martes, 17 de junio de 2025

Hay ovejas, porque hay lobos

Hace un rato estaba comentando con un colega nuestra capacidad para ser manipulados, la adicción a internet y la caverna de platón aplicada a las redes sociales (en la cueva pintada "opiniones cada vez más radicales y absurdas", frente a ella "usuarios de internet", detrás de la cortina los algoritmos, cerca de la salida "usuarios aleatorios de internet expresando sus creencias intrinsecas" y fuera, gente que se desconecta y "literalmente el mundo exterior"). Hablabamos de esto y de como estamos sometidos a opiniones y manipulaciones, ante lo que le recordé esta frase, un clásico, que dijera Victor. Porque si bien es cierto que existe mucha psicología, marketing y estudio de lo que ofertamos... para que un producto se venda, alguien tiene que comprarlo. Y, esta es una opinión terriblemente impopular hoy en día que probablemente me haga discutir mucho, ni con toda la manipulación del mundo se puede conseguir que alguien haga algo a lo que se opone firmemente.
Es algo que me sorprendió el otro día viendo la entrevista a Schwarzenegger, pero que me parece que es importante repetir. Vivimos en un mundo de nuestra cabeza. O como decía Marco Aurelio, todo lo que vemos es una percepción, todo lo que oímos una opinión. Cualquier cosa que nos sucede, nuestro cerebro la lee e interpreta. Y decide. Cada día, tomamos una cantidad enorme de decisiones, sobre nuestras acciones pero, sobre todo, sobre nuestras percepciones. ¿Esto es algo positivo o negativo? ¿Conservo esta información o la desecho? ¿Participo o ignoro? Estas decisiones, estos pensamientos, se convierten en acciones que se convierten en costumbres que se convierten en nuestra naturaleza. Somos lo que hacemos de nosotros mismos. Somos lo que hacemos, lo que pensamos, lo que elegimos. Nosotros.
Por tanto, somos nosotros los que, por comodidad, por cansancio, por pereza, por lo que sea elegimos ser manipulados, elegimos no rebelarnos. Elegimos aceptar. Y ey, no pasa nada. Igual que "un caballero a veces tiene que dejarse engañar", a veces la decisión correcta es no oponerse. Yo soy muy dado a ahorrar energia e implicarme solo en conflictos que veo necesarios. En mi caso, mi "norma interna" es solo pelear aquellas que, o no puedo dejar pasar, o veo que el beneficio compensa de sobra el esfuerzo. Pero, y este es el detalle importante, intento ser muy consciente cuando cedo. Como decía mi madre, "no es que no me dé cuenta, es que elijo no darme cuenta" (bueno, mi madre decía algo del tipo "no es que no sepa lo que hacéis, es que hago como que no lo sé". Lo cual es como muy de madre, esa presunción de omnipotencia para poseer una superioridad moral que no acabo de entender, pero patatas). Así que, al menos en mi caso, cuando actuo como oveja suele ser porque yo lo elijo. Porque me conviene ser oveja. Eso de "no tengo más remedio" no lo compro. La constitución alemana, debido a la experiencia del nazismo, lo deja muy claro. Tanto la acción como la omisión son decisiones individuales y conscientes y no pueden ser excusadas. O como dicen las reales ordenanzas de las fuerzas armadas en su artículo 48 (soy un friki de estas cosas): "En todo caso asumirá la grave responsabilidad de su acción u omisión".
Pero ojo, y este es un detalle importante. Elegimos. Llevamos mucho en una dinamica pasiva, de "es lo que hay" o como dice una amiga mía "es lo que me ha tocado". No. Si tu trabajo te explota, puedes dejarlo. Pero no solo si te explota: si no te gusta. Si quieres dedicarte a hacer pulseras en la playa, hazlo. Quizás no tengas para pagar el piso y en ese caso, las consecuencias de tus decisiones deberán ser asumidas por ti. Pero eliges. El ejemplo es un poco exagerado, pero cierto.
Además hay otro detalle más del que Jose Carlos Ruiz habla mucho (muy recomendado). La comunidad. Una cantidad enorme del cerebro humano está diseñado para su socialización. Nuestras acciones tienen consecuencias entre la gente que nos rodea y esa consciencia es tanto positiva como negativa. No somos islas. Y muchas veces, podemos contar con nuestro entorno y debemos hacerlo. No pasa nada por pedir ayuda. La gente que nos quiere nos quiere ver felz y va a trabajar para ello. Acciones, no palabras. Y esas acciones, no palabras, nos van a permitir, desde una posición de oveja, ser lobo. No hay que decir que sí a todo. De hecho no hay que decir que sí a nada que realmente no queramos decir que sí, y esto es importante.
Nuestra libertad es un privilegio. La capacidad de elegir es un privilegio. Y como tal hay que protegerlo, defenderlo, desarrollarlo. Hay que insistir en esto, tanto para nosotros como para los que nos rodean. Elegid. Pero elegid siendo conscientes, maldita sea.

