miércoles, 19 de marzo de 2025

Cuando quise ser alemán

Esta es una historia un poco rara, a propósito de lo que escribí anteriormente. No es ningún secreto, y ya hace tantísimo tiempo de ello que creo que puedo tomarmela a broma.
Los que me conocéis o los que leéis esto (debe haber alguien ahí fuera), sabréis que soy descendiente de inmigrantes. En mi caso, soy tercera generación; mis abuelos vinieron de otra parte. Una parte vecina, así que tampoco tuve "problemas". Además era otra época, con muchísima menos movilidad geografica que ahora; en aquella época en España, los inmigrantes eran un hecho anecdotico. En mi colegio había dos hermanas que eran negras (supongo que seguirán siendolo, perdí el contacto hace decadas) y a todos nos resultaba super exótico y desconocido. Como nos pasa a todos que empezamos a envejecer, consideramos que eran tiempos más inocentes, porque nosotros lo eramos.
Una vez más, me voy del tema. Lo que quería decir es que, ya desde muy pequeño, conozco el conflicto de la identidad. En mi casa se hablaba otro idioma y se veía el mundo de forma diferente a como se hacía en el colegio o en la calle, con lo que siempre, desde muy pequeño, crecí comparando y evaluando todo. ¿Esto que me dicen... coincide en casa y en la calle? Y en caso de conflicto... ¿cual es la buena? Tuve la tremenda suerte de ser educado por personas que no eran dogmáticas, sino que estaban muy abiertas al dialogo. Cuando preguntaba alguna cosa importante en casa, normalmente, la respuesta que recibía era "¿y tu, qué piensas?". Se me educó en el espíritu crítico y se escuchó mi voz desde antes de que cambiara de tono. Lo que, lógicamente, me dotó de herramientas de evaluación desde muy pequeño.
Y había cosas que no veía. Como sucede con todos los adolescentes, creí que tenía la solución a todos los problemas y que entendía el mundo mejor que nadie a mi alrededor. Yo crecí en un sitio con graves problemas de desempleo y con una cuestión social muy importante. No voy a decir que fuera una ciudad pobre, que no lo era ni lo es, pero era y es un sitio con escasez de oportunidades. Es un sitio donde, hasta hace poco, no venían migrantes sino que los locales nos ibamos. Ya desde muy pequeño yo asumí que ese sería mi caso y que tendría que irme, en parte porque me habían enseñado a mirar el mundo mucho más allá de mi ventana y quería conocerlo, y en parte porque la situación laboral apuntaba en esa dirección.
Así pues, siendo muy joven, puse mi objetivo en un lugar que, pensaba, encajaba con mi naturaleza. Un sitio donde podría crecer como persona, desarrollarme y ser "yo mismo". Un sitio donde entendería la mentalidad, la cultura, la forma de vida. Por supuesto, como nos pasa cuando no tenemos ni idea de algo, lo idealizamos. Pasa también cuando no nos gusta lo que tenemos cerca; tendemos a atribuirle cualidades fascinantes a aquello que está lejos. Es un elemento más del contraste que usamos para insultar "esto es una mierda, no como... ". Eso es una trampa que nos hacemos a nosotros mismos que nos estallará en la cara, claro.
Volviendo al tema, como adolescente me apunté en la escuela de idiomas y me puse a estudiar alemán. Y en cuanto tuve oportunidad, fui con un viaje de estudios. Soy bastante viejo; cuando era adolescente, los viajes eran muchísimo más caros que ahora y no estaba todo tan conectado. Así que, mi forma de acceder a otro país, fue a través de un viaje de estudios. Lo que ví encajó parcialmente con la visión que tenía de aquello, pero por supuesto encontré obstaculos lógicos que no había querido ver. Cuando somos así de jovenes, vemos solo lo que nos gusta y no entendemos el precio que se paga por eso. Un sitio puede ser muy limpio, pero solo a través de mucho esfuerzo y disciplina. Un sitio puede ser muy alegre, pero solo mediante el caos y el desorden. Todo "muere de éxito", su propia genesis produce defectos irresolubles, naturales a su misma condición.
Podría resumirlo diciendo que me desencanté, pero no es así. En cierto sentido, yo "crecí" en torno a esa idea. Dicen que te haces adulto el día que perdonas a tus padres por no ser perfectos, tras haberlos adorado de niño y odiado de adolescente. En mi caso, encontrar mi propia voz supuso dejar de buscarme en otros sitios, muy lejos, siempre muy lejos, y entender que yo puedo ser yo en cualquier sitio. Eso le quitó bastante a la necesidad de encontrarme en un determinado sitio, y empecé a entender el mundo más en terminos de personas y relaciones, de acciones y consecuencias, que de grandes principios mitólogicos, dificilmente trasladables a la expereincia personal. No obstente, sí, yo de pibe quise irme a Alemania, vivir allí, ser alemán. Y entiendo que haya otra gente que tenga relaciones similares con otros países, cada persona en base a sus experiencias y su historia. Los seres humanos somos criaturas muy dinámicas y nuestra identidad, precisamente, es algo que varía constantemente con nuestras circunstancias. Y eso está bien, porque podemos revisar nuestras creencias y opiniones y ajustarlas al momento en que vivimos.
Por eso puedo hacer las paces con mi pasado. Porque pienso como pienso, en parte, porque antes pensé de otra manera. Probamos cosas, salen o no, y de esas lecciones aprendemos. En eso consiste crecer. En saber que, en un momento dado de mi vida, quise ser alemán. Aunque ahora esté más comodo siendo yo mismo.

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