Ayer se me ocurrió meterme en una "guerra de internet". Basicamente porque de un tiempo a esta parte me asomo a Facebook para charlar con gente y ver como les va la vida y me veo asaltado por una retorica cada vez más agresiva, con argumentos y temas que me parecen, cuando menos, peregrinos. Entiendo que todos proyectamos e intentamos ver el mundo en nuestros términos pero, como leí el otro día en un fantástico meme
- Papá, son fake news
- Pero, ¿como van a ser falsas si dicen exactamente lo que yo pienso?
El caso es que me metí en una discusión sobre la concesión del contrato de fragatas de la US Navy a Fincantieri, porque me parecía muy poco lógico resolver cuestiones de realpolitik en base a discusiones personales. Encontré una fuente que daba una serie de argumentos que encajaban más con lo que yo pensaba. No porque fueran ciertos, sino porque podían generar un cierto debate en el cual contrastar posiciones. Y entonces me encontré con eso que también había leído el otro día
"No intente discutir con un fanático, porque sus argumentos surgen de sus propias emociones y no se puede racionalizar contra emociones".
Es cierto. Tomando ambas ideas, la del prejuicio propio convertido en hecho y la de la emoción como base argumentaria, nos encontramos en una situación en la que es realmente difícil encontrar alguien con quién tener una discusión digamos "racional". No. Enseguida se cae en la Ley de Godwin y el insulto personal, en el argumento Ad Hominem (tengo aquí un decálogo de la lógica absolutamente recomendable, por si algún día nos apetece discutir sabiendo lo que hacemos) o en el "esta es mi opinión y tienes que respetarla".
Y no, caballero. Si ud odia a la gente de Valladolid y me dice que la pandemía surge por culpa de alguien de Valladolid, tendrá que darme argumentos que demuestren su afirmación. Argumentos basados en causa y efecto, en relaciones directas y posibles relaciones indirectas. No me podrá hablar de que hace quince años la gente de Valladolid ponía la música muy alta y por eso se hundió el dolar o que había un vallisoletano entre los quince mil primeros contagiados. Eso demuestra sus prejuicios y encaja en su visión del mundo, pero si quiere que me llegue a mi la idea (o si aunque sea le interesa) tendrá que "traducir" su visión del mundo a la mía.
Ese es el problema real. No tenemos empatia, no queremos convencer sino vencer. Y por eso, cada vez estamos más radicalizados y más enfadados, más metidos en ghettos donde compartimos solo con la gente que piensa como nosotros. Cada vez cavamos más honda nuestra trinchera ideológica, lo que nos hace más seguros pero a la vez más inaccesibles. Cada vez estamos más solos. Y la verdad, me parece bastante triste que, en lugar de sentarnos a confrontar ideas y encontrar puntos de acuerdo, queramos eliminar el discurso que no nos gusta o las realidades que no encajan con nuestra visión del mundo, como niños que si cierran los ojos y los oídos el coco se irá. Y así vamos.
Hace algo de tiempo, creo que fue a Pepe Mújica, le escuché decir que la democracia es el gobierno de la polis. Me dio por investigar sobre el tema y, no sé ya si lo escuché en algún lado o es algo que desarrollé yo, entendí que la democracia consiste en la lucha de poder entre diversos grupos que compiten, pero deben coexistir. Es decir, dado que no puedo esclavizar a los productores de naranjas, tengo que conseguir que produzcan naranjas de la forma más barata posible para yo ser feliz. Pero como los productores de naranjas también tienen que vivir, ellos querrán venderlas lo más caras posibles para ser felices. El punto donde yo creo que pago demasiado y él cree que pago demasiado poco es donde la cosa funciona. O como decían en otro sitio, un buen acuerdo es aquel en el que ninguno de los dos sale contento.
¿Es tan difícil de entender que esto se aplica a la convivencia social y política? ¿O quizás es que nadie le ha contado esto a ud?
Si ha leido hasta aquí, es mi héroe. Un abrazo y muchas gracias.