P.D: Quería haber hablado de como los algoritmos condicionan nuestra opinión y como nos dejamos manipular y he acabado hablando de ni sé que. Voy a salir a que me dé el aire. Veinticuatro horas encerrado en casa y dos días sin hablar cara a cara con alguien es demasiado, hay que salir al mundo.

Empapado de pasividad

Acabo de "resucitar". Ayer, después de una semana trabajando por las noches, llegué a casa. Me hice un desayuno enorme, el primer té sin prisa en siete días y me puse a organizar cosas. Limpie, leí... descansé. Desayuné tanto y estaba tan agotado (más de veinticuatro horas sin dormir, tras una semana durmiendo 4-6 horas cada día, sin descansar apenas), que no almorcé ni cené. Ayuno intermitente, que le llaman. Vi series o lo intenté, porque me mareaba. A las cuatro-cinco de la tarde me dio un repunte de energia (la hora a la que tiraba para el trabajo) y dejé de estar cansado, tenía ganas de hacer cosas... pero a las siete decidí acostarme y recuperar. A medianoche ya no podía dormir, pero leí, hice un par de ejercicios respiratorios y a las dos me volví a dormir. Hasta las seis y algo, que es una hora bastante normal para despertarse en un ritmo de días.
Resumiendo. Que estoy reiniciando. Después de una semana muy intensa, la numero quince desde el año pasado. Y me he dado cuenta de algo curioso que ya venía observando estos días. Debido al trabajo, debido al ritmo, entro en una dinamica muy pasiva. Me despierto, hago lo que me dicen, me pongo la ropa que debo. Llevo la comida justa para sobrevivir sin que me siente mal (esta, la semana numero quince, he empezado a trabajar en mi dieta de forma más consciente y creo que eso me ha venido muy bien). En mi tiempo "libre", que es ese ratito en el trabajo en el que no tengo nada que hacer, me enzarzo en actividades que pueden ponerse en pausa. Como decía Graeber en Bullshit Jobs, mientras se supone que estás trabajando no puedes sacar un libro y ponerte a escribir o estudiar. Lo cual es absurdo. Yo cuando iba al instituto, en los huecos que me aburría en clase, escribía. Tengo una novela dedicada a mi profesor de física de cuando tenía quince años, que una vez me pilló y, al saber lo que hacía, me dijo "tu dale. Mejor eso que andar molestando".
Aquí tengo que hacer una pausa. No es que yo sea extremadamente inteligente. Es que, cualquier actividad diseñada para treinta personas, por su misma concepción es casi imposible que mantenga la implicación de todos, todo el tiempo. Va a haber huecos libres. En ocasiones, huecos grandes. En mi caso, que venía de un centro donde el nivel academico era muy alto, me estaban explicando cosa que yo ya había hecho. Así que, ¿por qué no aprovechar mi tiempo en algo productivo?
Lo que venía a decir es que, dado que el entorno de trabajo te obliga a mantener una serie de convenciones (si no tienes trabajo, buscatelo o aparenta que estás trabajando. Creo que en Bullshit Jobs le dedican un capítulo entero a esto y a los efectos psicologicos y sociales que tiene, porque no es ninguna tontería), tu capacidad de decisión y ejecución se vé muy limitada. Así que, por pura salud mental, optas por la pasividad. Te metes a leer cosas por internet o, cuando nadie mira, te pones una serie que puedas apagar en un momento. No haces planes. Y, salvo que tengas suerte y haya algún español por allí cerca, tienes conversaciones totalmente de ascensor o no hablas con nadie. Durante horas y horas, que se convierten en días.
Y de repente, se acaba. Y como llevas metido en esa dinámica unos días, sigues. Llegas a casa y te pones una serie. No tienes ganas ni energía de hacer nada, de planear nada. Vives en el momento, no entiendes que puedes planear cosas, ir a sitios, tomar decisiones. Sin darte cuenta, te has convertido en una planta.
Y reinicias. Y hoy empiezo a comentar con gente que podemos vernos, empiezo a ver minis que me gustaría pintar. Los últimos días, ya como quién no quiere la cosa, me asomo a lo que yo llamo "porno de muñequitos". No voy a jugar, pero me gusta ver partidas por internet, fantasear con que yo algún día juego. Ver ejercitos pintados, leer análisis de sistemas de juego... Al igual que el porno, está teñido de soledad y da un poco de tristeza, un poco de vergüenza y un poco de asco. En general, es bastante malsano.
Curiosamente, ser consciente de ello ayuda a enfrentarlo. Y las soluciones para el malestar "clasicas" (ejercicio físico, meditación, sol, alimentación fuerte) ayudan. Pero es una forma de subsistencia, ayuda a pasar el tiempo sumergido. Una vez se acaba, uno mira atrás y suspira. Uf. Conseguí sobrevivir otra semana. Pero no quiero vivir así. No quiero vivir sentado consumiendo contenidos audiovisuales, sin poner nada de mi parte, sin mover las manos, ni la cabeza, ni el cuerpo. No quiero engordar por pasar demasiado tiempo sentado, no quiero que mis articulaciones crujan por no moverme. No quiero que mi alma se estire como un chicle, buscando el suave regazo espiritual de que alguien, quien sea, me hable me valore me aprecie. No quiero sentir que soy un eslabón de la cadena. Como cantaba Iron Maiden, "not a prisoner, I am not a number, and my soul is my own".
Ha pasado. Semana quince. Decimo mes. Ya quedan menos. Vamos a intentar que duela lo menos posible y a seguir cuidandonos. Gracias a todos los que estáis ahí, los que me ayudáis y me queréis. Un abrazo enorme.

