miércoles, 27 de mayo de 2020

"Cuando estamos solos, somos martires"


Estaba pensando en esa frase que escuché ayer. Y hoy la comentaba con mi mejor parte y decía que, efectivamente, cuando estamos solos ni disfrutamos de nuestros éxitos ni sabemos tolerar nuestros fracasos. Es verdad. Nos falta esa red social que quita presión a los golpes de la vida (no, la lluvia no me odia especialmente a mi, aunque lo parezca) y que hace que nuestros triunfos sean más grandes.

Estos son tiempos de presión. De aprender a procesar cosas. De estrés. Y de muchísima frustración. Todos echamos en falta algo o a alguien. Todos vamos a ver negadas cosas que queremos. Y no podemos controlar nuestro entorno como nos gustaría. Eso provoca ansiedad, claro. Nos sentimos amenazados, disminuidos. Y ante una situación de ansiedad las reacciones animales son atacar o huir. Podemos huir en el hedonismo, en las aficiones, en la lectura, en la concentración. Podemos dedicarnos al jardín, a estudiar, a hacer deporte. Podemos trabajar constructivamente para hacernos mejor personas y, sin darnos cuenta, caer en la obsesión y empeñarnos en querer competir, con nosotros mismos y los demás, de forma malsana. Podemos caer en otras evasiones mucho más malas y seguro que hay un repunte de depresiones, alcoholismo, violencia domestica...
También podemos atacar. Toda esta ansia de buscar culpables, de expertos de Internet y columnistas deportivos que de repente son expertos biólogos. Esta guerra de discursos, esta incesante crispación. Esta rabia. En buena parte viene de que nos sentimos solos y nos sentimos victimas. Que no niego que alguien tenga sus razones para ello, demonios. Hay mucha gente que está pasándolo muy mal, por diversas razones y es legítimo. E incluso quien no tenga esas razones pero se sienta así también tiene derecho a ello. Nuestro entorno es nuestra percepción del mismo, no existe un "calor objetivo", sino una sensación de ello.

Pero no es sano. No nos ayuda obsesionarnos para escaparnos de una realidad que no nos gusta, ni atacar a lo que consideramos nos provoca esta situación aumentando el nivel de rabia en nuestro entorno. ¿Y como evitar eso? Dándonos cuenta de que no estamos solos. Haciendo videollamadas, escribiendo cartas, participando en foros... siendo parte de una comunidad. Extendiéndonos.
También asumiendo que la realidad no es como nos gustaría y procesando esa frustración. Convirtiendo los problemas en desafíos y de ahí en oportunidades. Sabiendo parar. Entendiendo que el descanso también es parte del proceso de mejora y que la calidad no se mide solo en los resultados objetivos, sino en aquellas percepciones de avance que tenemos. Perdonándonos nuestros errores y asumiendo que somos humanos y extendiendo esa generosidad a los demás. Asumiendo que la humildad no es humillante.
No estamos solos. Y si lo estamos, debería ser fácil dejar de estarlo. Vamos a trabajar en ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario