El otro día leí algo que me sorprendió. Resulta que, hasta mitad del siglo XIX, los zapatos se hacían iguales para ambos pies. Una diferencia tan obvia que ahora nos resulta inconcebible, en aquella época no existía. La gente compraba los zapatos y estos se iban deformando por el uso, hasta tomar la forma del pie. Algo que podría haberse hecho antes, pero supongo que a la gente le parecía un trabajo excesivo. Supongo que como con el tema de las tallas.
Hoy en día, vivimos atrapados en la idea de la estandarización. Todos tenemos que comer lo mismo, vestir lo mismo, pensar lo mismo. Te metes en cualquier red social y hay una presión violenta hacia estandarizarte. Y a la vez, esa presión incide sobre nuestra pereza, un rasgo sumamente desarrollado mediante una doble pinza de agotamiento físico, emocional e intelectual ante una vida de sobreestimulos y expectativas por un lado y, por el otro, un hedonismo cultural que defiende la búsqueda del placer y la omisión del displacer/sufrimiento como las mayores virtudes.
Es absurdo. Siglos de filosofía, religión, cultura, socialización nos enseñan que ese no es el camino de la felicidad. Que todo proceso que se lleva a buen término es uno que puede iniciarse en términos generales pero debe adaptarse a la situación y las circunstancias. Y eso se aplica a todo. Por eso la gente rica va a sastres; porque una camisa “standard” es el primer paso, pero si queremos la excelencia esa camisa debe ser adaptada a mí.
Pero este es un proceso de iluminación. Para llegar a esta idea, primero tenemos que haber intentado otras y equivocarnos. Y aprender de nuestros errores. El proceso de aprendizaje, en su aspecto de “prueba y error” incluye un paso siguiente, el análisis. Si nos equivocamos pero no nos preguntamos porqué… entonces estamos siempre en la casilla de salida, condenados a equivocarnos siempre de la misma manera sin sacar en ningún momento una conclusión positiva.
Aplicado al termino de las relaciones, todo se vuelve muchísimo más complicado, claro. Hay que coordinar a dos personas. Y el problema de dicha coordinación es que, para poder hablar el mismo idioma, deben encontrarse en un punto parecido de desarrollo. Eso es difícil. Y quizás, sea el campo sobre el que más debo trabajar en este momento presente.
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