domingo, 15 de junio de 2025

El difícil equilibrio entre el orgullo y la amistad

Decía un psicologo que conozco a una amiga que: "A veces, tienes que elegir entre tener razón o tener pareja". Lo mismo se aplica con los amigos. A veces, uno tiene que saber cuando callarse y dejar de insistir con un tema, o cuando encogerse de hombros y decir "pues sí, claro, debe ser así". A veces, un padre tiene que dejar que su hijo se estrelle para que aprenda y, a veces, no tenemos ni puñetera idea de lo que estamos diciendo y lo mejor que podemos hacer es callarnos. Con lo que, como decía el refrán, si la palabra es plata, el silencio es oro.
Eso en cuanto a que decir y que no. Pero también en cuanto a que esperar. Hace años me hicieron dar una conferencia sobre la frase "la diferencia entre la amistad y el compañerismo es que la primera busca reciprocidad, y la segunda no". Es cierto. Uno actua como un compañero porque es lo correcto, guiado por la convención social que guia lo que un compañero debe ser, y el convencimiento personal que impulsa a uno a seguir dicha convención. A actuar correctamente, aunque nadie mire (volviendo a citar a los estoicos). En cambio, la amistad busca reciprocidad. Uno da para recibir, no en terminos lineales ni matemáticos, sino en terminos cuantitativos y emocionales. Por eso, algunas relaciones que vistas desde fuera podrían parecer abusivas, tienen una dinamica interna muy sana que hace felices a ambas partes. Bueno, sin exagerar. Que va a parecer que estoy yo aquí recomendando a la gente que se deje fustigar y tampoco es eso.
Uy. Acabo de dar en el clavo sin querer. (Je, que bien me ha salido). ¿Fustigarse? ¿Por qué?
Os voy a poner un ejemplo. Hace muchos años, cuando conocí a una persona, me molestaba que siempre era yo quién comenzaba el dialogo. Esa persona nunca me escribía, ni me llamaba, ni me proponía nada. Y hablandolo con Vicen, me dijo "a ver Ale, tu quieres quedar? Pues queda". Al fin y al cabo, era una dinámica interna de nuestra relación. Por lo que fuera, esa persona no se sentía comoda siendo la que arrancara. Bueno, pues arranco yo. No pasa nada. Claro que la percepción de maltrato, de ser siempre el que da y nunca el que recibe, es el origen de un desequilibrio que puede lastimar la relación. Y es importante entender, super importante, que nadie da lo que no tiene. Que, como me dijera Carabot en su momento, damos porque nos gusta dar. Y eso está bien y es una ventaja, hace que sea muy fácil y muy cómodo llevarse bien con gente como nosotros.
Pero abre la puerta al abuso. Al desequilibrio. La gente no valora lo que obtiene facilmente. Con lo que primero debemos cuestionarnos nuestra valía propia, recordarnos a nosotros mismos que somos importantes, que damos mucho al mundo. Y encontrar el equilibrio entre el ego y el amor propio, ese punto "sano", en el cual no nos creemos Cristiano Ronaldo, pero tampoco nos dejamos pisotear. El antiguo lema de Ira, "yo me merezco algo mejor". No porque sea increíble, sino porque quiero mejorar yo y, al igual que quiero mejorar yo, quiero que mi mundo, mi gente, mi entorno, mejore. Y en ese espacio de mejora es donde podemos disfrutar, crecer, sentirnos bien.
Yo me doy cuenta de que, a veces, me monto peliculas que no tienen que ver con la realidad. Nos pasa a muchisimos tíos, confundimos el cariño con el interes y el interes con otra cosa. Y no tiene nada que ver. La gente puede apreciarte mucho, valorarte de una forma intensa, sin comprometerse. Además, repito, cada uno da lo que tiene. Y hay gente que tiene muchos, muchos problemas personales y emocionales que le impiden comunicarse en tu idioma. Por así decirlo, es gente que vive con una vocal menos. Y claro, eso no lo percibe más que la gente que tiene una relación muy intensa, muy próxima y muy sensible con ellos. Además de que, a veces, tener una vocal menos es super atractivo, crea un acento fascinante, lo que sea.
Es importante entender los terminos en los que nos movemos. Y como digo siempre, tener muy claro nuestro dialogo interno para poder establecer un dialogo externo útil, bueno, que permita crecimiento. Vamos a mejorar el lenguaje. Vamos a ser felices.
Cuidaros mucho.

