domingo, 18 de noviembre de 2012

Heimweh


Quién me lo iba a decir. Yo, que durante tanto tiempo he presumido de ser una mochila pegada a un hombre, de repente siento nostalgia del hogar.
Pero un momento. ¿ Qué es el hogar ? El hogar para la gente como yo son los amigos. Esas personas con las que te sientes a gusto, querido. O ese paisaje que te hace soñar, te permite encontrarte a ti mismo, llena tu alma de suspiros. El hogar es una sensación.
Tengo entendido, si no es así que alguien me corrija, que entre los vikingos existía la tradición de soltar las armas al entrar en una casa. Porque fuera de allí, todo el mundo era una guerra constante. Pero dentro del hogar la hospitalidad era sagrada. Era algo común en otras culturas antiguas, por ejemplo la ofrenda del pan y la sal de los romanos. Yo tengo esa sensación. Que el mundo es un conflicto constante y que debo mantenerme en guardia, debo formarme y prepararme y mantener mis armas a mano. Pero que hay un lugar, un espacio, un tiempo, en el que puedo relajarme. Puedo dejarlo todo y ser yo mismo. Estar entre gente que me conoce y se preocupa por mi, gente a la que conozco y por la que me preocupo.
También echo de menos descubrir cosas y aprender. Dejarme sorprender, ser un niño que dice " ooohhh" y " aaahh ". Nuestra mente trabaja con conceptos y el concepto del hogar está asociado a un espacio físico, que no tiene porqué ser físico. Extraño la playa con el sol de invierno, el viento y la luz. Extraño el frío del coche por la mañana, los gruñidos al entrar y el ver salir el sol poco a poco.
Supongo que es lo que tiene la melancolía. Pero me gusta. Es una melancolía dulce hecha de palabras y silencios, de personas que te comprenden y personas que no, de abrazos en la distancia y de musica a oscuras en el salón. Echo de menos el hogar y celebro echarlo de menos, porque significa que lo amo. Gracías, gente. Gracías por recordarme la tristeza.

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