Este fin de semana he revisitado una historia de algo que pasó hace un año y pico, algo que conoce bastante gente de mi círculo pero que creo que nunca he escrito aquí sobre ello. Y creo que ya ha pasado el tiempo suficiente como para poder revisarlo, sin que se me salten las lágrimas.
Esta es la historia de una persona que conozco. Llamemosle, no sé, "Javi". Javi tiene una novia ucraniana. Y Javi, cuando empezó la guerra el año pasado, lo pasó fatal. Lógico. Porque no solo tiene a su novia; tiene amigos allí, conocidos, familia política... ha estado varias veces en el país. Para Javi, no es algo que sale por la tele y, cuando se pasaba horas por la noche intentando que su novia durmiera, comiera, con miedo a hacer ruido... para Javi, según me contó, era como tener a un familiar muy enfermo y no poder hacer nada para que estuviera mejor.
Después de una semana de guerra, la suegra de Javi sobrevivió a un bombardeo en el que podía haberse quedado allí. Era la segunda vez en una semana que se despedía de la novia de Javi, porque no sabía si iba a seguir viva. Incapaz de soportarlo más, la novia de Javi presionó a su madre hasta que esta aceptó coger el primer tren que hubiera e irse a España.
Javi se enteró por la tarde. Le llamaron al trabajo y le dijeron "coge tus cosas, necesito que vengas conmigo a Polonia". Javi le dijo a su jefe lo que había y su jefe le dijo "haz lo que debas. Si podemos ayudarte en algo, te ayudamos. Pero tu vé y haz lo que tengas que hacer". Javi me dijo que nunca olvidará eso y que, lo que hizo su jefe y sus compañeros por él, no es cualquier cosa.
Así que Javi se fue a casa. Compraron billetes, planearon la ruta, sacaron certificados COVID (era Marzo del 22, aún había limitaciones a los viajes). Al día siguiente, se fueron a Polonia. Para no hacer esta historia eterna, os diré que Javi y su novia viajaron durante veinte horas, tuvieron discusiones pero llegaron a la frontera. Gracias a un amigo de Javi y mío, Luichi, que vive en Polonia y les echó un cable del carajo para que tuvieran donde dormir. Otro favor que Javi no olvidará.
El caso es, según me contó, hacía dos bajo cero en la frontera. Llegaron a las 19. La suegra de Javi cruzó a la 01. Y durante todo ese tiempo, Javi estuvo ahí, de pie, animando y tranquilizando a su novia, meintras veía pasar ancianos, niños, mujeres. Gente con mascotas o con una mochila, con su vida encima. Gente con miedo, que no había hecho daño a nadie y que no tendría que estar allí. Y tuvo que decirle a su novia que se tragara las lagrimas, porque cuando su madre pasara, lo que debía ver era una sonrisa. Que ya lloraría cuando pudiera. Javi tampoco olvidará eso.
Y fueron a un hotel y encontraron un chip para el gato y buscaron donde quedarse y no encontraron aviones de vuelta... cuando Javi comentó en un grupo de Whatsapp donde estamos unos cuantos, que los billetes eran muy caros, la gente empezó a hacerle bizums. Sin venir a cuento. Simplemente queriendo ayudar. Y Javi tampoco olvidará eso, porque se fundió todos sus ahorros en este viaje pero la gente le dio lo que tenía, sin que él lo pidiera. Y finalmente, después de un fin de semana en Polonia, el lunes por la noche consiguieron regresar a España, gracias también a amigos que recogieron a su suegra y a amigos que los ayudaron a buscar vuelos. Y el martes, Javi estaba en el trabajo como un campeón, porque se la debía a su jefe y a sus compañeros, aunque le dijeron que se quedara en casa y descansara.
Para Javi, la guerra no es política. Cuando le dije a Javi que qué huevos lo que había hecho, me miró con cara de palo y me dijo que, si alguien se viera en su situación, eso es lo mínimo que podría hacer. Y me dejó pensando. Primero, en que hay muchas cosas que damos por hecho, hasta que pasa algo que te pone la vida patas arriba y te toca hacer algo, decidir, ser. Cuando suena la corneta y se vé de qué estamos hechos cada uno. Y demonios, ojalá si algún día me pasa, lo haga la mitad de bien que lo hizo Javi. Que seguro que alguna cagada metería (me dijo que su novia y él se pasaron medio viaje peleandose y que, en un momento, le pegó un grito y su suegra lo miró acojonada. Y que se siente super culpable de haberle hecho pasar ese susto a la pobre mujer), pero que hizo lo que tenía que hacer, como le dijo su jefe.
Segundo, que gracias a Dios que tenemos la distancia suficiente para no haber visto ni vivido lo que le tocó a él. Y que, gracias a esa distancia que hace que no seamos víctimas ni verdugos, podamos hablar de esto como algo que sale en la tele. Algo que, por suerte, no nos toca.
Y tercero, que hace falta tener una sensibilidad especial para saber como hablarle a gente como Javi. Lo que ha pasado él, lo sabe él y nadie más. Y dado que, como dije antes, a nosotros no nos toca, desde luego que no hablamos el mismo idioma. Hace muchos años, hablando con Ronald, salió el tema de los niños con sindrome de Down. Y le dije que, si no le importaba, tuviera mucho cuidado con lo que decía. Que yo era (soy) muy sensible a ese tema y, determinadas opiniones, me las tomo mal. MUY mal. Tan mal, como que puedo dejar de hablarle a alguien y sacarlo de mi vida en automático si se cruzan determinadas lineas rojas. Así que mejor tener cuidado. Lo hablamos y no hubo problema, pensabamos parecido y para él fue una experiencia de crecimiento. Pero podría haber ido muy mal. Supongo que, con Javi, pasa parecido. "Mi libertad acaba donde empieza la tuya" significa que, si bien todas las opiniones son válidas, las reacciones que provocan esas opiniones pueden no ser las que esperamos. Y que, un acuerdo básico en toda forma de comunicación, debe ser donde ponemos las barreras.
Por ejemplo, el otro día en el debate sobre las recreaciones históricas. No pasa nada por acordar todo el mundo que "esto es lo que todos entendemos como ofensivo". Y sabiendo eso, es fácil no ofender. Simplemente basta con fijarse.
Siento si esta historia os ha resultado algo rara. No sé ni porqué la escribo, pero este fin de semana la he contado varias veces y me ha extrañado no haberla guardado aquí nunca. Al fin y al cabo, creo que es algo que dentro de un montón de años seguiré contandole a la gente. Porque me impresionó mucho y, a veces, la historia afecta a personas que conocemos. Espero que a Javi y a su novia les vaya bien y les deseo la mejor de las suertes. Si habéis leido hasta aquí, gracias. Un saludo
No hay comentarios:
Publicar un comentario