Traga y mastica

O como diría Ira, "no te quejes".
He vuelto a ver GTO, Great Teacher Onizuka, un anime de los 2000. Es una telenovela, claro. El protagonista siempre se sale con la suya y la historia siempre acaba bien. Hay enredos que se podrían evitar si la gente simplemente hablara. En general, es un estilo narrativo muy basico, que sirve como hilo conductor para tratar temas que me parecen super interesantes: el abuso, la soledad, la tristeza, el desarrollo de la identidad, la autoridad, el éxito. La serie me gusta y la recomiendo, por supuesto para gente que entienda que no está viendo una obra de arte de literatura universal (para eso yo recomendaría Evangelion o Elfen Lied). Por supuesto, solo para gente que le guste o, como mucho, no le repugne el anime. Pero me parece que, sin llegar al nivel de trauma y profundidad, es una de las inspiraciones de BoJack Horseman.
Uno de los temas que trata bastante es la cuestión de genero. Algo que en Japón, en esa época, debía ser tremendo. Imagino que todavía lo es, no sé mucho de la sociedad japonesa. El caso es que, constantemente, escuchas "sé un hombre", o "es lo que un hombre hace". Se muestra una figura de masculinidad estoica, heroica, sacrificada. Un concepto de hombre honorable, que hace lo que debe porque es lo que se espera de él. Una de las escenas que me han impactado, en ese sentido, es cuando al protagonista le hacen una encerrona y un amigo le dice ¨Sé quién es responsable de esto". Y él lo calla, muy serio, y le dice que no quiere chivatos alrededor.
Es inspirador. Es inspirador en una época en que todos tenemos agravios y sentimos la superioridad moral de ser victimas. Donde esa figura, la del indignado victimizado, se ha convertido en justificación para todo. Ayer escuchaba una entrevista a Schwarzenneger (a la edad que tiene sigue siendo una maquina. Buenísima su respuesta a si tiene una crisis de mediana edad: "he pasado de decir "I will be back" to "ow! My back!"), en la cual se negaba a apuntar que la gente "se queja mucho". Él decía que hay personas que todo les parece un sufrimiento y se quejan de todo, pero así no se consiguen cosas. Las cosas se consiguen cuando uno enfrenta una situación como si fuera un obstaculo, lo reconoce y planea como superarlo. Lo enfrenta.
Decía Pedro que, la queja que no se convierte en cambio, es un ritual. Hay rituales positivos (hago Duolingo cada día, aunque no creo que sirva para nada más allá de rascarme la frustración de no aprender), pero tenemos que entender lo que son. Si pensamos que un ritual va a producir magicamente un cambio, vamos camino de una decepción. El cambio surge de las acciones, de la evaluación de sus consecuencias y de las siguientes acciones. Es el ciclo de decisión: planeo, ejecuto, analizo, repito. Si no estamos dispuestos a hacer eso, entonces podemos quejarnos pero entendiendo que es simplemente una forma de mover aire.
Ayer pensaba en eso. Que estoy muy cansado, pero todo el mundo a mi alrededor está en una situación similar, o peor. Quizás algunos estén mejor, pero no son el público adecuado para ello. Además, cada uno tiene sus problemas y no necesita que yo venga a compartirle los míos. En el momento en que entiendo eso, dejo de pescar simpatía. Dejo de buscar que alguien me consuele, o me diga que todo va a salir bien, o me diga "pobrecito". Cierro la puerta a cubrir una necesidad interna (mi justificación de lo que hago ante mi mismo), a través de medios externos. Y me evito la frustración.
Así que, si tenéis un ratito, dadle una vuelta a vuestras quejas. Y preguntaros si lo estáis haciendo para aprender y crecer, para buscar soluciones o simplemente porque estáis enfocando la vida de forma reactiva y sois incapaces de avanzar hacía soluciones positivas. Si vuestra queja es un "¡socorro!", entonces quizás tenéis que preguntaros que os tiene tan mal y como arreglarlo. Pero de dentro hacia afuera y viceversa.
Cuidaros mucho. Un saludito.

Come tus vegetales

Estoy en una situación algo complicada. Bueno, llevo mucho tiempo en una situación bastante complicada, el cambio es que ahora soy consciente de ello. Tengo que hacer un montón de cosas, simplemente para no convertirme en una pelota de fango que es incapaz de salir de la cama y enfrentar el día. Lo curioso es que, en cierto sentido, esto ha estado ahí. Pero siempre ha habido algo que lo salvaba en el último momento, como si la cosa fuera realmente terrible pero... uy, a lo justo. Un nuevo amigo. Un concierto. Algo.
Además, también ayudaba el que el nivel de desafío era menor. Estaba pasandome el juego en nivel fácil. Como dijo Rali al conocer Cádiz, "ahora entiendo porqué tu eres tan relajado". Cuando los niveles de más abajo de la pirámide de Marslow son casi seguros, puedes agobiarte por los demás.
Lo curioso es que esto es como mi carrera educativa. He ido bajando la escala social, de empezar en una escuela casi privada (los cursos superiores), para gente de clase alta a acabar en un instituto público de delincuentes. Y esto es parecido. He pasado de "tengo una parte de mi armario dedicado a ropa de deporte y playa; he triunfado en la vida" a "mi prioridad de esta semana es intentar dormir ocho horas seguidas". Y ha sido poco a poco, pasito a pasito. Perdiendo actividades, perdiendo rutinas, perdiendo amigos...
Hasta que llegamos al momento actual. Junio de 2025. Cuando tengo que decidir si voy a cocinar algo para comer a medianoche, o me arriesgo a lo que haya en el comedor y, si no me convence, reforzar con picos y galletas. Donde calculo si poner una lavadora hoy o me hago un té. Donde tengo que hacer una lista para ver si, en las siguientes tres semanas, puedo comprarme un vaso mezclador para quizás ir al gimnasio.
Lo curioso es que la teoría de la rana hirviendo es cierta. Le quitas a alguien un poco ahora. Otro poco luego. Otro poco luego. Y cuando se da cuenta, ha perdido muchísimas cosas y lo va viendo como normal. Hasta que un día, como me ha pasado, te pasas seis semanas en tu ciudad, en tu casa y dices "un momento. Mi normalidad no es normal. Esto es normal." Como le dije a un compañero, trabajar de lunes a viernes, con fines de semana libres y sabiendo que puedo planear algo dentro de un mes, a mi me parecen vacaciones. Y todos Uds lo dais por hecho. Hay algo que no estoy haciendo bien.
Así que bueno. Asumiendo que la situación está complicada y que no va a mejorar, las opciones que se plantean pasan por minimizar daños, intentar soportarlo y escapar a la primera oportunidad. Alinear mi mundo hacia mis objetivos y hacer lo que pueda por sentirme bien. No pierdo la esperanza, existe una remota posibilidad de que las cosas mejoren y mi jefe está trabajando por ello. Pero ahora mismo, la prioridad es navegar. Así que, despertandome de mis cinco horas de sueño, sin haber descansado, me doy cuenta de que estoy triste, desmotivado, agrio. ¿Solución? Come. Cuando no duermes bastante, come. Pero no comas cualquier cosa. Lee e investiga. Porque, si bien en tu entorno sabes que comer, aquí la comida es otra trampa. En mi anterior entorno, ibas a la cantina del trabajo y la comida era buena. Estaba pensada para sostenerte; alguien había hecho un menú equilibrado y tu solo tenías que seguir los pasos.
Aquí, por el contrario, es salvese quien pueda. Con todo. Con la casa, con el coche, con el médico, con la comida. Todo está orientado para que, si no te mueves, te hundas. Así que hay que hacer el esfuerzo y comerte tus vegetales. Y tus huevos. Y tu leche. Porque los aportes de grasas saludables y proteinas no te los va a dar nadie si no te los das tu mismo. Y una vez los tienes en el cuerpo, una vez le has echado gasolina, todo es menos difícil. Se puede aguantar. Un día más, una semana más. Tachando del calendario.
Cuidate. Por dentro y por fuera. Cuida lo que comes, cuida lo que te ejercitas, cuida lo que lees, cuida con quién y como te relaciones. Porque ahora no estás solo disfrutando la comida; ahora estás garantizando tu supervivencia. Y así es como hay que enfrentarlo. Esto no es un paseo por el campo; es una marcha. Y poco a poco, quién sabe, quizás te endurezcas hasta que te duela menos.
Cuidaros mucho. Un abrazo.

viernes, 13 de junio de 2025

Comunicacion multimodal

Dado que ultimamente está de moda ponerle terminos elaborados a cualquier cosa, principalmente incrustando palabras inglesas, peguen o no, voy a meter un titulo siguiendo esa tendencia. En este caso, comunicación multimodal.
¿Qué significa este termino? En mi interpretación, es comunicarse en varios niveles, empleando diversos canales. Pero es un termino engañoso, porque realmente de lo que quiero hablar es de la capacidad de concentrar el mensaje y de entender, exactamente, que queremos decir. Estaba pensando en un amigo mío, coral negro, que sufre disonancia cognitiva. Hasta cierto punto disonancia existencial, que es algo que me he encontrado en alguna gente. Y eso genera muchísima frustración, porque obviamente la gente no reacciona como a ti te gustaría que reaccionara. ¿Por qué? Porque lo que están recibiendo no solo no se alinea con lo que tu estás emitiendo, sino es que ni siquiera tu sabes lo que estás emitiendo.
Me explico. Las dos capas de dialogo de las que siempre hablo, la interna y la externa, deberían estar alineadas. Citando precisamente a Coral Negro, cuando lo que decimos, lo que hacemos y lo que pensamos están en linea, somos felices. Correcto. Pero lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos viene del mismo origen; lo que somos. Es un ciclo. Yo pienso que quiero ir a correr, yo digo que voy a correr, yo corro. Me gusta correr. Correr es uno de los elementos de mi identidad.
Si trasladamos ese concepto a las relaciones personales, no basta con predicar con el ejemplo. Ese ejemplo tiene que estar alineado con quién somos. Y aquí viene la parte dificil; quién somos es un proceso. Es el punto intermedio entre quienes eramos y quienes queremos ser. ¿Me estoy explicando?
Por tanto, cuando intentamos establecer relaciones a través de la comunicación, tenemos que tener muy claro en primer lugar quienes somos y quien queremos ser. Y en segundo lugar, quienes son esas relaciones y que lugar queremos que ocupen en nuestra vida. La gente no es tonta y percibe lo que les transmitimos en muchísimos niveles. Si yo le digo a un amigo que es super importante para mi y que estoy deseando verlo, pero cuando me invita a su boda no puedo escaparme, entonces él está percibiendo una disonancia cognitiva. Hay que hacer un esfuerzo de atención, de tiempo, de cuidado de esa relación para que él entienda mis circunstancias. No puedo dar por hecho que, como yo tengo razón, la otra persona va a aceptarlo. No funciona así. La aceptación de las circunstancias del otro pasan por, en primer lugar, la asunción del desconocimiento de esas circunstancias. Muchos de nosotros "sabemos" como viven los demás, o creemos hacerlo. Y en segundo lugar, pasan por el proceso de dialogo y de comprensión de dicho dialogo. No basta con explicarlo, él tiene que querer y hacer el esfuerzo por entenderlo.
Eso pasa por todo. Por eso las relaciones de pareja son tan difíciles, porque en nuestra cabeza está todo clarisimo pero tenemos que entender que el otro no está en nuestra cabeza. Aunque, mediante muchísimos canales de comunicación, podamos transmitir información a tope.
Me voy al curro. Tened un dia genial, sed buenos o, si sois malos, que no os pillen.