cosas para no acabarlas, volviendo a la casilla de salida. En cierto sentido, nunca estás solo del todo ni acompañado del todo.
Es complicado. Pero a veces, recuerdas algo que hiciste con gente y que estuvo muy guay. O alguna conversación que tuviste, algo que escribisteis, un viaje... algo. Y te das cuenta de que, para alguna gente, tu has supuesto una diferencia. Has hecho sus vidas mejores. Y eso te gusta mucho y te anima, te hace sentirte mejor. A veces, ser un bajista no es tan malo.

viernes, 1 de mayo de 2020

Gente que nunca está contenta

Hoy un amigo estaba quejándose de una movida que me ha hecho recordar lo que leí en un meme.
"Las mujeres somos tan especiales, que cuando aparece el príncipe azul no es del tono de azul que queremos."
Yo entiendo que muchas veces la vida no funciona conforme a como nos gustaría que lo hiciera. De hecho, en momentos como ahora, el que la vida funcione ya debería de ser motivo de celebración. Pero entiendo que la gente espera un determinado grado de compromiso y rendimiento y que no debe relajarse ante esas exigencias.
El problema es cuando extendemos esa exigencia. Yo no tengo nada en contra de que se espere algo de los demás... pero tenemos que reducir el volumen de ruido emocional que emitimos. En una situación como esta el quejarse constantemente perjudica a nuestro entorno y nos aísla aún más. Sin ponernos horteras (no defiendo esas paginas web que han salido para emitir "solo buenas noticias". A ver, siguen pasando cosas malas) hay que evitar ensañarse para no perjudicar a aquellos de nuestro entorno que están o pueden estar un poco más tocados.
Es por salud. Por salud mental y emocional.