El otro día leí una definición curiosa en inglés, que decía que la diferencia entre estar arruinado y ser pobre es que, estar arruinado es una situación en la que te encuentras, una falta temporal de dinero. Mientras que ser pobre se refiere a algo de larga duración, a una falta de recursos y baja calidad de vida.
Ampliado, viene a decir que ser pobre no es algo temporal. Que puede venir motivado por tu mentalidad, por tu gestión financiera, por tus circunstancias... pero no es algo que se vaya a ir en un ratito. Uno de los indicativos de ser pobre es el cortoplacismo. Tu ganas algo y te lo gastas sin pensar, para satisfacer necesidades que llevan mucho tiempo contigo y te provocan frustración. En ese sentido, es fácil identificar a un nuevo rico de alguien que lleva mucho tiempo con estabilidad financiera. Las extravagancias suelen ser de gente que asocia la riqueza con la satisfacción inmediata, sin mesura.
Existe una carácteristica secundaria de la pobreza de larga duración, y es esa espiral viciosa terrible en la que no tienes tiempo ni energía para generar un superavit que te permita salir de tu situación. En ese caso, eres pobre y además estás arruinado. El éxito, como el fracaso, genera su propia inercia y es terrible de contemplar, como primero algo sale mal, luego las consecuencias de ese algo te golpean, luego pierdes seguridad en ti mismo, luego dejas de arriesgarte y crecer... y poco a poco, te vas metiendo en tu esquinita, hasta que salir a la calle te asusta.
Pero, ¿donde ponemos la barrera de la pobreza? ¿Qué consideramos "baja calidad de vida"? Curiosamente, el nuevo milenio nos trae el ciclo de reclamación de la riqueza. A medida que se liberan más y más profesionales de los campos meramente orientados a la supervivencia, surgen estudios y tendencias reclamando elementos de nuestras culturas que antes se consideraban "de pobre". Recuerdo haber ido a un restaurante para gente "de bien" en Madrid y darme cuenta de que la mayoría de comida era muy "natural". Arroz, pasta, verduras... hace treinta años, comer carne era de ricos. El aumento de producción disminuyó la calidad, y ahora los pobres van a Burger King y los ricos comen ensalada. Algo similar sucede con la actividad física, con el espacio natural... en cierto sentido, vivir como "pobres" parece ser más sano de lo que pensabamos antes.
¿Y como se aplica eso a la historia de los pueblos? Hoy reflexionaba sobre que hay sitios que no tienen memoria. Y no tienen memoria porque son "nuevos ricos". Son sitios que aún no han hecho el ciclo completo y no han entendido algo básico; una sana identidad colectiva pasa por conocer nuestros origenes. Gente que, como persona de favela, cree que la felicidad pasa por tener un mercedes, piensan que la cultura consiste en tener arte que no entiende. Y así, en España en los noventa y dos mil vimos el apogeo de los museos de arte moderno, del revisionismo histórico y del nihilismo aplicado a la cultura, de las identidades en conflicto. Como nuevos urbanitas avergonzados del abuelo del pueblo, dejamos de mirar al pasado para hablar y pensar solo en el presente. Ni siquiera en el futuro, ojo. Solo en el presente. Y así nos encontramos con que, ahora, hay gente que dice que el terrorismo de ETA "es algo del pasado". Todo eso sin dejar de hacer palanca política con cosas que sucedieron hace cien años, para llamar a la gente disidente. Una vez hemos borrado el conocimiento, podemos acudir a la emoción y relacionarnos en base a memes, etiquetas, simplificaciones absolutas para simples absolutos.
Me da mucha pena ver nuestra pobreza histórica. Me da mucha pena que no entendamos el presente como un puente entre el pasado del que venimos y el futuro al que queremos ir. No existe un dialogo sobre a qué aspiramos, que queremos ser. Todos vivimos en el ahora. Y despreciamos el ayer. Y como la persona que crece sin padres, esa ausencia genera un vacío que debe ser llenado por algo, en muchas ocasiones por cosas terribles. Por un pasado romántico e idealizado que nunca existió o por una leyenda negra, terrible, absolutamente irreal que se desmonta a poco que apliquemos algo de sentido común y navaja de Ockhan a su estudio.
A cambio de eso, hay sitios que son ricos en historia, y donde la gente la vive de forma totalmente natural. Recuerdo una conversación, hace mucho, con una amiga bulgara cuando la crisis de los refugiados en Europa. Y me dijo, con total seguridad y certeza "nos costó mucho echar a los turcos de aquí, para volver a tenerlos". Me chocó muchísimo. Estaba hablando de algo que había sucedido a principios del siglo XX, un siglo antes. Pero con el tiempo y la perspectiva, me doy cuenta de que no hablaba de cambiar una bandera. De que las culturas, los pueblos, permanecen. Las identidades son mucho más que lo que pone en un carnet. Es tu idioma, tu forma de pensar, tus relaciones familiares, tu dieta, tu concepción del poder. Es tu sexualidad, tu ocio, tu convivencia. Tu religión. Todas esas cosas, que hacen que tu y una persona de tu misma cultura os entendáis en automático (no quiero hablar de "valores compartidos" porque suena político, pero lo es. Al fin y al cabo, la política es la gestión de la convivencia), no cambian tan rápido como nos gustaría. La comida de pobres (los berberechos, en tiempo de mi abuelo, no se comían) que ahora es comida de ricos, no pasa a toda velocidad. E incluso en esta epoca de comunicación acelerada y de cambios sociales salvajes, determinadas cosas siguen llevando tiempo para aposentarse y convertirse en "normales".
Así que, quizás, la diferencia entre estar arruinado y ser pobre es que algunas identidades son mucho más profundas que sus circunstancias, mientras que otras identidades son facilmente reemplazables. Y da igual cuanto tiempo llevemos viviendo en otro país, comiendo otra comida, hablando otro idioma... nunca nos llegaremos a integrar, porque podemos estar arruinados pero no ser pobres. Mientras que otros nos pasamos la vida buscando aceptación, como niños abandonados, en lugar de aceptar quién y qué somos.
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