lunes, 4 de mayo de 2020

La difícil vida del bajista

Contradiciendome a mi mismo en esta mi n-pirueta verbal, voy a quejarme un poco. En mi descargo diré que no es tanto una queja circunstancial como una queja existencial; me quejo porque soy, no porque estoy.
¿Y que soy? Os preguntáis, intrigados, contemplando la pantalla anonadados. ¿Qué es? ¿Qué puede ser?
Pues el título ya lo dice, coñe. Que nadie se fija en lo obvio.
Como dijeran en "La vida de brian" no hay que entender las cosas en sentido literal. Es decir, no tanto un bajista como "persona que toca el bajo" sino como "bajista"... así como más amplio. Más general.
¿Os suena Police? Ahí tenéis la explicación a la pregunta. Casi todas las canciones empiezan con el bajo y la batería, que mantienen el ritmo, mientras la guitarra hace "cosas" por encima. Algunos de nosotros somos como ese bajista, que se dedica a empezar algo, le da fuerza, volumen y cuerpo pero es incapaz de definir. Gente con una infinidad de proyectos, aficiones, ideas... que terminan en nada porque no tienen sustento sobre el que crecer. A veces simplemente te viene una inspiración... pero sabes que no tiene recorrido. Y en cierto sentido terminas cogiendo los proyectos de los demás y cambiando cosas, corrigiendolos, dandoles otro angulo, completandolos. La frustración crece porque sabes que no eres capaz de hacer un proyecto solo, pero tampoco te gusta depender de los demás. Y terminas mezclandote a medias, empezando cosas para no acabarlas, volviendo a la casilla de salida. En cierto sentido, nunca estás solo del todo ni acompañado del todo.
Es complicado. Pero a veces, recuerdas algo que hiciste con gente y que estuvo muy guay. O alguna conversación que tuviste, algo que escribisteis, un viaje... algo. Y te das cuenta de que, para alguna gente, tu has supuesto una diferencia. Has hecho sus vidas mejores. Y eso te gusta mucho y te anima, te hace sentirte mejor. A veces, ser un bajista no es tan malo.

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