lunes, 26 de noviembre de 2012

Y este cuento se acabó


Ya os dije en cierta ocasión, en una encarnación anterior de este mi yo karmico que viaja por las eras, lo que pienso de las princesas y porqué yo soy una rana. Sin ir más lejos, el viernes pasado tuvo lugar el siguiente dialogo.
- Ay, ¿ a donde me vas con eso ?
- Perdona, compañera, pero yo no soy el niñito de nadie. A esa gente le podrás decir como vestirse, como pensar y como vivir. Pero yo, siento decirtelo, vivo como me da la gana.

Y así se acaba la historia. Fue bonito mientras fue posible. Yo soy un perro demasiado grande para la perrera de ella, y mis historias no caben allí. Decía Sandra la argentina que me quiero demasiado a mi mismo y a ninguna mujer le gusta un hombre que se quiera tanto, a ellas les gusta que las necesitemos. Ser mami. Me alegro.
¿ Y ella ? Ella es demasiado irreal para ser real. No se puede tomar en serio a alguien que se empeña en mostrarte solo su personaje sonriente, feliz y duro. Ella me quiso poner una correa y yo me quise asomar dentro de su alma, y ninguno de los dos estaba por permitirselo al otro. Así que bueno, como ultimas palabras de un cuento, no me parecen para nada malas.
Voy a emborracharme de palabras, voy a respirar agua y volar con mis escamas. Voy a clase de alemán, a aprender a pintar los mismos cuadros con otros colores. Voy a mirar al sur y soñar que recuerdo y a recordar que sueño, acunado en aish de una mariposa de coral a la que no sé si veré alguna vez, pero que es mi enfermedad favorita.

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