jueves, 29 de noviembre de 2012

Om mani


Hoy me pedía una compañera que le diera algo de mi tranquilidad. Curiosamente yo soy bastante nervioso, pero en circunstancias tensas lo oculto. Igual que oculto muchisimas cosas. Yo tiendo a dejarme de ir para las cosas banales, pero a atarme muy en corto para las cosas importantes. Disciplina. Es lo que tiene mi trozo de mente prusiana.
A esta chica se lo confesé, como le he confesado algunos otros defectos terribles que tengo. Podría parecer masoquista, pero me es muy fácil deshacerme en pedazos delante de ella. Parece admirarme y eso es más de lo que puedo soportar. En cambio mi admiración por ella es totalmente real. Es la única de mis compañeras a la que admiro como militar, como persona y como técnica.
Decían que cuando Dios cierra una puerta abre una ventana. Algo así me ha pasado. Precisamente motivado por esta chica he renunciado a un grupo social. Lo he intentado, de verdad, pero yo no puedo dejar de ser lo que yo soy. La adolescente dijo en cierta ocasión que la felicidad es ser consecuente y yo, como persona eminentemente feliz, no puedo evitar darle la razón.
Om mani padme hum. Ocho silabas que me tranquilizan. Un mantra budista. Últimamente lo he usado más de lo que me gustaría, porque he pasado ( y pasaré aún hasta Navidad ) bastante tensión. Odio esta epoca del año. Para mi la Navidad es la época de la frustración, de lo que tuve y no tengo, de lo que quiero tener y no puedo. De villancicos en alemán con mi hermano, de comidas en familia llenas de humor negro con mi abuelo. De un hogar calentito donde sentirme a gusto y querido. Y por eso y porque la odio, me paso la Navidad viajando, a lo más lejos que pueda, para perderme y encontrarme a mi mismo y descubrir cuanto he cambiado. Contar las nuevas arrugas, las nuevas cicatrices, el mismo brillo de siempre en los ojos azules de niño.
Me está yendo bien en la escuela. Curiosamente cuanto peor me va en mi vida personal mejor parece irme en la escuela. Pero es una cuestión de adaptación. Casi sin querer estoy haciendo lo que me recomendó Rabanal: no convertirme en un escribiente, sino ser mi propia versión del escribiente. Y me estoy gustando a mi mismo, a pesar de que lo hago enseñando los dientes más de lo que me gustaría.
Bueno. No se puede hacer una tortilla sin romper huevos, ¿ no ? En cambio me siento bien. Estoy contento. Pronto me acostumbraré al frío por fuera y al frío por dentro y me adaptaré al paisaje, como hago siempre. Pronto me embarcaré hacía otra aventura y hacía otra historia, a recopilar los recuerdos y las fotos de esta ultima, que son muy pocos, hacía los nuevos y multiples de la que vendrá.
Gracías, Vero la Buena. Es inspirador tenerla por ahí.

1 comentario: